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Archivos Mensuales: septiembre 2015

Muros

Como sabemos, los muros son construcciones de pared gruesa que limitan un perímetro. Los muros para separar habitaciones, despachos… los muros para separar aulas, barrios, hasta vallas y muros para separar un continente o un país, como lo fue el de Berlín. Básicamente es un elemento que separa y hace “desparecer” la parte contraria, aunque realmente la otra parte, o las otras diez mil partes siguen existiendo.

Cuando se levantan muros se pierde una parte de un todo. Digamos que es algo… antinatural. La naturaleza integra y está integrada en sí misma. Es un gran sistema de sistemas que interactúan y gracias a eso hay equilibrios. Lo bueno de los muros que construimos o nos construimos los humanos, es que se pueden derrumbar. Claro, sólo si somos conscientes de ellos.

Pero los peores, sin duda, son los invisibles. Son aquellos que nos inoculan desde que nacemos o durante el camino. Familiarmente, socialmente, en la escuela, en el trabajo… Los que nos creamos, nos dejamos crear y nos construimos en nuestra cabeza; en nuestros pensamientos que se hacen muro y fraguan en creencias. Son terribles y extensibles, gracias a esos muros mentales, creamos muros artificiales. Igual que los materiales, lo que hacen es separarnos de la realidad completa y de lo que podemos conseguir en base a esa oportunidad que es la realidad. Hacernos más herméticos en el peor de los sentidos. El hecho de no mirar la realidad, no significa que deje de existir.

Está comprobado que podemos conseguir lo que queramos, podemos ser lo que queramos, todo cabe, pero para ello es básico derribar nuestros muros que son las creencias. Solo son pensamientos enraizados y asentados en nuestra cabeza, que tomamos como verdaderos pero que realmente sólo habitan como verdad universal en nuestra cabeza. Pero nosotros no somos nuestros pensamientos. Nuestros pensamientos son solo manifestaciones de la acción del cerebro como un órgano más del sistema que somos. Funciona manera parecida a cuando contraemos un músculo para levantar un peso. Esto quiere decir que podemos elegir nuestros pensamientos. Podemos generar los pensamientos que queramos.

Cuando sumamos todas nuestras creencias, determinamos un paradigma; un escenario. Podemos hacerlo, para crecer y aportarnos o para hacer un cerco y ver solo el árbol y no todo el bosque. Cuando ese escenario está desdibujado de la realidad de oportunidades y de opciones, nuestra lógica de pensamiento está limitada por ese escenario que nosotros mismos nos creamos y luego nos creemos. Es decir, si en nuestro paradigma solo hay un árbol con un fruto arriba y no hemos sido capaces de dibujar una escalera, nuestra lógica de pensamiento nos impide coger la escalera para alcanzar el fruto. Nos lo impide porque no existe la escalera en nuestro paradigma. La clave está en el paradigma, en la manera de afrontar, interpretar y conocer la realidad.

Por eso ocurre ante mil situaciones en que la gente no sabe, pero peor, cree que no es posible revertir una situación, solucionar un problema o hacer una gestión conforme a lo que uno quiere. Ni siquiera digo que sea creativo. Solucionar algo que en otro momento, en otro lugar ya se ha dado de manera similar. Algo que ya existe. ¿Por qué?… porque si somos herméticos no podremos, ya no digo imaginar, sino ver algo que nos sirve. Algo que nos permite aprender, aunque sea casi copiando, pero aprender. Pero si te empeñas en el ‘no’, es imposible. No podemos tomar consciencia de lo que no somos sensibles a su existencia. No podemos ni verlo ni comprenderlo, por exceso de musgo en la sesera.

No pasar

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Publicado por en 1 septiembre, 2015 en Abstracto