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Archivo de la categoría: Amor

Carta de amor a Doña Rosita

Esta es la carta con la que participé en el concurso para la obra “7 mujeres lorquianas” que resulto ganadora y fui invitado a leerla en el teatro.

El recuerdo de tu olor fresco me remueve desde el momento que empiezo a escribir esta carta. Un olor tan embriagador como el romero en primavera. Cierro los ojos y me invade el pecho y luego el cuerpo entero y me sube hasta la cabeza. Ni siquiera la idea de cuarenta días de viaje me hacen sentir lejos de ti y de tu cuerpo. Suerte de las calles y suerte de las gentes del pueblo, que pueden verte cada mañana. Suerte de sus ojos. Y suerte de la luna que puede verte cada noche.

Aquí la vida transcurre a la espera: dura y lenta e incluso a veces me parece que también los pájaros te echan de menos tanto como yo, cuando vuelan sobre los campos. Demasiadas leguas de hacienda, pero no suficientes para dejar de pensarte en cada una de ellas. En días te busco y en días me parece escuchar tu voz entre el dolor y la resignación que este lugar causa en mí por tenerte lejos. Se que no te lo puedo pedir, ni lo haré, pero a veces te veo aquí. Mi cabeza te dibuja aquí paseando entre rosales y mariposas dónde tu voz que suena a canción se entremezcla con el cantar de los pájaros. Como el aire fino del atardecer que disuelve las penas y acaricia suave los rostros. Ligera y pura, igual que el agua que recorre cada rincón de la Alhambra en perfecta armonía arquitectónica. Me estremezco y me emborracho con estos pensamientos que se me clavan después como una espina cuando despierto de ellos. Pero aún así, me dejo llevar una y mil veces mientras me ahogo en un grito que no llega a salir del pecho. Es el anhelo y tu recuerdo lo que llena mis pulmones de aire y mi cabeza de paz. Una paz llena de luz en forma de cielo azul con un alivio a la sombra donde sentarnos. Es nuestro amor lo que me hace caminar cada mañana, de tan verdadero. Es nuestro amor una fortaleza que recorre mi cuerpo.

Cerca del arroyo están floreciendo las azucenas, duran apenas dos semanas. Pero merece la pena esperar todo un año para verlas: son hermosamente blancas y puras. Ojalá pudieras verlas, esta tierra aunque alejada de ti es tan rica… pero en cuanto pueda la dejaré para estar entre tus brazos de igual manera que las enredaderas que custodian las paredes de la casa. Prometo abrazarte hasta el alma. Solo te pido la misma paciencia que requiere la flor de la azucena porque aunque demore, cuando llega, eclipsa todo lo demás con su belleza. La nata de la chanfaina.

Quiero dar las gracias a Mónica Tello por poner tanta pasión y fuerza encima del escenario y crear esta obra y a todas las actrices del elenco que interpretan a las siete mujeres que aparecen. Por su manera de actuar, de bailar y de cantar, pero sobre todo por su manera de sentirlo y transmitirlo. Al igual que los músicos: guitarra y cantaor. Esa mezcla de teatro, poesía y flamenco es realmente increíble. La peculiaridad del café teatro hace que la obra transcurra con una intimidad y una cercanía que intensifica todo y permite conectar durante toda la sesión. Gracias Mónica por ese amor a la obra de García Lorca y por llevarla a los escenarios en todas las creaciones y adaptaciones que representáis. Es un amor compartido, sin duda. Como él mismo dijo, “La poesía no quiere adeptos, quiere amantes”. La suya está bien viva en cada biblioteca y en cada escenario que grita, llora y ríe. Gracias a todos de nuevo, por hacernos vibrar, musical y emocionalmente.

Referencias:

https://www.atrapalo.com/entradas/7-mujeres-lorquianas_e4858046/

http://monicatello.es

 
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Publicado por en 25 junio, 2021 en Amor, Canciones, Música

 

En defensa de la alegría

Le quedan dos días para estar llena pero luce increíble. Después de la ligera tormenta, las nubes se han apartado delicadamente para descubrir la luna. Aunque nada cambie aparentemente, después de que llueva, la atmósfera no es la misma. La luna sigue estando en su sitio, las montañas o edificios no se han movido y los pájaros siguen revoloteando de una manera muy similar. Así parece ser la vida a veces, la apariencia niega en ocasiones la realidad de lo profundo. La esencia está en las raíces, bien abajo. 

