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El amigo capitán Alatriste II: Limpieza de sangre.

Limpieza de sangre, segunda entrega de la colección de las aventuras del capitán Alatriste donde Íñigo y el Capitán caen en una trampa en la cual tendrán que vérselas con la Santa Inquisición. Con la Iglesia hemos topado.

“Los Estatutos de limpieza de sangre fueron el mecanismo de discriminación legal hacia las minorías españolas conversas bajo sospecha de practicar en secreto sus antiguas religiones – marranos en el caso de los ex-judíos y moriscos en el de los antiguos musulmanes- que se estableció en España durante el Antiguo Régimen. Consistían en exigir (al aspirante a ingresar en las instituciones que lo adoptaban) el requisito de descender de padres que pudieran asimismo probar descendencia de cristiano viejo.”

La Hoguera de las Necedades: Limpieza de Sangre, de Arturo Pérez ...

“En aquel año de mil seiscientos y veintitrés, segundo del reinado de nuestro joven Rey Don Felipe, la reanudación de la guerra en Flandes reclamaba más dinero, más tercios y más hombres. El general Don Ambrosio Spínola reclutaba soldados en toda Europa, y centenares de veteranos acudían a alistarse bajo las viejas banderas.”

“En cuanto a los toros, ésa continuaba siendo otra gran afición del pueblo español en aquel primer tercio del siglo. De los más de setenta mil habitantes de Madrid, las dos terceras partes acudían a la plaza Mayor cada vez que se lidiaban cornúpetas, celebrándose el valor y destreza de los caballeros que se enfrentaban a los animales. Porque en aquel tiempo, hidalgos, grandes de España y hasta personas de sangre real no tenían reparos en salir a la plaza, jinetes en sus mejores corceles, para quebrarle el rejón en la cruz a un jarameño o matarlo pie a tierra, con la espada, entre los aplausos del entusiasmado gentío, que igual se cobijaba bajo los arcos de la plaza, en caso del vulgo, que en balcones alquilados hasta a veinticinco y cincuenta escudos por cortesanos, nuncio y embajadores extranjeros. Aquellos lances eran celebrados luego en coplas y versos; tanto los gallardos, que los había numerosos, como los graciosos y grotescos, que tampoco escaseaban y eran materia a la que los ingenios de la Corte no tardaban en sacar punta. Como cuando un toro perseguía a un alguacil -la justicia no gozaba entonces, como tampoco ahora, de gran favor popular- y todo el público se ponía de parte del toro.”

“En aquella España turbulenta, arruinada y orgullosa -en verdad era el orgullo lo único que nos iba quedando en el bolsillo, nadie recogía una palabra lanzada a la ligera, e incluso amigos íntimos eran capaces de acuchillarse por una mala palabra o un mentís.[…] Esa retorcida ética era muy de la época entre la gente del bronce, y yo mismo, que frecuenté tales ambientes en mi juventud y el resto de mi vida, doy fe de que en los más desalmados malandrines, pícaros, soldados y chusma a sueldo, advertí más respeto a ciertos códigos y reglas no escritas que en gente de condición supuestamente honorable.”

“Si es cierto que cada cual arrastra sus fantasmas, los de Diego Alatriste y Tenorio no eran serviciales, ni amables, ni tampoco grata compañía. Pero, como le oí decir alguna vez encogiendo los hombros con aquel ademán singular, tan suyo, que parecía hecho a medias de resignación e indiferencia: cualquier hombre cabal puede escoger la forma y el lugar donde morir, pero nadie elige las cosas que recuerda.”

