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¿Cómo empezó esto?

Estaba allí sentado. Eran casi la hora de comer y no tenía hambre ni ganas de nada. De lejos, en apariencia era una persona más, incluso iba bien vestido. Sentado entorno a una mesa de Coca-Cola que utilizan los bares para poner sus terrazas con un grupo de gente. Desde donde estaban sentados los demás, en la misma mesa, las apariencias, en esta ocasión, engañaban.

Tenía el jersey lleno de lamparones, la camisa por fuera y un pantalón vaquero que parecía curtido y oscuro sobre todo en la parte más baja por las copas y cervezas de toda la noche anterior. Barba de algún día de más y la mirada perdida y descolocada. Si alguien no lo conociera, podría suponer fácilmente que se trata de un sábado más largo de lo normal. Pero no, no era eso. No solamente.

Cuando abría la boca para hablar se podían descubrir más cosas. Especialmente dos. Que aún los efectos del alcohol y las drogas lo tenían atrapado, pero no sólo de esa noche. Es como, aunque suene extraño, tuviera experiencia en estar así. La otra era la boca descuidada y destrozada. Quizá la  boca mejor que un Yonki tirado de la calle, pero no mucho mejor. Era difícil e impactante ver una persona tan joven que apenas llegaría a los treintaicinco con los dientes así.

Su discurso terciaba entre lo bien que se lo pasaba, como si hubiera nacido para eso e intentar hacer gracias para los demás parroquianos que estaban frescos y despiertos. Cuando se sentó en la mesa con ellos, vino sin compañía. Seguramente de otro bar… ¿de dónde sino? Al ver a sus amigos de toda la vida se sentó en la misma mesa. Aún con ese estado tan degradado, tenía ciertas habilidades para hacerse querer y ademas no era ninguna mala persona ni tampoco peligrosa.

El primer rato fue divertido. El hacia el payaso y los demás se reían con él o de él. Eso no estaba claro, aunque parecía que en mayor medida, era con él. Después, los demás, se fueron callando y dejando de hacerle caso. Las payasadas eran repetidas y no hacían tanta gracia. Al fin y al cabo era lo mismo de siempre. Entonces volvieron a su conversación dominical entre ellos.

Al principio intentó y siguió hasta que se dio cuenta que ya nadie le miraba ya ni le hacía caso. En ese momento llego el camarero y uno de ellos levanto la mano para pedir otra ronda. Dos, cuatro, cinco… ¿Y tú que quieres? Si una cerveza también. Habían pedido también para él. Un minuto más tarde el camarero abrió con destreza un puñado de cervezas bien frías y dejo encima de la mesa varios cuencos con patatas revolconas. Una era para él, claro. Y los demás, que en durante ese momento parecían tutelarle, le animaban, más que a tomar cerveza a que comiera. Incluso uno de ellos le pregunto si quería más, podía pedirle más comida. Dando las gracias negó ofrecimiento.

Poco tiempo después, todos lo volvían a ignorar ya, como si no estuviera en la mesa para centrarse en sus conversaciones. El lleva un rato casi sin hablar. Qué curioso, pensó, estaba rodeado de gente que conocía, igual que durante la noche anterior, pero se sentía solo. Es como si para los demás no estuviera. Solo y cansado, cada vez se le cerraban más los ojos. Se sentía sucio, en la boda y por todo el cuerpo. De repente no encontraba la diversión en nada. Como cuando se va la luz en una noche de invierno. Pum.

En ese momento sitio y pensó… ¿Cómo empezó esto? Como había degenerado tanto algo que era divertido. Si él era el rey, el puto amo. El más respetado, el que más bebía, el que más ligaba… el que más todo. Y ahora qué. No sabría decir en que momento paso de ser algo divertido y a querer hacerlo a ser algo que hacía casi porque el cuerpo le pedía para estar bien. Mejor dicho, para no estar mal.

De repente pasó un niño corriendo al lado de su mesa y se puso a jugar cerca suyo. El se quedo mirándolo. De repente el niño lo miro. Cruzaron varias miradas. Un miedo le cubrió su cuerpo y le costaba trabajo pensar. Le costaba trabajo la vida. Es como si estuviera rendido. Pero ya en ese momento, sólo quería dormir. Dormir mil años con el solitario deseo de que el tiempo pasara, o quizá volviera hacía atrás.