No vale cráneo cartesiano para entender la atmósfera, te tiene que calar en los huesos su vibración sutil y llena de verdad: no se entiende, se siente. Esa verdad etérea percibo dentro de mí ahora que miro la luna que aguanta el significado de los dos polos emocionales básicos: el amor y el miedo, novilunio y plenilunio. El amor es la luz de la vida, el amor como fuente de movimiento, crecimiento y creatividad arrolladora mas allá de lo vivo. El amor como algo que trasciende al paisanaje que alcanzan unos ojos. El miedo como estatua que nos separa y nos encierra en nuestras sienes y mata el color. Que nos niega.

Llueva mucho o poco, hay algo que al sentirlo duele menos la vida y tararea bajito centiloquios de armonía. Es la inteligencia llevada a la práctica de la vida y solo hay que mirar un poquito por las calles: hay gente haciendo el humor por cada rincón. Que tira piedras al estanque o que lanza botellas al mar en un acto de convicción para si y los demás. Quizá consciente de tanto que ha recibido de la vida y así lo agradecen. Por muy jodido que uno esté, saber que siempre tienes algo que darle a los demás te salva, porque la vida es juntos. Un cálido gesto que dibuja una sonrisa. Por eso el amor es y sucede ahí donde uno se ríe, se distiende y se libera. Donde no hay miedo de ningún tipo aparece la conexión autentica con los demás. Ahí esta el encuentro. Porque la risa igual que el amor, que abraza sin necesidad de tocar es exactamente lo contrario del miedo. Querer intelectualizar el amor es quitarle el verso a la vida y lo mineral a la tierra. Cuando dos personas se ríen juntas generan un vínculo prácticamente indestructible en un plano de categoría superior. Reírse de sí mismo es romper el hechizo que ejercen nuestros pensamientos: es un paso a la libertad. Uno más del eterno camino. Por eso el amor en todos sus ámbitos sólo germina si es en libertad.

“Si estamos lejos como un horizonte
Si allá quedaron árboles y cielo
Si cada noche es siempre alguna ausencia
Y cada despertar un desencuentro

Usted preguntará por qué cantamos

Cantamos porque el grito no es bastante
Y no es bastante el llanto ni la bronca
Cantamos porque creemos en la gente
Y porque venceremos la derrota

Cantamos porque llueve sobre el surco
Y somos militantes de la vida
Y porque no podemos ni queremos
Dejar que la canción se haga ceniza”

 
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Publicado por en 22 junio, 2021 en Abstracto, Amor, Canciones, Vivencias

 

La honestidad y el mar

Iba paseando por la playa, mirando la inmensidad del mar y despidiendo el día. Así me vino a la cabeza el final del poema de Invictus: “Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”. Con esa voz casi ronca y el tono pausado de Morgan Freeman de la película de Mandela.

Alcanzar ese punto de autoconsciencia requiere franquear eventos fuertes en la vida. Superar cosas feas de verdad. Circunstancias que te obligan a hablar y enfrentar a la persona que llevamos adentro sin escapar ni tapar un poquito. A entender nuestros pensamientos, sentir todo y ahondar en ese ser complejo que somos, desde la curiosidad. Creo que se trata de un ejercicio de honestidad con uno mismo siendo condición de posibilidad para llegar a la humildad.

Por otro lado, la escalada de técnica, médica y de confort alcanzados en este último siglo ha sido notable y ha contribuido a que vivamos mejor materialmente y duremos más años. El ser humano ha creado este mundo de manera prodigiosa pero la misma ecuación ha traído de la mano debilidad, estupidez y desvirtuación. Vaciando el respeto a nuestra propia naturaleza y alzándonos como dioses y prostituyendo palabras como libertad o amor. Otro ejemplo que se me ocurre es la idea de considerarse únicamente individualista dada nuestra esencia humana. Me parece de sujetos poco observadores de su persona y de las que les rodean. No estamos fabricados para eso; la ciencia y la evolución así lo demuestran. No el sistema imperante, que de manera cada vez menos subliminal nos indica lo contrario y nos va despojando de conceptos colectivos. Afortunadamente la vida y la naturaleza siempre imponen sus reglas y nos dan lecciones de humildad. Lecciones que a mi a veces me hacen falta.