“Ya referí en otra ocasión a vuestras mercedes que, en aquel primer tercio del siglo, el pueblo de Madrid conservaba aún, pese a su picaresca natural y su malicia, una cierta ingenuidad para esa clase de gestos en las personas reales. Ingenuidad que el tiempo y los desastres se encargarían de sustituir por desilusión, rencor y vergüenza. Pero en los años de esta historia nuestro monarca era mozo; y España, aunque ya corrompida y con llagas de muerte en el corazón, conservaba la apariencia, el relumbre y las maneras. Todavía éramos algo, y aún lo seguimos siendo cierto tiempo, hasta quedar exangües del último soldado y el último maravedí. Holanda nos odiaba, Inglaterra nos temía, el turco se andaba con pies de plomo, la Francia de Richelieu rechinaba los dientes, el Santo Padre recibía con mucho tiento a nuestros graves embajadores vestidos de negro, y toda Europa temblaba al paso de los viejos tercios -que aún eran la mejor infantería del mundo, como si en las cajas de sus tambores redoblara el mismo diablo. Y yo, que viví tales años y los que vinieron después, juro a vuestras mercedes que en aquel siglo éramos todavía lo que nadie fue jamás. Y cuando por fin se puso el sol que había alumbrado Tenochtitlán, Pavía, San Quintín, Lepanto y Breda, el ocaso se tiñó de rojo con nuestra sangre, pero también con la de nuestros enemigos; como el día, en Rocroi, que dejé en un francés la daga del capitán Alatriste. Convendrán vuestras mercedes en que todo ese esfuerzo y ese coraje debíamos haberlo dedicado los españoles a construir un lugar decente, en vez de malgastarlo en guerras absurdas, picaresca, corrupción, quimeras y agua bendita. Y es muy cierto, Pero yo cuento lo que hubo. Y además, no todos los pueblos son igual de razonables para elegir su conveniencia o su destino, ni igual de cínicos para justificarse después ante la Historia o ante sí mismos. En cuanto a nosotros, fuimos hombres de nuestro siglo: no escogimos nacer y vivir en aquella España, a menudo miserable y a veces magnífica, que nos tocó en suerte; pero fue la nuestra. Y ésa es la infeliz patria -o cómo diablos la llamen ahora- que, me guste o no, llevo en la piel, en los ojos cansados y en la memoria.”

“En la vida lo malo no es conocer, sino mostrar que se conoce. Tan peligroso resulta ser poco discreto revelando que uno sabe de más, como caer en la simpleza de saber de menos. Siempre es bueno prevenir la música antes de que empiece el baile.”

“El resultado era que, junto a clérigos sin duda honrados y santos, se daban con la misma facilidad pícaros, codiciosos y delincuentes: sacerdotes amancebados y con hijos, confesores que solicitaban a las mujeres, galanes de monjas, conventos donde se ocultaban amoríos, lances y escándalos, eran el pan, y no precisamente bendito, de cada día.”

“Muchas veces después, en los años que aún habíamos de pasar juntos en aventuras particulares y en las guerras del Rey nuestro señor, reconocí aquel mismo tono y aquella mirada inexpresiva, vacía, que de modo tan singular endurecía los ojos claros del capitán cuando en campaña, tras la larga inmovilidad de la espera, resonaban los tambores y los tercios se ponían en marcha hacia el enemigo con aquel paso admirable, majestuoso y lento, bajo las viejas banderas que nos llevaban a la gloria o al desastre. Y aquella misma mirada y aquel tono de infinito cansancio fueron también los míos muchos años después: el día que entre los restos de un cuadro español, con la daga entre los dientes, la pistola en una mano y la espada desnuda en la otra, vi acercarse la caballería francesa en la última carga, mientras en Flandes se ponía, rojo de sangre, el sol que durante dos siglos había causado miedo y respeto al mundo.”

“Eso era lo desconcertante del capitán: podía mostrar respeto hacia un Dios que le era indiferente, batirse por una causa en la que no creía, emborracharse con un enemigo, o morir por un maestre de campo o un Rey a los que despreciaba.”

“Eso era nuestra España: mucho rigor y ceremonia, mucho clavo preventivo, mucha reja y mucha fachada, mientras los clérigos apicarados, las monjas sin vocación, los funcionarios, los jueces, los nobles y todo hijo de vecino cardaban la lana bajo cuerda, y la nación dueña de dos mundos no era sino patio de Monipodio, ocasión para el medro y la envidia, paraíso de alcahuetes y fariseos, zurcido de honras, dinero que compraba conciencias, mucha hambre y mucha bellaquería para remediarla.”