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Publicado por en 24 noviembre, 2017 en Abstracto, Narrativo

 

¿Nos gusta la basura?

A juzgar por lo que se ve, puede parecer lógico pensar, que nos gusta la basura. Ejemplo son los vídeos chabacanos de internet o las fotos poco agradables que circulan por todas las redes, la comida rápida, las relaciones sociales a través de una pantalla, la tele basura… Incluso la aceptación del trabajo basura. Buena parte de lo peor lo representan los shows de televisión, por llamarlo de alguna manera. El contenido es el nulo contenido en los cerebros de los participantes. Sirva también de ejemplo los vídeos como “Caranchoa”.

No veo la tele a menudo, y estos programas no los veo nunca, pero hace unos días, encendí la tele y ahí estaba. Normalmente me precipito sobre el mando para cambiar de canal. Pero esta vez no, me senté a verlo durante cinco minutos. Para poder saber exactamente de qué hablo.

Después de estar un rato las ganas de vomitar me llegaron y apage la tele de nuevo. No digo que hubiera mayor o menor contenido, directamente no había contenido. Era una sinrazón de argumentos, donde unos a otros se faltan al respeto sin educación. Además parece que, cuanta menos educación, mejor. Claro, la estética, como dice aquella canción, “silicona y abdominales”, más marcada imposible. No entiendo cómo alguien puede sentarse a ver esto. No lo pillo. Pero sucede. Ahí están las audiencias.

Pasa lo mismo con la comida rápida, con la retórica facilona, con la música machista y sin calidad musical o con las relaciones artificiales. Ya sean porque tienen su existencia a través de aparatos electrónicos o porque se establecen por finalidades de interés, dinero o cualquier otro móvil.

Afirmaciones como “la ópera es insoportable”, “no entiendo para qué leer” o “que coñazo el teatro”.  Realmente, si no te enseñan a escuchar ópera, seguramente la escuches y te parezca una basura y prefieres escuchar Reggaetón. En los años 60, los obreros al salir de la Fábrica de la Fiat acudían a las plazas para escuchar ópera. Verdi era popular. En nuestro siglo de oro español, cuando la gente veía a Calderón o Lope les faltaba tiempo para cuadrarse. Eran conocidos y reconocidos socialmente.

Realmente me niego a pensar que nos guste la basura. Aunque lo consumamos, porque una televisión basura pertenece, a una sociedad basura, a unos políticos basura etc… Pero me niego a pensar que nos guste verdaderamente. Más bien es un asunto de educación. De hacer pedagogía de las cosas con calidad y fondo.

Cuando se nos oferta solamente basura, o en una proporción muy grande, podemos caer en esa dinámica. Pensar que eso es lo que debemos consumir. Y peor, que es lo que nos gusta o nos debe gustar. A todos los niveles, cultural, social, alimentario… Y es mentira. La mala comida no te aporta los nutrientes necesario y te hace obeso, igual que la mala cultura te entorpece el entendimiento y por lo contrario te aleja de la emancipación. De una vida más sabia. No es que te deje equidistante, es que te aleja.

Se trata de no ir a lo fácil ni a lo inmediato. No basta sólo con entretenerse. Finalmente estas son las palabras; facilón y rápido.. De plantearse en qué gastar mis horas y como. Basado en un diálogo constante con nosotros mismos y nuestras afinidades. Intentar dar un porque mayor a lo que sea hace. Es decir, que trascienda del momento puntual.