Esto no implica que le podamos dar un cierto rumbo y contenido determinado a nuestra vida, siendo elegida conscientemente por nosotros. Quizá bajar al infierno y volver a subir a la tierra es necesario para emprender este viaje de comprensión profunda. Madiba estuvo casi treinta años en la cárcel. Parece que le dio tiempo a pensar y a entender las claves de la propia libertad frente a todos los eventos indeseables que la vida le fue poniendo. Ahí está el margen de dignidad, no está en otro lugar. La libertad parece estar en el cultivo de lo de dentro.

Parece razonable ganarse ese margen desde la soledad y la reflexión profunda, de manera sosegada. Sin recorrer ese camino, uno difícilmente estará en disposición de otorgar a los demás limpiamente esa honestidad. Elegir con autonomía y de manera consciente las personas, valores y conceptos que pueblan la vida de uno y cómo relacionarse con ellos. Desde la ternura hacia uno mismo sin quitar un gramo de realidad. Sin añadir un gramo de sobreactuación ni soberbia. Desde el equilibrio y la virtud, que ya manejaron los griegos, dónde el centro de la vida era el hombre. En un diálogo constante con nuestras fortalezas y debilidades. Mirando los caminos posibles pero también la finitudes.

Por eso, cuando paseaba por la playa, pensaba que posiblemente para ser deshonesto con alguien, no hace falta mentirle o engañarle con otra persona. El hecho de permanecer en contacto y próximo a alguien sin hacerlo desde la propia autonomía y honestidad ya nos posiciona de manera indecorosa. Ya sean parejas, amigos o familiares. Y lo que das a los demás te lo acabas dando a ti mismo. ¿O quizá suceda al revés? Quién sabe.

Pienso que también es deshonesto querer ver, saber y poseer todo, incluida la verdad. Es etero e imposible. Intentarlo es una jodida desventura. Así que espero que quede claro que esto es simplemente mi opinión y aún convencido de lo que escribo, estaré seguramente equivocado en algunas cosas. 

Pero en cualquier caso, sentir y pisar despacio la arena de la playa y ver el sol ponerse en silencio me ayuda a ser honesto. Porque la naturaleza, que es nuestra casa y de la cual formamos parte desde el principio de los tiempos, nos pone en escucha directa con nosotros mismos. No se trata de desconectar, la palabra es conectar.

Fuerteventura, Mayo de 2021.

 
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Publicado por en 11 mayo, 2021 en Amor, Viaje, Vivencias

 

Viajar por los lugares más bonitos

¡Chaf! Adrían abrió la lata de cerveza mientras su amigo disfrutaba ya del primer sorbo. Como ellos decían, era el sonido de la felicidad. Enfrente, el sol se hundía en la medianía de dos laderas provocando un chorro de luz que recorría el valle de abajo a arriba. Estaban sentados en el suelo, observando en silencio.

— ¿Cuántas veces hemos estado aquí tomando cerveza? No me canso nunca de venir. ¿A ti te pasa lo mismo? Tú que viajas tanto por todos sitios…

— Bueno, llevo un tiempo sin viajar, igual que tú. Igual que todos — Sonreían y casi reían mientras cruzaban miradas de complicidad.

— Debes haber visto puestas de sol espectaculares… Venga dame envidia. 

— He visto puestas de sol y sitios de la ostia. Sería falsa humildad decir lo contrario. He tenido mucha suerte en poder viajar tanto. Y te digo una cosa, aún así, nunca me canso de este paisaje de nuestra tierra. Sobre todo si es con una cerveza y contigo tío.

— ¿Qué pasa, te me vas a declarar a estas alturas de la película o que? Mira que estoy muy sensible… No me quieras engañar sólo para un rato.

Empezaron a reír los dos mientras el sol seguía bajando y el chorro de luz apuntaba cada vez más arriba. El día se iba apagando. Después de un rato, las risas se fueron también apagando y volvió el silencio, acompañado de la solemnidad que acompaña el crepúsculo. 