“No soy partidario de groseros alardes de taberna ni tampoco de nostalgias líricas; así que, pues el relato lo exige, zanjaré el asunto consignando que a cierto número amé, y que a algunas recuerdo con ternura, indiferencia o -las más veces- con una sonrisa divertida y cómplice: máximo laurel a que puede aspirar varón que sale ileso, con la bolsa poco menguada, la salud razonable y la estima intacta, de tan dulces abrazos.”

“Creo haber hablado antes a vuestras mercedes de la Inquisición. Lo cierto es que no fue aquí peor que en otros países de Europa; aunque holandeses, ingleses, franceses y luteranos, que eran entonces nuestros enemigos naturales, la incluyeran en esa infame Leyenda Negra con la que justificaron el saqueo del imperio español en la hora de su decadencia. Verdad es que el Santo Oficio, creado para velar por la ortodoxia de la fe, en España fue más riguroso que en Italia y Portugal, por ejemplo, y aún peor en las Indias Occidentales. Pero Inquisición hubo también en otros sitios. Y además, con su pretexto o sin él, tudescos, franceses e ingleses chamuscaron más heterodoxos, brujas y pobres desgraciados que los quemados en España; donde, merced a la puntosa burocracia de la monarquía austriaca, todos y cada uno de los chicharrones que hubo, muchos pero no tantos, figuran debidamente registrados con procesos, nombres y apellidos. Cosa de la que no pueden presumir, por cierto, los gabachos del Rey cristianísimo de Francia, los malditos herejes de más arriba o la Inglaterra siempre falsa, miserable y pirata; que cuando quemaban ellos lo hacían alegremente y a montón, sin orden ni concierto y según les venía en ganas o en intereses, condenado hatajo de hipócritas.”

“Y la decadencia que sufrimos los españoles en el siglo -polvos que trajeron y traerán todavía muchos lodos- puede explicarse, ante todo y sobre todo, por la supresión de la libertad, el aislamiento cultural, la desconfianza y el oscurantismo religioso creados por el Santo Oficio.”

“Decir familiar del Santo Oficio equivalía a decir espía o delator, y de ellos se censaban 20.000 en la España del católico Felipe. Con ese panorama, hagan cuentas vuestras mercedes de lo que la Inquisición significó en un país como el hispano, donde a la justicia la movía menos un toro que un doblón de a ocho, donde se compraba y se vendía hasta el Santísimo Sacramento, y donde, además, cada hijo de vecino tenía cuentas que ajustar con otro […] La cuestión ya no era ser buen católico y cristiano viejo, sino parecerlo. Y nada lo parecía más que delatar a quienes no lo eran; o a quienes uno sospechaba, por viejos rencores, celos, envidias o querellas, que bien pudieran no serlo. Y entre el paisanaje, como era de esperar, llovían las denuncias, y el sé de buena tinta, y el cuentan que, igual que si cayese granizo. Así, cuando el dedo implacable del Santo Oficio apuntaba a algún infeliz, éste se veía abandonado en el acto de valedores, amigos y parientes.”

“Desde la expulsión de los judíos por los Reyes Católicos, la Inquisición perseguía con rigor los residuos de la fe mosaica, en especial a aquellos conversos que en secreto permanecían fieles a la religión de sus abuelos. En una España de tan hipócritas apariencias, donde hasta el más bajo villano alardeaba de hidalgo y cristiano viejo, el odio al judío era general, y los expedientes de limpieza de sangre probada, auténticos o comprados con dinero, eran imprescindibles para acceder a cualquier dignidad o cargo de importancia. Y mientras los poderosos se enriquecían en negocios de escándalo, abroquelados en misas y limosnas públicas, el pueblo, de espíritu violento y vengativo, mataba el hambre y el aburrimiento besando reliquias, usando indulgencias y persiguiendo con entusiasmo a brujas, herejes y judaizantes. Y como ya dije en alguna ocasión al referirme al señor de Quevedo y a otros, ni siquiera los más altos ingenios españoles eran ajenos a aquel clima de odio y rechazo a la heterodoxia.”