Una distracción rápida y sencilla de hacer, la cual no tenemos que trabajar de alguna manera puede frenar esa idea o sensación inevitable de que tarde o temprano nos vamos a morir, pero no aporta un poso sólido que nos permita esa belleza vital. Ese sentido que trasciende a seguir la rueda social sin parar a mirarnos. En cambio, si lo hacen la literatura, el pensamiento, el aprendizaje de un instrumento músical, la conciencia de vida y la de solidaridad, disfrutar de la naturaleza y con ella, una conversación profunda con otros o con uno mismo…

“Vive como si fueras a morir mañana, pero estudia como si fueras a vivir eternamente”. Isidoro de Sevilla.

playa-ancon

 
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Publicado por en 19 enero, 2017 en Abstracto, Amor, Vivencias

 

Cuba libre, Gracias

No es fácil escribir ni ordenar todo lo que me pasa por la cabeza de estas tres semanas espectaculares recorriendo la isla de Cuba. Creo que un buen comienzo sería diciendo gracias. Gracias por vuestros valores. Por ser, como ellos dicen (cosa que yo también pienso), nuestros hermanos. Porque realmente nos quieren. Ciertamente te sientes muy poco “Yuma” cuando estás por allí, te sientas a hablar con ellos, a comer, tomar una cerveza o dormir unas noches en su casa. No solo compartimos lengua, sino pasado y cultura. El castellano es nuestra patria común. Por supuesto no solo en Cuba, sino en toda Latinoamérica. Una patria común de quinientos millones de hispanohablantes.

Cada ciudad y pueblo del país con sus museos, en especial la Habana, permite viajar en el tiempo desde el siglo XV hasta hoy. Entender que fue España y que mereció la pena, con lo bueno y lo malo que allí llevamos. También entender porque son y porque somos, los españoles, como somos. Desde la época colonial, hasta el día de hoy, pasando por supuesto por la revolución que pese a todo vertebra gran parte de la identidad del país. Como mola ver en persona la estación de radio rebelde utilizado por el Che en el museo de la revolución. Las cosas están cambiando despacio, pero el pasado no se puede cambiar, creo. No estoy convencido de esto último, porque allí leí “1984” de Orwell. Y si, es posible que Colón tuviera razón, cuando llegó por primera vez ese 28 de Octubre a la isla: “La tierra más hermosa que ojos humanos hubieran visto”.

La Habana te deja, especialmente con sus antiguos coches americanos, trasladarte unos cuantos años atrás, algo más de medio siglo. Es la ciudad que lo tiene todo sin tener nada. Es pasear horas y horas por sus calles, sin más destino que perderse, tú y la ciudad, para que, en el momento menos pensado, te vuelvas a encontrar. Te vuelvas a encontrar contigo, con la habana y con una solidaria condición humana que conquista tu sonrisa. Cualquier cosa puede suceder, cualquier cosa puede existir, si estás listo para descubrirlo. Pocos lugares son tan contradictorios. Incluso… casi tan contradictorios como nosotros mismos. Un final del día mirando al Malecón desde la Fortaleza de San Marcos bebiendo Guarapo recién exprimido con un poco de ron es un regalo a los sentidos.

El lugar más alejado de mi casa donde me hospedado es Viñales. Unos 7.500 km. Quizá uno mis lugares favoritos de la isla. Un sitio con una naturaleza riquísima, rodeado de pozas y cuevas envueltas por los “mogotes” que rodean el valle. Perfecto para la bici y para hacer algo de escalada. Es curioso. Estando tan lejos, me he sentido tan bien como en mi casa, siendo parte de la familia. Eso es mejor que todo el valle entero. Solo se puede pagar con el mismo cariño y respeto hacia ellos. Gracias por acogerme, por cuidarme y hacer mi estancia allí aún mejor. El calor familiar es algo grande, no solo en Viñales.

También gracias por algo tan maravilloso que he podido hacer tantas veces. Hablar con la gente relajadamente, con espacio y tiempo, entre personas que quieren compartir, conocer y contarte. Esas conversaciones tan enriquecedoras con la gente local… Conversaciones que surgen en cualquier lugar y se demoran horas. Es un privilegio enorme haber podido compartir vida y opiniones con gente tan distinta en edades, pensamientos y modos de vida. Es aprender y entender de primera mano, sin que nadie te lo cuente. También con otros viajeros, sobre todo los que viajan de verdad, para vivirlo, no solo para verlo. Los que viajan para vivirse. Gracias por todas y cada una de esas conversaciones y momentos. Ya sean en español, en inglés (prometo mejorar), en italiano (prometo contestar una palabra en italiano) o en la lengua favorita de los guías turísticos cubanos: “Espanghis”.