— La verdad — Ya en tono reflexivo Es que he conocido lugares increíbles, que te dejan literalmente sin palabras. He viajado mucho… sitios que merece la pena ver al menos una vez en la vida. Pero después de años haciéndolo, te das cuenta de que lo más bonito de viajar son las personas. Eso es lo más bonito de la vida. Las personas con las que tienes el privilegio de cruzarte y compartes… Con las que compartes un lugar increíble pero también una cerveza en un bar humilde. Es ahí también donde está el viaje y el paisaje. Y eso sí está al alcance de todos. Los mejores lugares, los más bonitos… la mayor parte de las veces son las personas. Me encanta viajar y supongo que seguiré haciéndolo con la calma que los años me ponen encima. ¡Pero te lo juro tío! A veces nos volvemos locos en coger trenes y aviones para borrar sitios de una especie de lista…, y no nos damos cuenta de lo que tenemos en la puta cara.

 
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Publicado por en 17 marzo, 2021 en Amor, Narrativo, Viaje

 

Ángela Molina, Goya de honor 2021

Solo porque he recibido tanto de la vida encuentro esta noche el valor para dirigirme a todos vosotros. Necesito valor. Quiero dar gracias a Dios por todo. Por el amor, que es la mejor manera que conozco de dar las gracias por todo. Un amor que no distingue lo sagrado de lo vivo. Cuando os hablo de mis padres me invade una ola de amor, que me late el corazón y me devuelve la vida. Quiero dar las gracias a mi padre por mi madre, y gracias padre por mi madre. Este Goya es vuestro con todo mi honor.Y este Goya igualmente es de toda mi familia adorada y ellos saben que son mi corazón. Esta noche, gracias a la generosidad de la academia, recibo el Goya de Honor del año 2021.

Lo recibo llena de agradecimiento, con alegría y serenidad si cabe. Alegría porque sois vosotros mis compañeros y compañeras de profesión los que os habéis acordado de mi. Alegría porque el rodaje ha sido muy hermoso. Increíble de tan verdadero. Improvisando puentes que ninguna pandemia pueda arrebatarnos. Lo recibo igualmente con serenidad con la paz que otorga comprender que solo será mío si lo es de todas y cada una de las personas con las que he trabajado. Los seres humanos de todos los oficios del cine que me han acompañado y a veces sostenido. El cine, nuestro cine, de nuestro alma, ha marcado el calendario de mi vida. Ha sido un horizonte y camino. Un viaje hacia el ser humano, hecho por humanos. Se nos van las obras hablando de nuestro trabajo.

Necesitamos compartir nuestro entusiasmo para saber que es verdadero. Comunicar con alguien, para que nos fascine lo que comunicamos. Pero sobre todo, necesitamos sentir que nos necesitamos. Hace ya algún tiempo, mucho para los calendarios y ninguno para el corazón, mi padre cantó en este teatro donde ahora me acompaña. No imaginaba él aquel día que un día su hija recibiría en este mismo escenario lo que para él era el alma de su arte, el cariño del público. Que sea Málaga, la ciudad de mi padre, la tierra de mi padre, mi paraíso. El lugar que la vida escoge para que vosotros me mostréis mi fidelidad a vosotros y vuestra fidelidad a mi, me hace sospechar que el azar es cómplice del amor.

Y bueno, yo si supiera os hablaría de la luz de mi España entera. Os hablaría de su aire fino que disuelve las penas, pero siempre os estaría hablando de su gente. Gente generosa a la que le urge darse para saberse vivo. Gente noble, buena, leal, amiga en las horas más difíciles que necesita vivir para querer. Que necesita querer para vivir. Quiero darle las gracias al cine por haberme llevado con él y por enseñarme de todas las cosas un milagro. Quizá tal vez la vida se parezca al cine, no se disfruta sin los demás. Gracias.

 

 
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Publicado por en 8 marzo, 2021 en Amor, Reseñas

 

No Love

El bar estaba lleno hasta la bandera. Un tropel de mujeres que estaban de despedida lo había acabado de abarrotar. Adrián salió a tomar el aire. No estaba tan borracho como la mayoría de la gente que había dentro y sentía demasiado agobio. En la calle en el mes de mayo se está muy bien, pensaba mientras se apoyaba en la pared del bar y miraba a la gente y respiraba tranquilo el aire fresco. Todavía estaban entrando chicas de la despedida al bar.