“Y encima, ya más adelante y mediado el siglo, con la caída en desgracia del conde-duque, el Santo Oficio pasó factura, desencadenando una de las más crueles persecuciones de judeoconversos conocidas en España. Eso terminó de arruinar el proyecto de Olivares, de modo que muchos importantes banqueros y asentistas hispano-portugueses lleváronse a otros países, como Holanda, sus riquezas y su comercio en beneficio de los enemigos de nuestra corona; con lo que terminaron por jodernos del todo. Y digo terminaron, porque entre los nobles y los frailes de aquí, y los herejes de allá, y la puta que los parió a todos, remataron el desangrarnos bien.”

“Entonces oí el grito. Fue un grito de mujer desesperado y terrible, amortiguado por la distancia; pero tan violento que se abrió camino por pasillos y corredores, atravesando la puerta cerrada. Como si no lo hubieran oído, mis inquisidores siguieron mirándome, imperturbables. Y yo me estremecí de espanto cuando el fraile flaco dirigió sus ojos febriles hacia el potro y luego volvió a mirarme con fijeza.”

“También te ofrece la iglesia de la Compañía, por si quieres llamarte a sagrado… Dice que de allí no te sacan los dominicos ni aunque juren que has matado al nuncio -miró a través de la celosía, hacia la sala de juego, y luego volvió la vista al capitán… Y por cierto, Diego, andes en lo que andes, espero que no hayas matado de verdad al nuncio.”

“Como saben vuestras mercedes, las iglesias de la época eran lugares de asilo, donde no alcanzaba la justicia ordinaria. Por eso, quien robaba, hería o mataba -a eso llamaban andar en trabajos- podía acogerse a sagrado refugiándose en una iglesia o convento, donde los clérigos, celosísimos de sus privilegios, lo defendían frente a la autoridad real con uñas y dientes. Tan solicitado era el llamarse a antana, o a sagrado, que algunas iglesias famosas estaban hasta arriba de clientes que gozaban lo impune de su refugio. En tan apretada comunidad solía encontrarse lo mejor de cada casa, y faltarían sogas para honrar tanto gentil gaznate.”

“El caso es que lugares como el patio de los Naranjos de la catedral de Sevilla, por ejemplo, o buena docena de sitios en Madrid, y entre ellos San Ginés, contaban con el dudoso privilegio de acoger a la flor de la valentía, el sacabuche, el afanar y la jacaranda. Y toda esta ilustre cofradía, que al fin tenía que comer, beber, satisfacer necesidades y solventar negocios particulares, aprovechaba la noche para salir a dar una vuelta, realizar nuevas fechorías, ajustar cuentas o lo que se terciara. También recibían allí a sus amistades, e incluso a sus coimas y cómplices, con lo que los alrededores de las iglesias citadas, e incluso dependencias de las iglesias mismas, tornábanse por las noches taberna de malhechores e incluso burdel, donde se contaban hazañas reales o fingidas, se concertaban sentencias de muerte tarifando cuchilladas, y donde, en suma, latía, pintoresco y feroz, el pulsode aquella España bajuna, peligrosa y atrevida; la de los pícaros, buscones y otros caballeros del milagro, que nunca colgó en lienzos en las paredes de los palacios, pero quedó registrada en páginas inmortales”

“En las reglas del juego peligroso donde a menudo iba en prenda la propia piel, aquello formaba parte del negocio. Lo mismo que en cada combate se producían bajas, los lances de la vida deparaban ese tipo de cosas. Y él las asumía desde el principio con su impasibilidad habitual; un talante que, si a veces parecía rozar la indiferencia, no era otra cosa que estoica resignación de viejo soldado.”

“Estaba sentada -pronto supe que era incapaz de sostenerse sin ayuda- y tenía en los ojos la mirada más vacía y perdida que nunca vi: una ausencia absoluta hecha con todo el dolor, y el cansancio, y la amargura de quien conoce el fondo del más oscuro pozo que imaginarse pueda. Debía de andar por los dieciocho o diecinueve años, más parecía una anciana decrépita; cada vez que se movía un poco en la silla era lenta y dolorosamente, como si enfermedad o vejez prematura hubiesen descoyuntado cada uno de sus huesos y articulaciones. Y a fe que se trataba exactamente de eso.”