Por la calma de Bahía de Cochinos y sus playas transparentes llenas de corales y peces, perfectas para hacer kilómetros en bici en busca de otro rincón más para hacer snorkel hasta que el sol se vaya. Por la primera derrota americana allí. Por los zumos de fruta bomba. Por los reencuentros y los nuevos encuentros allí y que se irían sucediendo en los diferentes destinos. Por aumentar, una vez más, mi gama de grises, algo que ocurre cada vez que uno viaja, con los ojos despiertos, el cerebro abierto y unos libros entre las manos. Eso hace entender mejor la vida y el lugar del mundo en el que vive. Por las horas de lectura, ¡Que placer tener tiempo para leer y para escribir!. ¡Que placer tener tiempo para vivir!.

También porque recordarme que esperar colas (Banco, CADECA o hasta en los baños), puede llegar a ser algo terapéutico. Aunque al principio no lo sientas. Es recordar algo que todos sabemos pero olvidamos cada día: que la vida está aquí y ahora, sin prisas. Con el que tenemos al lado, ayudando y sirviéndote de su ayuda. Como dice un buen conocido; la vida está en los ojos del otro, en la piel del otro. Esa es la conexión real y auténtica. El tacto y su placer, como dicen los chikos del maíz. Sentir la vida transcurrir tranquilamente, no hace falta mucho más.

Relajarse en la incertidumbre. Suena bien. En Cuba todo es posible, pero nunca sabrás cuándo ni cómo será. Como ellos dicen, “no es fácil”. En un país tan seguro como este, no existe la certeza tampoco. Aprender a vivir con ello es convivir con nuestra naturaleza. No es un lugar para ir con prisas y eso es de agradecer.

Por permitirme viajar por los lugares más oscuros de mí y también los más amables. Por no dejarme huir. Por dejarme descubrirme. Por enfrentarme a mí mismo y permitirme pensar mi mundo y mi vida. Hacerlo desde la perspectiva real y tranquila que me permita ser feliz. Repensar tu vida y replantearte todo. Una buena respuesta; ¿Porque no? Increíble.

Por elegir cada momento para mí y disfrutarlo como si no existiera otra cosa en el mundo en ese instante. Saborear la vida como algo finito, pero sin agobios. Por dejarme llevar por otros también, decidido antes por mí, para descubrir otros caminos. Así es cuando todo es posible, hasta enamorarte en cada momento de la vida sintiéndolo por tu cuerpo y tu cabeza. Por la necesidad de reinventarse en cada momento como hacen los autóctonos. Vivir es un reinventarse diario. Por levantarte y pensar en el día como una aventura que tú vas a crear y cabe todo. Por sentirlo tanto, tanto como el aire fresco acariciándote la piel en las noches trinitarias. Ahí cambia el mundo, porque tu estas cambiándolo para ti. Joder, como mola.

Por dejarme descubrir que cuando vives, sobre todo con intensidad, entiendes que no hay tantos héroes omnipotentes y que los mitos, solo están existen en la mitología. A relativizar y a sospechar lo estúpido que es endiosar o odiar nada por muy desconocido o valorado que sea. Es mejor el respeto y la comprensión.

Por el sentimiento de volver a la única y verdadera patria: la infancia. Hacer y sentir cosas que te transportan al pasado debería ser algo obligatorio en nuestras vidas. Por sentir que valgo lo que valgo por como soy, por quien soy, sin importar nada lo que tengo. Porque yo ya lo sabía, pero en Cuba es más fácil sentirlo.

Por la luna llena de Trinidad que conecta personas. Por su puesta de sol desde la playa, algo espectacularmente bonito. Por poder tocar en el proyecto de banda callejera con la vida más corta de Trinidad. Por bailar el “Baby Girl” dentro de una cueva llena de ron. Por la cerveza bucanero y por la cristal, los mojitos, los cubalibres y la canchánchara. Porque la comida sabe a comida y la fruta sabe a fruta. Por esa naturaleza virgen que haga que media isla sea patrimonio. Que nunca lleguen allí los ladrillazos por favor. Por las risas y las sonrisas. Por como transcurre la vida allí.