Con un falo no pequeño en la cabeza, concretamente en su gorro, salió la novia sola a fumar. Una pausa para separarse de todas las mujeres que ya estaban adentro, eso parecía requerir. Se acercó a Adrián y le ofreció un cigarrillo que el rechazo mientras se preguntaba la razón de ponerse pollas en la cabeza. Le parecía incluso obsceno. 

– ¿Qué tal? ¿Cómo va la despedida?

– Bien… – Respondió entre dientes mientras encendía el cigarro.

– Sois muchas… ¡Habéis llenado el bar!

Se conocían del barrio y Adrián había trabajado alguna vez con el chaval que se iba a casar con ella.

– Si, es una despedida de mucha gente…

– Oye no sabía que te casabas con el Gallego. ¡Enhorabuena!

– Si… Eso parece. – Dijo con un puto entre desdén e indiferencia.

– ¡Qué bien! ¡Me alegro mucho!

Después de las palabras de Adrián hubo un silencio incómodo. Ella dio una calada profunda y larga a su cigarro y expulsó el humo despacio.

– Me voy a casar, pero no estoy enamorada. – Sin pestañear. 

De nuevo el silencio. Adrián no sabía cómo mejorar el mutismo y siguió unos segundos más callado. Se había quedado perplejo ante esas palabras. Ella ni siquiera lo pronunció en tono melancólico, más bien, en un tono que sonaba a rutina. Parecía tener bastante claro lo que estaba diciendo. Aún así no podía dejar de mirar el gorro-polla que llevaba en la cabeza. Ahora le resultaba aún más sórdido.

– Pero… ¿Por qué te casas?

– Bueno, es así. La gente se casa, es lo que hay que hacer en la vida. – Respuesta automática, casi recitada de memoria. 

– Ya, pero… Si no estás enamorada, es fácil que no salga bien ¿No? – Hablaba Adrían reflexivo, casi para sí mismo.

– Bueno… Si tiene que acabar, pues acabará. – Seguía hablando de la misma manera. Tranquila y con todo aquello bien asumido.

De repente salieron dos chicas a buscar a la novia para que entrase al bar. Dos minutos más tarde, Adrián estaba caminando calle abajo dirección a su casa con una sensación extraña. Que dos reyes se casaran para mantener un imperio hace siglos, es un argumento de peso. Incluso que lo hagan familias de gente rica… por según qué intereses, podría tener cierto sentido. Es algo vacío, pero tiene explicación. Pero… ¿Dos pringaos? ¡Qué personas más tristes! Todo eso pensaba mientras llegaba al portal de su casa. De repente vino a su cabeza una imagen. Esos pobres animalitos, que ellos mismos se dirigen de manera ordenada y sumisa al matadero, convencidos de lo que están haciendo.

 
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Publicado por en 25 enero, 2021 en Amor, Narrativo, Vivencias

 

Lisa y llanamente

Lisa y llanamente los hombres se enamoran de las mujeres y las mujeres se enamoran de los hombres. El mundo está hecho así. Eso pasa en cualquier circunstancia, si lo intelectualiamos demasiado perdemos la poesía de la vida. En la inseguridad creo que en los hombres se les multiplica más la necesidad del amor. Tal vez por una instintiva razón de seguridad. Es una manera de querer la vida. Yo soy un viejo y me contemplo en los años potros que se fueron. Y bueno, la compañera es mi refugio de las tensiones y viceversa. A caso no será siempre el amor un refugio.”

José Alberto Mujica Cordano en, El Pepe, una vida suprema.

 
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Publicado por en 7 febrero, 2020 en Abstracto, Amor

 

Merlí y los peripatéticos

¡Me llamo Merlí y quiero que os empalméis con la filosofía!. Así se presenta el nuevo profesor de filosofía a su clase y así comienza la serie que le debe su nombre. Los peripatéticos, es decir, sus alumnos, toman el apelativo de la corriente filosófica de Aristóteles. Esta es sólo una de las muchas menciones a diferentes filósofos que podremos disfrutar. Sólo por esto, hoy en día merece la pena ver la serie, pero es una pequeña parte del montón de elementos que la adornan.