“Frailes, juez, escribano y verdugos se comportaban con una frialdad y un distanciamiento tan rigurosos que era precisamente lo que más pavor producía; más, incluso, que el sufrimiento que eran capaces de infligir: la helada determinación de quien se sabe respaldado por leyes divinas y humanas, y en ningún momento pone en duda la licitud de lo que hace. Después, con el tiempo, aprendí que, aunque todos los hombres somos capaces de lo bueno y de lo malo, los peores siempre son aquellos que, cuando administran el mal, lo hacen amparándose en la autoridad de otros, en la subordinación o en el pretexto de las órdenes recibidas. Y si terribles son quienes dicen actuar en nombre de una autoridad, una jerarquía o una patria, mucho peores son quienes se estiman justificados por cualquier dios.”

“Y aún resulta peor cuando se actúa como exegeta de una sola palabra, sea del Talmud, la Biblia, el Alcorán o cualquier otro escrito o por escribir. No soy amigo de dar consejos -a nadie lo acuchillan en cabeza ajena, más ahí va uno de barato: desconfíen siempre vuestras mercedes de quien es lector de un solo libro.”

“-Sobre el particular que nos ocupa -dijo, sabed que no hay nada que hacer. Agradezco vuestras informaciones, más nada puedo ofreceros a cambio. En materia de Santo Oficio, ni siquiera el Rey nuestro señor interviene -hizo un gesto con la mano fuerte y ancha, anudada con poderosas venas… Aunque, por supuesto, ése no sea negocio con el que podamos molestar a Su Majestad. Álvaro de la Marca miró a Alatriste, que permanecía impasible, y volvióse luego hacia Olivares. -¿Ninguna salida, entonces? -Ninguna.”

“-Ya os pasaré la factura, Don Álvaro. Mi Grandeza nunca hace las cosas gratis -el valido se volvió a Don Francisco, que oficiaba de convidado de piedra… En cuanto a vos, señor de Quevedo, espero que esto mejore nuestras relaciones. No me irían nada mal un par de sonetos alabando mi política en Flandes, de esos anónimos pero que todo el mundo sabe son escritos por vuestra merced.”

“Odiado y temido por su acerba pluma y su extraordinario ingenio, en los últimos tiempos Quevedo procuraba no mostrarse hostil al poder; y eso lo llevaba a compaginar el elogio con su acostumbrada visión pesimista y los accesos de malhumor.”

“-Pero tal vez este siglo -apuntó al terminar- ya no merezca hombres como nosotros… Me refiero a quienes en otro tiempo fuimos. Volvióse a mirar a Alatriste. Este asentía lentamente. La estrecha luna arrojaba a sus pies una vaga sombra sin contornos, difusa. -Quizá -murmuró el capitán- nosotros no los merezcamos tampoco.”

“A la España del cuarto Felipe, como a la de sus antecesores, le encantaba quemar herejes y judaizantes. El auto de fe atraía a miles de personas, desde la aristocracia al pueblo más villano; Y cuando se celebraba en Madrid era presenciado, en palcos de honor, por sus majestades los reyes. Incluso la reina doña Isabel, nuestra señora, que por joven y gabacha hizo al principio de su matrimonio ciertos ascos a ese género de cosas, terminó aficionándose como todo el mundo.”

“Merced a quienes, para bien o para mal, a despecho del turco, el francés, el holandés, el inglés y la puta que los parió, España tuvo, durante un siglo y medio, bien agarrados a Europa y al mundo por las pelotas.”

“En tal jornada, que pretendía memorable, el Santo Oficio quiso matar varias perdices de un solo escopetazo. Resueltos a minar la política de acercamiento del conde de Olivares a los banqueros judíos portugueses, los más radicales inquisidores de la Suprema habían planeado un auto de fe espectacular, que metiera el miedo en el cuerpo a quienes no andaban ciertos en limpieza de sangre. Y el mensaje era nítido: por mucho dinero y favor del valido que tuvieran, los portugueses de origen hebreo nunca estarían seguros en España. La Inquisición, apelando siempre en último extremo a la conciencia religiosa del Rey nuestro señor -tan irresoluto e influenciable de joven como de viejo, de buena naturaleza y ningún carácter, prefería un país arruinado pero con la fe intacta. Y esa, que a la larga tuvo efecto, y muy desastroso por cierto, en los planes económicos de Olivares, fue razón principal de que el proceso de la Adoración Benita, así como otras causas similares, se acelerase para eficaz y público escarmiento.”