Por ser un único país del continente Americano con cero niños durmiendo en la calle y sin desnutrición infantil. Por la sanidad y la educación, impensable antes. Todo esto tras un bloqueo de mas de medio siglo. Con luces y sombras. Es dignidad.

Por ser así, y porque los cambios sean progresivos. Al ritmo cubano. Como mucha gente quiere allí. No perder la identidad es importante. Sin identidad no somos nada. Por ser el verano del invierno.

Por todo esto y mil cosas más Gracias. Nos volveremos a ver. Hasta la victoria, siempre.

valleviñales

 
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Publicado por en 29 noviembre, 2016 en Abstracto, Amor, Historia, Vivencias

 

Reverteando II. La mujer como ser superior

Pequeña parte de la conversación “La literatura como aventura”. sobre la mujer, entre Arturo Pérez-Reverte y Maira, en la Universidad de Puerto Rico.

literaturaventura

A. – Una de las cosas que he descubierto, y eso no fue en la guerra, fue en la vida, es que la mujer es un ser superior. Esto no es un alago fácil, puedo razonarlo.Tú tienes una cuna, con dos niños gemelos de seis meses; el niño y la niña al lado. El niño es un pedazo de carne con ojos. La niña le haces un gesto y ya te está mirando, te agarra la mano, ya te está mandando mensajes… hay una información genética que está en la mujer desde hace mucho tiempo. Esto ya lo hemos hablado alguna vez.

Son muchos siglos de estar callada, de silencios, de ser botín del vencedor, de que a tu hijo se lo lleven a la guerra, de que el marido se vaya al futbol o a la guerra o tal. De estar ahí callada junto al fuego, cosiendo, cocinando, mirando… Entonces eso ha generado esa especie de lucidez, una capacidad de observación, de penetración, de inteligencia potententísima en la mujer, de la que el hombre por su misma dinámica de cazador, de guerrero, de futbolero, de borracho en la esquina, de putero… ha diluido en otras cosas. Esa energía la mujer la concentró en educarse a sí misma en cuanto a mirada en su aspecto interior. Con lo cual, por simple evolución genética el hombre sigue siendo igual de estúpido que hace veinte siglos o treinta, pero la mujer ha generado una inteligencia que ya es genética. Hasta las tontas, y hay mujeres muy tontas, la tienen sin saber que la tienen.

Yo me di cuenta de eso cuando mi hija Carlota de siete años un día discutiendo me dijo: “Pero papá”. Con un desprecio… con una superioridad moral. Yo me la quede mirando y pensé, pero si ésta pingaja, no la han engañado, no la han mentido, no sabe que es el sexo, no sabe que son los hombres… y ya sabe que somos despreciables. Y me puse a pensar por qué. Las mujeres, los recuerdos… y descubrí eso. Que mi hija vino ya a la vida con una lucidez genética que el niño tiene que hacerse. Mientras que ella tiene la mitad del camino hecho.

Con eso decidí hacer una novela donde una mujer fuera la protagonista. Y que La Reina del Sur iba a ser la historia, y ahí apliqué todas estas teorías. Esa especie de sabiduría y también soledad, de amargura y de lucidez. Porque hay una cosa que está clara y es muy interesante también. Hasta la mujer aparentemente más feliz del mundo, que tiene hijos, que tiene un matrimonio feliz, tiene rincones de soledad personal, de lucidez intima que no llena con nada. Que sólo son de ella. Rincones oscuros de ella. Silenciosos.

El hombre lo mejor que puede hacer ahí es acercarse con buena voluntad e intentar… la espalda silenciosa. Que levante la mano aquí el barón que no haya estado junto a una espalda silenciosa. ¿Qué ha pasado? Nada. ¿Qué ha ocurrido? Nada. ¿Qué he hecho? No, Nada. Y estás todo el rato dando vueltas… Qué fue, que hice, qué no hice. Se dió cuenta… ese cabello rubio en la solapa, ¿lo vió? ¿Qué fue? Y pasan años y años. Y un día te dice, oye gilipollas ¿te acuerdas aquel día? Pues pum pum pum.

M. – Me alegra mucho que la hayas escrito porque es una mujer que no es una sierva del amor. Es una mujer que comienza con una gran violencia fundacional que la hace despertarse a un mundo y tiene que hacer, como muchas de nosotras, toda una serie de negociaciones con el poder.