Transcurre en Instituto Àngel Guimerà, en la ciudad condal. Merlí se incorpora para dar clase a bachillerato y desde el principio con su estilo de ver la vida y de dar clase se apodera de la atención de sus alumnos. Su amor por la enseñanza y por plantear abiertamente las cuestiones pero sobre todo provocar a sus alumnos le hace especial. Esa provocación inteligentemente dirigida que les conduce a lugares de reflexión a veces de manera gamberra y contestataria muy interesantes. Es capaz, de manera gradual, de inculcar ese espíritu crítico, ese grito de “amor a la sabiduría” que es la definición etimológica de la Filosofía. Cuando la serie va avanzando ya en su segunda y tercera temporada su evolución personal y como maestro cambia. En ocasiones su cercana relación con los alumnos no siempre corre a su favor. Esto es un ejemplo de que la serie no es plana o naif y se ve envuelta en contradicciones que debe manejar. Contradicciones tan reales como la vida misma que de una u otra manera logra solventar ya que al enseñar, uno aprende, una de las máximas de la educación. Se agradece esa humanización de Merí a lo largo de la serie, dando no sólo inteligencia sino dignidad al personaje.

Para mi también es una gran serie porque toca los temas centrales de la vida, acompañándolos siempre por un autor o corriente filosófica a veces de manera contrapuesta y muy bien tratados. Por el Guimerà se deslizaran asuntos como la depresión, el suicidio, la homosexualidad, el consumo de drogas y alcohol, el sexo, la privacidad en redes sociales, la transexualidad, el bullying, los embarazos, la amistad adolescente, conflictos entre los chicos, fiestas desenfrenadas, la política, injusticias sociales, amor, desamor… incluso la muerte. Tema este último muy bien llevado. Algo que me parece importante y pedagógico. La misma serie hace denuncia sobre el tabú que a veces representa en nuestra sociedad y el error que yo creo que eso implica.

Conseguir que los chicos se empalmen con la asignatura, pasa por presentar las corrientes con problemas del día a día. Es decir, ir de lo concreto a lo abstracto, algo que todo profesor debería hacer. Es la manera por la cual Merí capta la atención y convierte filosofía en una herramienta de vida. Una herramienta útil para los alumnos. Esta es otra de las principales razones por la que merece la pena verla, porque despierta ganas de leer y aprender filosofía. Es capaz de transmitir la idea general de los pensamientos filosóficos más relevantes acompañados de humor. Así, no sólo hace valorar la importancia de la asignatura, a veces y desafortunadamente denostada en el sistema educativo o social, sino que alienta al espectador a plantearse cuestiones filosóficas. Las referencias y corrientes son muchas, desde Platón hasta Judith Butler, ya se pueden imaginar el amplio espectro. 

Sus personajes, alumnos, profesores, padres… tienen personalidad propia y están construidos con profundidad. Los hay de todo tipo, como la vida misma, reflejando una evolución interesante, a nivel personal y profesional así como su dinámica entre todos ellos que forman el microcosmos de Merlí. No hay personajes malos al cien por cien y excelsos al cien por cien. Esa escala de grises que los configura va cambiando y a veces es difícil cogerles el punto, algo que para mi da calidad a la serie: no utilizar o hacerlo poco los personajes tópicos o superficiales llevándolos al extremo.

Me encantan las críticas al sistema educativo, político y social, casi diría que es una serie contestataria y revolucionaria en ese sentido ya que lo hace de manera directa y fresca. No intenta decirte que tienes que pensar o inducir a un lugar determinado, más bien trata de hacerte pensar y repensar todo desde diferentes ángulos. Esta frase textual en una de las clase es un buen ejemplo: “El sistema educativo os quiere a todos aquí, presos, en el aula, para que mañana podáis ser productivos. Algunos tendréis la suerte de trabajar en algo que os agrade, pero la mayoría solamente contara los días que le quedan para irse de vacaciones”.