“Dos mil personas habían velado para asegurarse un sitio. Y a las siete de la mañana en la plaza Mayor no cabía un alma. Disimulado entre la multitud, con el chapeo de ala ancha bien puesto sobre la cara y un herreruelo vuelto sobre el hombro a modo de discreto embozo, Diego Alatriste abrióse paso hasta asomarse al portal de la Carne.”

“Las hogueras ardieron durante toda la noche. La gente se quedó hasta muy tarde en el quemadero de la puerta de Alcalá, incluso cuando los penitenciados no eran más que huesos calcinados entre pavesas y cenizas. Del resplandor de los fuegos subían columnas de humo con tonalidades rojas y grises, que a veces una racha de aire arremolinaba, trayendo hasta la muchedumbre un olor denso, acre, de madera y carne quemadas. Todo Madrid trasnochaba allí: desde honestas casadas, graves hidalgos y gente de respeto, al vulgo más soez.”

“Aquella España desdichada, dispuesta siempre a olvidar el mal gobierno, la pérdida de una flota de Indias o una derrota en Europa con el jolgorio de un festejo, un Te Deum o unas buenas hogueras, oficiaba una vez más de fiel a sí misma. -Es repugnante -dijo Don Francisco de Quevedo. Era el gran satírico, como referí ya a vuestras mercedes, extremado católico al modo de su siglo y de su patria; pero templaba todo ello con su profunda cultura y su limpia humanidad. -Pobre España -añadió en voz baja. ”

 

La biblioteca

Me paro en la ventana a observar las casas, el campo verde después de días de lluvia y entre las montañas se pierde la carretera hacia Madrid. Desde la habitación de la biblioteca casera pero medianamente grande donde cada volumen tiene su lugar. Ordenada y limpia. Al volver la mirada adentro, ahí está el escritorio y la silla de madera. Antiguas pero relucientes; como nuevas. Se respira tranquilo aquí dentro, entre los libros. La primera estantería está presidida por un ejemplar del Quijote de edición limitada en papel pergamino. El ejemplar número 1219. 

En los huecos libres de las paredes cuelgan retratos de escritores del Siglo de Oro. Quevedo y Cervantes junto a la entrada. Escritores que representan la grandeza y el talento literario español y también, por sus vidas, la misma España capaz de lo más glorioso y de lo más desgarrador. En la parte alta de las estanterías de madera algunos títulos enmarcados, cuadros y un par de regalos del día del padre. Me siento en la silla y respiro: Me gusta el olor de los libros. Estar rodeado por ellos me hace sentir bien. Desde el asiento del escritorio se puede ver también una estantería con fotos, cartas y otros escritos, recortes de periódico, varias colecciones de monedas y postales. 

Entre los libros, que no pierden nunca la memoria, se puede viajar incluso a lugares que ya no existen y pasear virtualmente por ellos. Aprender a través de otros ojos y otra mirada, vivir cien mil vidas distintas que uno difícilmente vivirá de otra manera. Hasta puede hacer cosas que jamás se deberían hacer en una vida normal y que entrañan un aprendizaje a través de la lectura. Se matado o matar, ser amado o amar, la traición, la lealtad… Cualquier momento, bueno o amargo no llega con la misma lucidez y capacidad interpretativa a la vida sin libros leídos para digerir y entender el mundo. 

Novela de todo género y época; de lo más clásico y conocido a novelas actuales de algún colega un poquito menos conocidas. Relato, cómic, ensayo de cualquier tipo; tratados de medicina hasta filosofía clásica, poesía por supuesto en abundancia, cierta variedad de literatura extranjera original, especialmente en ingles, incluida Enciclopedia Británica de más de treinta tomos. A golpe de vista un volumen de la decimonovena edición de la RAE… Cada ejemplar tiene su dignidad en el lugar apropiado. De eso se trataba cuando limpié, exploré y restauré cuidadosamente todo cuanto había aquí dentro. Un sitio inanimado pero que con el simple gesto de abrir la tripa de un libro por sus páginas iniciales empieza a cobrar vida. Por todo esto y mucho más, una biblioteca propia es siempre un lugar mágico. Una suerte de pasadizo atemporal con muchas puertas a rincones propios y ajenos si uno sabe ser elegido por el libro adecuado en el momento adecuado. La nata de la chanfaina.

esquina

 

 
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Publicado por en 13 mayo, 2020 en Narrativo, Vivencias

 

Suya mi guerra

Letra “La Raíz – Suya mi Guerra.”