A. – Has tocado un punto muy interesante. Es que hay un punto débil de la mujer y por eso es tan fascinante la mujer como personaje. En mis novelas siempre salen esas mujeres y cada vez me interesan más. Por eso la mujer es tan justificable cuando es tan cruel, tan dura cuando es dura. Por eso la mujer es tan amarga. Pero al mismo tiempo ocurre que la mujer es prisionera de su útero también. Y de su corazón. Hay un vínculo útero, corazón muy importante que en el hombre no existe. El hombre para eso, es como para todo, sota caballo y rey. Mucho más elemental. En la mujer hay unas complejidades. La mujer más lucida del mundo, puede de pronto puede encoñarse y perder la capacidad de autodefensa y entregarse de una forma absolutamente suicida a un tipo habitualmente indigno de ella. Porque la conexión útero, cabeza y corazón la ha cortocircuitado. Es muy interesante ver como mujeres muy poderosas intelectualmente se ven en situaciones así. Y eso tu podrías…

M. – Tiene que ver con la vulnerabilidad. Hay un mito y hay una búsqueda del hombre con la invulnerabilidad, con lo que no le toca, con lo que siempre está cerrado, armado, fuerte… que nosotras no tenemos. No la tenemos. Y aún las mujeres que saben de guerra o que saben manejar puntos de rol… hay siempre un espacio abierto porque si no… somos puerta de vida. Si todo estuviera cerrado, sería el fin. Tiene que haber un espacio de vulnerabilidad.

 
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Publicado por en 15 julio, 2016 en Abstracto, Reverteando

 

Todos somos un poco de todos

El camarero dejó los dos vasos anchos y las dos tónicas encima la mesa entorno a la cual estaban los dos amigos. La plaza de Chueca estaba casi llena, con alguna calva entre las terrazas que ese verano, como todos, ocupaban la pequeña plaza.

– Vamos a echar la tónica ya que con este calor se van a derretir los hielos y con lo que cuestan aquí las copas…

– Sí, aunque por lo menos tienen tónica Schweppes.

Acto seguido derramaron el refresco en los vasos anchos hasta terminar de llenarlos. Uno de ellos sacó un cigarro y se lo encendió tras dar el primer trago del gin-tonic.

– Joder, ¡Qué bien!, esta copa tan fría me va a sentar mejor que un spa con masaje. Que agusto se está aquí y ahora.

En la plaza había ambiente. Gente joven que venía y se iba y gente que se sentaba a disfrutar de las últimas horas de ése viernes estivo. Los vasos se humedecían por fuera y parecían estar sudando también, aunque al cogerlos con la mano se agradecía esa humedad.

Después de dos tragos más a las copas y un silencio relajado que solo se suele dar entre amigos que tienen la suficiente asonancia, dos chicas de buena figura rompieron ese silencio que ellos, realmente, disfrutaban.

Pasaron por delante y se sentaron en la mesa de al lado. Las miradas de ellos se cruzaron y se sonrieron de manera cómplice.

– Bueno qué, ¿Las decimos algo?…

– Díselo tú, que yo soy el amigo tímido, ya lo sabes.

– ¿El amigo tímido? – Dijo mientras empezó a reírse.

– Qué más da, si total es por hablar un rato, con echar unas risas nos vale ¿no?

Volvió el silencio mientras uno de ellos cruzaba miradas con una de ellas. El otro, sacó un cigarro de la cajetilla y se lo quedó mirando, dándole vueltas. Con el ceño fruncido y gesto pensativo…

– Es curioso…

– ¿El qué es tan curioso?

– Esto de las mujeres. Hay mujeres que pasan por la vida de uno. Incluso mujeres de las que te enamoras. Que sientes amor de verdad. No se, a lo largo de una vida, ¿de cuántas mujeres te puedes enamorar?

– Ésa es buena. No lo sé, supongo que de verdad de verdad… no muchas.

– Hay algunas que pasan por tu vida sin apenas dejar señales, sin infligir lo más mínimo. Otras, las cuales podrían contarse con los dedos de una mano, que persisten y jamás se olvidan. Es como si estuvieran contigo cuando algo importante en tu vida ocurre. Aunque no sepas de ellas desde hace años.