Por otro lado a uno no se le escapa el sentimiento de nostalgia que despierta pensar en aquellos años de instituto, de adolescencia, de descubrimientos: de primavera eterna. Esos amores y desamores que con tanta pasión se dan entre los chicos. La serie muestra también el amor en las diferentes etapas de la vida. Nos deja ver el significado del mismo en los diferentes momentos de las vidas de los personajes y su manera de encararlo. El amor propio, el calor familiar y la amistad que para mí representan diferentes formas de amar y la serie así nos lo enseña. El amor, como decía arriba por la enseñanza también está presente durante toda la serie. Como la implicada y digna labor de un buen profesor puede inferir en la vida de algunos chicos y chicas. Dignifica la labor de esos maestros de buen corazón que intentan preparar y hacer mejor a sus alumnos y para mi representa una especie de homenaje merecido a todos ellos.

Por último me ha gustado y no quería pasar por alto un tema: me parece muy higiénica la manera de tratar uno de los elementos centrales de la vida: la muerte. No solo por la explicación filosófica del asunto, sino por cómo aparece la misma durante la trama y lo bien tratada que está. En uno caso de manera inesperada y en el otro de manera gradual donde los personajes pueden hacer un cierre digno a ese episodio de la vida y aprender sobre ello.

Por todo esto y mucho más merece la pena ver una de las mejores series sobre educación y filosofía que, al menos yo, he visto. Engancha y es muy divertida. Acabarás amando a personajes como la Calduch: la anciana madre de Merlí recitando poesía, a Pol Rubio o al mismísimo Eugeni. Pero sobre todo harás algo que se resume en una frase: “Aprender, transformar y divertirte”.

 
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Publicado por en 12 enero, 2020 en Amor, Narrativo, Reseñas

 

Nos miramos

Quedan apenas unos minutos para que empiece a anochecer en el Parque del Cerro. A mi alrededor, grupos de amigos y parejas. El susurro de la gente suena agradable. Una guitarra en la lejanía me acaricia los oídos. Pocas veces vengo solo a este lugar. Fijo mi vista en la distancia y el sol empieza a ocultarse detrás del mosaico de edificios. Al verlo, acabo de recordar otra puesta de sol. Eso me hace dejar Madrid por un momento…

Cuba no es cualquier lugar, ni sus gentes, allí todo es un poco más. El sol se iba en Playa Ancón en nuestra última noche juntos en la isla. Nosotros no queríamos que se fuera. La tarde antes de que anocheciera tomamos helado, jugamos a que aquellos días no se iban a terminar nunca y probablemente nos enamoramos. Días eléctricos, sin miedo y sin dormir. Entonces no pensábamos en ello sin que eso quitarse verso a nuestra historia. Lo de pensar, lo hacíamos en lenguas distintas. Su inglés no era malo y el mío apenas era inglés.

Aquel viejo bar en Playa Larga, cinco días antes de nuestra última puesta de sol, nos hizo encontrarnos por casualidad una noche, solamente por unas horas, antes de que yo me marchase de allí. Entre medias nuestra, en la barra, un libro traductor del veterano camarero nos ayudaba. Luego nos ayudó la música y el ron. Al día siguiente me fui a Trinidad, ella vendría después. 

Y llegó, claro. Recuerdo su sonrisa limpia, su piel clara y sus ojos verdes. También su pelo rubio y ondulado hacia todos lados, que a veces me rozaba la piel. Recuerdo el efecto embriagador que Cuba tenía en nosotros y nos recuerdo a nosotros. Fuimos todo lo libres que quisimos, llenos de presente mientras nuestra melodía sonaba inocente y en clave exploradora. La isla nos lo puso  fácil. 

Sin mayor expectativa que vivir intensamente igual que lo hacen los críos, caminamos al ritmo de nuestros acordes por cada lugar, “subiendo y bajando”. Bailando. Nuestras pieles se querían y nuestros cuerpos se hablaban. Las manos se entrelazaban, como nuestras figuras, y parecían encajar como un puzle, cuando nos abrazábamos. Nosotros nos besamos mucho para no contradecir la manera en que los dos cuerpos se reconocían. Así pasaron los días hasta que ella se marchó.

