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Archivos Mensuales: mayo 2016

La sed del Viajero

Una de las mejores cosas que tiene viajar sólo es que conoces y hablas con mucha más gente que si vas con alguien. En parte es de pura lógica. No quiero decir que viajando acompañado no lo hagas, pero no es lo mismo. No puede ser lo mismo. Es más, la gente que viaja sola suele ser acogida por otros viajeros de mejor manera y creo que eso es porque el sujeto está mas abierto y flexible a todo lo que le rodea y a lo que pueda pasar. Esta más abierto a la aventura. Ésa sensación de no saber exactamente que va a pasar y todo lo que pueda ocurrir es bienvenido. Esa sensación… Como una página en blanco de una novela que aún no ha sido escrita. El guión esta en blanco… qué buena sensación.

Es divertido e increíble darse cuenta de lo que se mueve la gente y cómo lo hace. Y de que ésa misma gente, cuanto más rueda más dispuesta está a tener vivencias o conversaciones con cualquiera en cualquier lugar de manera natural. Ya que “cualquier lugar” es su hábitat natural. El mundo para ellos es cada vez más pequeño y le comprenden y le respetan mejor. No es que haya viajado sólo muchas veces, pero recuerdo muchas conversaciones curiosas, con gente en el avión, en cualquier autobús, en una terraza… Conversaciones auténticas con gente con la que sabes que sólo vas a compartir unas horas. Conversaciones que te apetece tener y notas que también a la otra persona. No es una obligación sino un placer que forma parte del viaje. Por eso, a menudo, no te sientes sólo, aunque vayas sólo.

Tengo recuerdos y muy buenos algunos. Uno de los más curiosas, que aún recuerdo, es la que tuve con una mujer mayor, que viajaba a España desde Bélgica para coger seguidamente otro avión a Sudamérica para volver a casa. Su hijo vivía en Bélgica con su mujer, pero realmente eran de “el Perú”, como me dijo ella. Había estado visitándolo unas semanas. Hablamos de todo, incluso de si dios existe o no, en una hora y media. Me invito a conocer su país y le di una pegatina con la dirección de este blog, que me dijo que leería, cosa que me hizo mucha ilusión si de verdad llego a hacerlo alguna vez.

Hace un año, estuve en Marruecos. Un viaje diferente y especial, porque entre otras cosas viajaba sólo. Hubo de todo en esa semana. Fue uno de los primeros días en Marrakech y recuerdo que estuve por el día recorriendo la ciudad. Piqué en una típica que te meten doblada y a partir de ahí ya aprendes a funcionar allí. Cuanto antes mejor. Después de pasar el día un poco cansado por el calor y por hacerte a la ciudad, me fui a ver la puesta de sol en una terraza en una de las plazas más increíbles: Jemaa el Fna. Ver como se transforma la plaza cuando cae el sol es increíble, y más desde una terraza tomando su té a la menta tan típico. Intentando coger sitio, al ver que estaba llena, me puse en una esquina pero no era un buen lugar. Desde allí observé dos chicas que entraban y buscaban sitio también. Además hablaban castellano. Cuando uno está cansado es doble el esfuerzo de hablar en un idioma que apenas manejas. Por suerte, observé que conseguían una mesa en primera línea.

Tras pensarlo un par de veces y con algo de necesidad de socializar en castellano, me acerqué a preguntarles si les molestaba que me sentara allí. Me dijeron que no y bueno, empezamos a hablar. La verdad que fue agradable y divertido. Luego nos fuimos juntos a cenar a un sitio barato y riquísimo cerca de la plaza que ellas conocían. Hubo un rato que hablamos de viajes y Estela, me contó que había estado en India y varios sitios más. En ese momento pensé, joder, y yo pensaba que había viajado… algo.

Después de cenar estuvimos dando un paseo por la plaza. El ambiente es increíble, lo pienso y recuerdo la sensación de moverme por aquella plaza entre encantadores de serpientes, aguadores, los timbales y la música, el fuego, vendedores de comida, gente, ruido y cosas de todo tipo… y los juegos que organizan. Aquí recuerdo una muy buena. Uno de los juegos era con un palo a modo caña de pescar: con un hilo y en la punta una especie de donuts de goma con el que tenías que pescar una botella. Parecía fácil pero no lo era. Jugar un rato valía 5 Dirham. El caso es que al principio yo me preguntaba, cuál era el premio si se conseguía hacer, e intentaba observar a ver si alguien lo conseguía para ver que se llevaban. Poco a poco me di cuenta que no, que el quid de la cuestión no era el ganar algo sino el pasar un rato entretenido. Y es que ese es el quid de la vida muchas veces. No hacer tanto las cosas por el cuanto o el que saco, sino por el placer de hacerlas. Vaya vicio al final, nos llegamos a picar bastante.