– En realidad, forman parte de ti. Son parte de ti porque te cambiaron. Bueno, cambiaste con ellas. Por eso las sientes, porque son algo de ti. Eso creo.

– Quizá tengas razón. Al final todos somos un poco de todos… A menudo, estando sólo, uno puede estar o sentirse acompañado e incluso imaginar la conversación que tendría con ésa persona casi sin desviarse.

chueca-Madrid

 
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Publicado por en 10 mayo, 2016 en Abstracto, Amor, Narrativo

 

Seguimos… Llamando a las puertas del cielo

Letra de “Llamando a las puertas del cielo – Nega”:

Soy el intruso, en lugares comunes,
sin escrúpulos como Ernesto Sábato en el Túnel,
cerdos impunes, sonríen en la foto,
otra injusticia terrible otro lunes,
república de los comunes, de políticos, poetas,
país de sobras de sobres de cunetas,
sí, seguimos presos de la amnesia,
¿qué tiene Trainspotting que no tenga El Pico de Eloy de la Iglesia?
mediática anestesia, y gritos en la plaza,
cuchillas en la verja ley mordaza,
nos mean en la cara y dicen que llueve
y la clase obrera sigue en cama, con cuarenta de fiebre,
nadie se mueve, apenas nada me conmueve
y el dinero de tu beca se lo pule Carromero en nieve
y mientras el progre de izquierda panoli,
crininaliza al cani pero se pajea pensando en la choni,
esclavos de la prisa,
unos se ponen del revés otros aún creen en Dios y van a misa,
y pisan derechos, no me jodas hombre,
la misma hipócrita burguesa que en los setenta abortaba en Londres
nadie responde tristeza en los autobuses,
será que ya no existen pobres sólo hay loosers,
estoy leyendo a Althusser y ya no me llena,
algunos me deben su fama, Despentes me debe una cena,
y las cadenas son cadenas aun de seda
soy el puto Nega brillante estratega en una nueva entrega
fluyo como el Sena como el Támesis,
más talego y detenciones melodías de sirena,
sufro mi condena decisivo como Iniesta,
ser un referente cuesta siempre hay un capullo con la lupa puesta
y qué más da todo es frivolidad novelas policiacas,
hola soy Carrero Blanco y esto es Jackass

“Knock knock knocking on heavens doors”
Son las batallas las historias del abuelo
“Knock knock knocking on heavens doors”
por el invisible por el prisionero

“Knock knock knocking on heavens doors”
contra el oligarca contra el banquero.
“Knock knock knocking on heavens doors”
aquí seguimos llamando a las puertas del cielo

Hice cola en las puertas del cielo tras ver a Bob Dylan
y los muertos de sida, esperaban a Carol Boitila,
con banderas lilas y bates,
yonkis de los ochenta con chándal de táctel,
dialéctica de combate decide en un instante,
la cápsula azul un cementerio de elefantes,
es la cápsula roja es la verdad con sus alfileres
lo dijo el precario, abrir los ojos duele,
otro despido otro ERE,
otro migrante que muere en el más estricto olvido,
otro recorte que huele a podrido otra foto de perfil,
en busca de matrimonio pura inversión mercantil
otro alguacil que no lo entiende,
y te grita: “perdedor ¿por qué no emprendes?
yo, ya rechacé a la multi,
porque soy un puto alcohólico honesto como Jimmy McNulty.

“Knock knock knocking on heavens doors”
Son las batallas las historias del abuelo
“Knock knock knocking on heavens doors”
por el invisible por el prisionero

“Knock knock knocking on heavens doors”
contra el oligarca contra el banquero.
“Knock knock knocking on heavens doors”
aquí seguimos llamando a las puertas del cielo…

Nega – LCDM.

