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Archivo de la categoría: Reseñas

En Avila… cómo en casa

Este lunes estuve en Ávila. Tuvimos la suerte de un día de sol para visitar la ciudad mi madre y yo. Es un sitio especial para mí, no solo porque estudié un año allí sino porque me retrotrae a mi infancia bastante. Es además es una ciudad muy agradable para la vista, con sus murallas, iglesias, conventos y catedral, que transmite tranquilidad. Creo que es un privilegio pasear por sus calles. El asunto es que íbamos a comprar algo para mi cumpleaños que fue a principios de mes, pero realmente no tenía muy claro que quería.

Andamos pues, desde el parque del recreo por la avenida de Portugal y rodeando la muralla entramos por la puerta de Alcázar. Continuamos por dentro hasta el Mercado Chico y volvimos dirección a la Catedral. Al dejar el edificio para salir de la fortaleza, hacia la Plaza de Santa Teresa, lo hicimos dejándola de costado por una de mis callejuelas favoritas. Perfecta para emboscadas o retos de honor a capa y espada en su día. Lugar estratégico donde aprovechar la cercanía de la catedral para acogerse a sagrado. Justo ahí se encuentra un bar con un patio interior perfecto para comer o tomar un vino, sobre todo en las noches de verano. Calle Cruz Vieja, para más seña.

En todo este recorrido, vimos tiendas pero nada me llamaba la atención especialmente. Así que continuamos andando por la pequeña calle de San Millán, que desemboca en una de las puertas del que fue mi colegio por un año: El Diocesano. Época donde mi ateísmo se consolidó. Justo en esa calle nos escapábamos a comprar las gominolas y demás, que comíamos de crío.

Se sucedieron más recuerdos en mi cabeza. Recordé cuando íbamos con mis padres, sobretodo a principio de cada curso, a comprarnos la ropa de deporte para ese año. Chándal, zapatillas… lo que nos hiciera falta. A unos metros de la puerta del dioce, en Deportes Sánchez. Recuerdo perfectamente los dependientes y la tienda. Entonces me di cuenta que necesitaba unas zapatillas para correr y al decírselo a mi madre, decidimos caminar unos metras hasta la allí.

Me alegraba la idea ya que hacía mucho tiempo que no íbamos. Continuamos y al doblar la esquina, sorprendido, vi la enorme cristalera de la tienda pero esta vez llena de muebles. Que rabia… le dije a mi madre que no sabía que habían cerrado. Ella me dijo que no, que solamente habían cambiado de local y estaba unos pocos metros más arriba en la acera de enfrente. Efectivamente era así. Era un poco más pequeña, pero ahí estaba.

Desde fuera observé que uno de los dependientes, el más joven, seguía allí trabajando. Atento a la puerta y a la gente que entraba para atenderla, con una mirada atenta y amable. Al pasar dentro me sonrió y le hable a cerca de mi regalo. Me aconsejó sobre las zapatillas, igual que lo hacía hace años con mis padres. La verdad que da gusto cuando te atienden y te aconsejan bien. Una vez elegidas, mientras las envolvía y me comentaba que me podía hacer un descuento, me dijo que nos conocía y se acordaba de nosotros. La verdad que me hizo mucha ilusión. Para mi es fácil recordarle, pero el habría tenido muchísimos clientes en tantos años… Cómo diría Manquiña… profesional, muy profesional.

Continuamos hablando de temas más banales y finalmente nos despedimos con un apretón de manos y una sonrisa. Al alejarnos de la tienda me daba cuenta de lo que realmente se pierde con los tristes y enormes centros comerciales. Que te conozcan y reconozcan, que te aconsejen o el hecho de conocer la persona de la tienda es mucho más cercano y mejor. Tiene su puntito el tener una conversación agradable con un conocido mientras compras. Además la pasta se la queda él y sus socios, cosa que me alegra. No van a una multinacional que mal paga a sus empleados, que encima les obliga a sonreír aunque tengan dos mil clientes al día los cuales además no han visto y seguramente no vuelvan a ver. Así que con esa buena sensación nos cogimos el coche para volver al pueblo. No sin antes parar a tomar un pincho en Rivilla, como mandan las buenas costumbres.

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Publicado por en 23 marzo, 2017 en Reseñas, Vivencias

 

Pensando Sociologicamente

Éste es un trabajo que hice hace unas semanas para Sociología. Una reseña sobre “Pensando Sociologicamente”, una buena reflexión sobre porque tener conocimientos y estudiar sociología es tan bueno. En mi próxima vida estudiare sociología.

