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Archivos Mensuales: junio 2021

Carta de amor a Doña Rosita

Esta es la carta con la que participé en el concurso para la obra “7 mujeres lorquianas” que resulto ganadora y fui invitado a leerla en el teatro.

El recuerdo de tu olor fresco me remueve desde el momento que empiezo a escribir esta carta. Un olor tan embriagador como el romero en primavera. Cierro los ojos y me invade el pecho y luego el cuerpo entero y me sube hasta la cabeza. Ni siquiera la idea de cuarenta días de viaje me hacen sentir lejos de ti y de tu cuerpo. Suerte de las calles y suerte de las gentes del pueblo, que pueden verte cada mañana. Suerte de sus ojos. Y suerte de la luna que puede verte cada noche.

Aquí la vida transcurre a la espera: dura y lenta e incluso a veces me parece que también los pájaros te echan de menos tanto como yo, cuando vuelan sobre los campos. Demasiadas leguas de hacienda, pero no suficientes para dejar de pensarte en cada una de ellas. En días te busco y en días me parece escuchar tu voz entre el dolor y la resignación que este lugar causa en mí por tenerte lejos. Se que no te lo puedo pedir, ni lo haré, pero a veces te veo aquí. Mi cabeza te dibuja aquí paseando entre rosales y mariposas dónde tu voz que suena a canción se entremezcla con el cantar de los pájaros. Como el aire fino del atardecer que disuelve las penas y acaricia suave los rostros. Ligera y pura, igual que el agua que recorre cada rincón de la Alhambra en perfecta armonía arquitectónica. Me estremezco y me emborracho con estos pensamientos que se me clavan después como una espina cuando despierto de ellos. Pero aún así, me dejo llevar una y mil veces mientras me ahogo en un grito que no llega a salir del pecho. Es el anhelo y tu recuerdo lo que llena mis pulmones de aire y mi cabeza de paz. Una paz llena de luz en forma de cielo azul con un alivio a la sombra donde sentarnos. Es nuestro amor lo que me hace caminar cada mañana, de tan verdadero. Es nuestro amor una fortaleza que recorre mi cuerpo.

Cerca del arroyo están floreciendo las azucenas, duran apenas dos semanas. Pero merece la pena esperar todo un año para verlas: son hermosamente blancas y puras. Ojalá pudieras verlas, esta tierra aunque alejada de ti es tan rica… pero en cuanto pueda la dejaré para estar entre tus brazos de igual manera que las enredaderas que custodian las paredes de la casa. Prometo abrazarte hasta el alma. Solo te pido la misma paciencia que requiere la flor de la azucena porque aunque demore, cuando llega, eclipsa todo lo demás con su belleza. La nata de la chanfaina.

Quiero dar las gracias a Mónica Tello por poner tanta pasión y fuerza encima del escenario y crear esta obra y a todas las actrices del elenco que interpretan a las siete mujeres que aparecen. Por su manera de actuar, de bailar y de cantar, pero sobre todo por su manera de sentirlo y transmitirlo. Al igual que los músicos: guitarra y cantaor. Esa mezcla de teatro, poesía y flamenco es realmente increíble. La peculiaridad del café teatro hace que la obra transcurra con una intimidad y una cercanía que intensifica todo y permite conectar durante toda la sesión. Gracias Mónica por ese amor a la obra de García Lorca y por llevarla a los escenarios en todas las creaciones y adaptaciones que representáis. Es un amor compartido, sin duda. Como él mismo dijo, “La poesía no quiere adeptos, quiere amantes”. La suya está bien viva en cada biblioteca y en cada escenario que grita, llora y ríe. Gracias a todos de nuevo, por hacernos vibrar, musical y emocionalmente.

Referencias:

https://www.atrapalo.com/entradas/7-mujeres-lorquianas_e4858046/

http://monicatello.es

 
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Publicado por en 25 junio, 2021 en Amor, Canciones, Música

 

En defensa de la alegría

Le quedan dos días para estar llena pero luce increíble. Después de la ligera tormenta, las nubes se han apartado delicadamente para descubrir la luna. Aunque nada cambie aparentemente, después de que llueva, la atmósfera no es la misma. La luna sigue estando en su sitio, las montañas o edificios no se han movido y los pájaros siguen revoloteando de una manera muy similar. Así parece ser la vida a veces, la apariencia niega en ocasiones la realidad de lo profundo. La esencia está en las raíces, bien abajo. 

No vale cráneo cartesiano para entender la atmósfera, te tiene que calar en los huesos su vibración sutil y llena de verdad: no se entiende, se siente. Esa verdad etérea percibo dentro de mí ahora que miro la luna que aguanta el significado de los dos polos emocionales básicos: el amor y el miedo, novilunio y plenilunio. El amor es la luz de la vida, el amor como fuente de movimiento, crecimiento y creatividad arrolladora mas allá de lo vivo. El amor como algo que trasciende al paisanaje que alcanzan unos ojos. El miedo como estatua que nos separa y nos encierra en nuestras sienes y mata el color. Que nos niega.

Llueva mucho o poco, hay algo que al sentirlo duele menos la vida y tararea bajito centiloquios de armonía. Es la inteligencia llevada a la práctica de la vida y solo hay que mirar un poquito por las calles: hay gente haciendo el humor por cada rincón. Que tira piedras al estanque o que lanza botellas al mar en un acto de convicción para si y los demás. Quizá consciente de tanto que ha recibido de la vida y así lo agradecen. Por muy jodido que uno esté, saber que siempre tienes algo que darle a los demás te salva, porque la vida es juntos. Un cálido gesto que dibuja una sonrisa. Por eso el amor es y sucede ahí donde uno se ríe, se distiende y se libera. Donde no hay miedo de ningún tipo aparece la conexión autentica con los demás. Ahí esta el encuentro. Porque la risa igual que el amor, que abraza sin necesidad de tocar es exactamente lo contrario del miedo. Querer intelectualizar el amor es quitarle el verso a la vida y lo mineral a la tierra. Cuando dos personas se ríen juntas generan un vínculo prácticamente indestructible en un plano de categoría superior. Reírse de sí mismo es romper el hechizo que ejercen nuestros pensamientos: es un paso a la libertad. Uno más del eterno camino. Por eso el amor en todos sus ámbitos sólo germina si es en libertad.

“Si estamos lejos como un horizonte
Si allá quedaron árboles y cielo
Si cada noche es siempre alguna ausencia
Y cada despertar un desencuentro

Usted preguntará por qué cantamos

Cantamos porque el grito no es bastante
Y no es bastante el llanto ni la bronca
Cantamos porque creemos en la gente
Y porque venceremos la derrota

Cantamos porque llueve sobre el surco
Y somos militantes de la vida
Y porque no podemos ni queremos
Dejar que la canción se haga ceniza”

 
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Publicado por en 22 junio, 2021 en Abstracto, Amor, Canciones, Vivencias