 
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Publicado por en 17 marzo, 2016 en Abstracto, Música

 

Libros y viajes

Tengo claro, y cada vez más, que una de los mejores ejercicios que uno puede hacer es viajar. Por diferentes motivos: conocer lugares, culturas, maneras, saber quién eres y porque eres así, conocer personas diferentes y que te cuenten en primera persona… Otro ejercicio parecido es leer. Sus beneficios son bastante similares, uno es más teórico y el otro más práctico. Son igual de importantes para complementar al otro y es curioso como una cosa lleva a la otra y al revés. O por lo menos a mí. Cómo el libro te lleva a la vida, al viaje, a la aventura, y como el lugar, el sitio, la experiencia te lleva al libro, al conocimiento, para completar todo lo que no sabes. Por eso cada vez leo más y mejor y cada vez intento viajar más.

El libro es la guía y el conocimiento, es lo que te permite aprender, pero sobre todo entender. Lo que te da las claves para conocer cómo era o como es tal o cual cosa y saber que todo ha ocurrido ya. Los libros te lo cuentan. En la guerra, en el amor, en la amistad, en el trabajo… en todo. Es la memoria de los lugares y ayuda a acercarse al porque y al cómo somos y porque nos dirigíamos a uno u otro lugar. Sin ellos somos analfabetos y todo lo que ello conlleva. Te permiten relativizar y mirar con amplitud, además no pierden la memoria nunca. Son también una manera de multiplicar tu vida por cien, viviendo otras vidas y viajando a través de conocimiento, lugares o personajes.

Viajar es la aventura, lo nuevo: sentirse joven. Uno siempre es joven en vísperas de la batalla. ¿Cómo será? ¿Qué me espera? Como dice aquella frase; “No viajamos para escapar de la vida, viajamos para que la vida no se nos escape”. Te ayuda a darte cuenta de que lo que leíste está ahí, lo puedes ver y lo puedes tocar y también de que te queda mucho por leer y mucho más por ver. Viajar te pone en tu sitio y te hace mejor porque ves y entiendes otros lugares y la gente que los ocupa. Te llena tu mochila de vida para que continúes tu camino. Viajar te cura, te abre la mente, te permite imaginar, te mantiene despierto. Viajar de verdad, con consciencia, te hace más rico.

Estoy leyendo ahora “La caída de los gigantes” de Ken Follett. Es novela histórica. A diferencia de las anteriores noveles históricas que leído, este es un tomo ya importante. Un libro cuyo lomo ancho sujeta las más de mil páginas. Es la primera que leo con estructuras grandes y con tanto número de personajes e historias en diferentes lugares de Europa. La guía de los más de cincuenta personajes es muy útil en ciertos momentos. La historia lo requiere. Desde 1911 hasta 1924, La revolución Rusa y la Gran Guerra. La disposición de las potencias dentro y fuera de sus fronteras, los nacionalismos, la lucha de los trabajadores y de las mujeres… Es muy buena y por algo es un Best Seller, claro.

Uno de sus varios escenarios es Londres. No es que conozca mucho la ciudad, pero es muy agradable pasear por aquellos lugares en los que estas o has estado hace poco, pero 90 años atrás. Es como viajar en el tiempo, en un determinado escenario. El piso de soltero de Walter en Piccadilly, el palacio de Buckingam o el Palacio de Westminister “entrando” desde fuera a la cámara de los lores y a la cámara de los comunes y escuchando lo que dijo Churchill. Andar por Chelsea donde se produjo aquella boda furtiva el día que Gran Bretaña le declaro la guerra a Alemania o coger un tren en Liverpool Street, como pasa en la novela.

Colocar a los personajes en los diferentes lugares. Imaginarles ahí. Hace que la historia que lees o estudias, sea más real y te permite amueblar esos decorados y proyectarlos. Lo hace todo mucho más auténtico. Tiene su puntito estar en el escenario, pisarlo y hacerlo tuyo. Y darse cuenta de las cosas que han cambiado y de las que apenas ha cambiado nada. De que somos como somos, porque fuimos como fuimos.

Por eso y por muchas más cosas; leer y viajar, viajar y leer. Una ha de llevar a la otra.

Para terminar una cita y su correspondiente entrevista a Arturo Pérez-Reverte. “Sin libros estamos perdidos, somos borregos camino del matadero” (http://www.20minutos.es/noticia/2402422/0/arturo-perez-reverte-entrevista/hombres-buenos/novela-alfaguara/).

Sahara

 
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Publicado por en 27 enero, 2016 en Abstracto, Vivencias