Cuba no podía ser el final, pensamos. Demasiado fuego dentro nos empujaba. Demasiado como para negarnos el volver a mirarnos como nos miramos nuestra última noche en aquella isla con forma de caimán en el mar del Caribe. Después de aquello queríamos y podiamos abrevar demasiado. Cambiamos el sol cubano por la nieve de Praga primero y después la de Kiev. Mi inglés mejoraba por momentos y no corría el invierno por nosotros. Después Madrid nos dio la bienvenida a la primavera…

Y de repente se ha terminado, ya es de noche en el Parque del Cerro. Creo que voy a abrir los ojos, no sé en qué momento los cerré. Puedo recordar su olor fresco y su sonrisa sabor a vida y ahora la siento cerca, como si estuviera sentada conmigo mirando las luces de los edificios. Qué bonito es Madrid en la noche desde este parque, nuestro último lugar juntos.

Es posible que después de Cuba nunca nos mirásemos igual. Mirarse como nos miramos aquella noche en Playa Ancón, fue algo tan hermosamente auténtico que únicamente sucede cuando Cuba y ciertas almas destinadas a ello se alinean.

 
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Publicado por en 5 julio, 2019 en Amor, Narrativo

 

No era ella

¡Vaya susto! Ya estaba casi sudando. Vista desde atrás es igual, tiene el mismo cuerpo y lleva el pelo casi idéntico. Cómo me gustaba, supongo que no habrá cambiado demasiado desde hace dos años. Estúpida discusión, que ni siquiera fue discusión. Aunque hubo más de un día así: estúpido. Casi nunca sabía qué decir, parecía que estaba vacía, como si nada la importase. Menos mal que no es ella porque no se cómo reaccionaría si me viera sentarme a su lado en el autobús. Seguramente tardaría en procesarlo y lanzaría alguna patada verbal para ganar tiempo y espacio, algo para defenderse. Hasta lo más banal la venía grande. A todos nos puede pasar, pero luego uno debe digerir las cosas, ¿si no qué? Puede que haya pecado en exceso al sobreanalizar, pero no se puede evitar. O quizá sea yo el que no lo pueda evitar. En cualquier caso, era difícil hablar nada con algo de claridad, sin caer en lugares comunes y nadeces. Ni siquiera logramos una mínima intersubjetividad y aún así me decía ‘No es necesario hablarlo todo’. Nuestros conceptos eran tan distintos… ¿Cómo se puede entender la palabra amor únicamente aplicada a estar con alguien? Sus territorios eran simples y pobres. Tristes. Así era su mirada también. Hubo unos días en los que eso cambió. Su gesto y sus ojos dibujaban esperanza, pero duró poco. El miedo la llamaba y ella se aliaba demasiado a menudo con él. Yo no tenía la culpa de su pasado, ni de querer ayudarla. Aunque siendo honesto es prepotente y paternalista querer ayudar a nadie y menos sin que te lo pidan. No logro escapar de mi propia estupidez en algunas ocasiones. No sé ni que siento, me hubiera gustado que fuese ella la que va sentada en el autobús. ¿Cómo se niega la gente lo que está por venir? Qué curioso, quieren vivir si vivir. Sería injusto para los que intentan jugar a vivir de verdad y pagar la cuenta que eso acarrea. Además, si uno anticipa tanto, es imposible hacer nada. Todo está predeterminado… El amor se inventó para eso, es la fuerza que puede arrastrarte para superar y crear todo lo que uno sea capaz de imaginar. Pero ese no es mi asunto ya. Nunca lo fue, aunque me cansara de intentarlo. Y en el fondo yo lo sabía pero no quería mirar. Es muy difícil ponerle punto final a algo así. Nuestras cabezas y nuestros mundos en frecuencias opuestas, nuestros cuerpos exactamente en el mismo dial, en el mismo punto, se entendían solos. Esa droga que nos dábamos o que se daban nuestros cuerpos era demasiado buena. Imposible de ignorar. ¿Qué se podía esperar? Una efímera esperanza que se desvanecía y se renovaba cada día. Tan fugaz que no alcanzaba más allá de la duración de nuestros incondicionales e íntimos momentos cuando se obviaba todo lo demás. El solo recuerdo me sofocaba, menos mal que no era ella. 

 

 
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Publicado por en 25 abril, 2019 en Abstracto, Amor, Narrativo