COMENTARIO PREFACIO DE “PENSADO SOCIOLOGICAMENTE” de Zygmunt Bauman y Tim May.

Para entender la sociología, hay que fijarnos a que responde y como lo hace. Sabemos que es la práctica para aproximarse al estudio de la sociedad y las relaciones sociales y que se nutre de otras disciplinas… Historia, Antropología, Ciencias Políticas, Psicología, Economía, Filosofía… por nombrar algunas. Dicho esto, no hay una división natural del mundo humano que se refleje en diferentes disciplinas académicas. Es decir, hay una división del trabajo entre los estudiosos que examinan las acciones humanas. Cada disciplina, en ésta separación, determina los terrenos a explorar.

Esto nos lleva a que pensar sociológicamente es una manera de entender el mundo humano que también abre la posibilidad de pensar acerca de ese mundo de diferentes maneras. Es decir una apertura de visión y enfrentar diferentes paradigmas en uno sólo.

Podemos observar y adquirir ciertos aprendizajes individuales, si interiorizamos el conocimiento que la sociología nos aporta en cuanto a nuestras creencias y cómo las gestionamos.

Habitualmente, aceptamos que hay buena voluntad detrás de los acontecimientos para los que estamos bien predispuestos y malas intenciones detrás de aquellos que nos desagradan. En general, se encuentra difícil aceptar que una situación no es efecto de acciones intencionadas de una determinada persona.

La sociología se alza en oposición a la singularidad de las visiones del mundo para hablar en nombre de un estado de cosas general. Alzar la mirada. Por eso pensar sociológicamente da sentido a la condición humana mediante un análisis de las múltiples redes de interdependencia humana. La sociología nos debe nutrir en el sentido de comprensión de todos los actores y panoramas sucediendo entremezclados.

En las ocasiones que algo se repite las suficientes veces, las cosas tienden a volverse familiares y por ende como algo auto explicativo: no presenta problemas ni despierta curiosidades. No reflexionamos sobre ello. Incluso el fatalismo, desempeña un papel en la creencia de que uno puede hacer poco por cambiar las condiciones.

Cuando se examina o se pone en tela de juicio a través de la curiosidad, aquello que se da por sentado observamos algo curioso. Tiene efecto de potenciar las cómodas certidumbres de la vida planteando preguntas que nadie ya recuerda haberlas planteado. Incluso los que tiene intereses creados toman a mal que se las planteen. Estas preguntas pueden convertir lo evidente en un rompecabezas y pueden volver extraño lo familiar; destrucción o duda de una creencia y lo que ello puede suponer.

Otros pueden sentirse humillados e incluso resentidos, ya que había un orgullo y un conocimiento (creencia), que queda devaluado en virtud de querer poner a lo familiar una lógica e intentar evaluarlo.

Pero mirándolo desde cierta distancia, la desfamiliarización puede tener beneficios claros. Puede abrir nuevas y antes insospechadas posibilidades de autoconciencia, libertad y control. Esto es porque la sociología nos ayuda a reexaminar nuestra experiencia y el mundo en el que participamos. Nos empodera también frente a poderes fácticos.

Así uno puede estar menos sujeto a la manipulación y más fuerte frente a la opresión y el control, incluso de sus propias creencias adquiridas durante su vida. Estos individuos se vuelven más eficaces como actores sociales ya que su visión entre las conexiones de sus acciones y las condiciones sociales son más potentes y por tanto mejor orientados al cambio y la transformación. Tienen el deber de plantearse las cosas y la valentía de plantearlas socialmente. Los que plantean el desequilibrio para que se realice el aprendizaje y se produzcan los reequilibrios. Es una actualización de la lógica.

Se defiende al individuo y no el individualismo. Algo que resulta más eficaz para todos; mejor gestión. Pensar sociológicamente, tiene el potencial de promover la solidaridad y la libertad como causa común.

Finalmente, como respuesta (de nuevo), a qué nos aporta, para resumir, podemos decir que la sociología nos aporta a través del conocimiento a estar en otro plano superior (en cuanto a creencias y conocimientos), en la comprensión individual y por tanto en la acción colectiva o con la sociedad. Por ello debería ser algo estudiado y tomado con gran importancia porque nos hace mejores como sociedad e individuo.

icoletiva

 
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Publicado por en 18 febrero, 2016 en Reseñas