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Justo hace poco, un año más tarde, veo que Estela sigue viajando, y eso no es cosa nueva, cada poco tiempo veo en las redes sociales otro viaje más, y descubro que además escribe un blog sobre ello. Por eso he escrito esta entrada, y por eso se llama así, como su blog. La sed del viajero. Cuenta sus viajes por Europa, Asia, África y América. Curiosidades de todo tipo. Desde aquí os invito a que entréis a leer los artículos sobre viajes, ofertas y todo lo relacionado con sus peregrinajes pasados y futuros. Mola mucho leer a gente cuya vida es viajar y su preocupación es saber cuál será el próximo destino. Esta llena de información.

Un té, con menta para saciar la sed del viajero, esta vez en la plaza de Jemaa el fna. Por eso y por toda la gente viajera y local tan buena anfitriona, con la que he compartido experiencias y vida. Por la gente que viaja y que entiende lo importante y llena que es una vida así. Por la compañía y por la soledad escogida de los viajes. Por las miradas cómplices de los viajeros y por el ansia de conocer lugares y sensaciones nuevas.

Acabo con una cita, que va al pelo, de un escritor español.

“Viajar es imprescindible y la sed de viaje, un síntoma neto de inteligencia.” Enrique Jardiel Poncela.

Su web es: www.laseddelviajero.com

 

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Publicado por en 25 mayo, 2016 en Vivencias

 

Todos somos un poco de todos

El camarero dejó los dos vasos anchos y las dos tónicas encima la mesa entorno a la cual estaban los dos amigos. La plaza de Chueca estaba casi llena, con alguna calva entre las terrazas que ese verano, como todos, ocupaban la pequeña plaza.

– Vamos a echar la tónica ya que con este calor se van a derretir los hielos y con lo que cuestan aquí las copas…

– Sí, aunque por lo menos tienen tónica Schweppes.

Acto seguido derramaron el refresco en los vasos anchos hasta terminar de llenarlos. Uno de ellos sacó un cigarro y se lo encendió tras dar el primer trago del gin-tonic.

– Joder, ¡Qué bien!, esta copa tan fría me va a sentar mejor que un spa con masaje. Que agusto se está aquí y ahora.

En la plaza había ambiente. Gente joven que venía y se iba y gente que se sentaba a disfrutar de las últimas horas de ése viernes estivo. Los vasos se humedecían por fuera y parecían estar sudando también, aunque al cogerlos con la mano se agradecía esa humedad.

Después de dos tragos más a las copas y un silencio relajado que solo se suele dar entre amigos que tienen la suficiente asonancia, dos chicas de buena figura rompieron ese silencio que ellos, realmente, disfrutaban.

Pasaron por delante y se sentaron en la mesa de al lado. Las miradas de ellos se cruzaron y se sonrieron de manera cómplice.

– Bueno qué, ¿Las decimos algo?…

– Díselo tú, que yo soy el amigo tímido, ya lo sabes.

– ¿El amigo tímido? – Dijo mientras empezó a reírse.

– Qué más da, si total es por hablar un rato, con echar unas risas nos vale ¿no?

Volvió el silencio mientras uno de ellos cruzaba miradas con una de ellas. El otro, sacó un cigarro de la cajetilla y se lo quedó mirando, dándole vueltas. Con el ceño fruncido y gesto pensativo…

– Es curioso…

– ¿El qué es tan curioso?

– Esto de las mujeres. Hay mujeres que pasan por la vida de uno. Incluso mujeres de las que te enamoras. Que sientes amor de verdad. No se, a lo largo de una vida, ¿de cuántas mujeres te puedes enamorar?

– Ésa es buena. No lo sé, supongo que de verdad de verdad… no muchas.

– Hay algunas que pasan por tu vida sin apenas dejar señales, sin infligir lo más mínimo. Otras, las cuales podrían contarse con los dedos de una mano, que persisten y jamás se olvidan. Es como si estuvieran contigo cuando algo importante en tu vida ocurre. Aunque no sepas de ellas desde hace años.

– En realidad, forman parte de ti. Son parte de ti porque te cambiaron. Bueno, cambiaste con ellas. Por eso las sientes, porque son algo de ti. Eso creo.

– Quizá tengas razón. Al final todos somos un poco de todos… A menudo, estando sólo, uno puede estar o sentirse acompañado e incluso imaginar la conversación que tendría con ésa persona casi sin desviarse.

chueca-Madrid

 
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Publicado por en 10 mayo, 2016 en Abstracto, Amor, Narrativo