“Eran años de ilusión y banderas de morado,
los versos de los sin voz, gritos de Lorca y Machado,
obuses que roban el sueño, en esas noches silbaron
la tierra se parte en dos y el mundo mira a otro lado.
Guernika llora, sangra el corazón, la libertad es pecado,
brigada Lincon pide munición, pero no habla castellano.

Y gritan ¡No pasarán!, con acento americano.
Y gritan ¡No pasarán!, con acento americano.

Hay un poema de Alberti conciencias despierta,
primera línea del frente, Carmela no vuelvas
que el Ebro huele a derrota, pero no cuelgues tus botas,
mañana vendrá a buscarte, suenen las trompetas.

La pasión del brigadísta cruzando el mapa,
para siempre quedará la foto de Capa,
abandonado al exilio en aquella cuneta,
mañana vendrá a buscarte, suenen las trompetas.

A los que saltan fronteras y empujan con fuerza,
a los que empujan con fuerza para demolerlas,
a los que saltan fronteras y empujan con fuerza,
gracias a ese que hizo suya mi guerra.

Pero caía la noche y solos tras el muro,
vieron acercarse al monstruo, se esfumó el futuro,
cuentan que los que perdieron vieron llorar a la luna,
los hijos de la derrota os debemos una.

La pasión del brigadista cruzando el mapa,
para siempre quedará la foto de Capa,
abandonado al exilio en aquellas cunetas,
mañana vendré a buscarte, suenen las trompetas.

A los que saltan fronteras y empujan con fuerza,
a los que empujan con fuerza para demolerlas,
a los que saltan fronteras y empujan con fuerza,
gracias a aquel que hizo suya mi guerra.”

14 Abril.

 
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Publicado por en 14 abril, 2020 en Canciones, Música, Politica

 

Disney no ayuda al buen vivir

Hace menos de año que mi prima estuvo en México por varios meses y justo volvió a España cuando yo pasé allí mis vacaciones. Al regresar, hubo una comida familiar. Ella nos contaba que había estado mala, no para morirse pero si necesitar hospitalización y tratamiento. El caso es que no le recibía el especialista sí no le abonaba antes la visita. El seguro, que era de los mejores el que había contratado mi prima, les pagaba tarde y mal y los especialistas se niegan. Ella no podía moverse de la cama y su compañera tuvo que coger su tarjeta de credito, darle su código PIN, bajar a sacar la tela y pagar. El dinero por delante, sino ni médico ni medicinas ni nada. Porque con las medicinas le pasó lo mismo y tuvo que gastarse unos 300 euros. Otro persona, que estaba comiendo con nosotros dijo: “No me lo creo, eso es imposible.” Dicho completamente convencido. “¿Si no tienes dinero cómo te van a dejar morir?” Si. No te atienden, no te dan medicina. Y si te mueres, te has muerto. Sencillamente así.

Y es que, como le decíamos, es lo normal. Nadie grita allí por eso “¡Qué horror!” “¡Qué injusticia!” “¡No se puede permitir!” “¿Cómo ocurre esto?” En la mayor parte del mundo pasa eso cada día y es asumido sin mayor trascendencia. Por supuesto no pienso que este bien, pero es una realidad. En determinadas ocasiones lo he visto personalmente. Viajar no sólo sirve para ver lugares bonitos. Estar en ciertos partes del mundo te permite observar, si te preguntas lo indicado y te mezclas con los locales, como vive la gente de verdad. Es decir, que es la normalidad de la mayoría de la gente de este planeta. Y es que, amigos, nosotros no vivimos como esa mayoría. Eso no es un problema: el problema es que no tenemos consciencia y presente de ello. El norte de América, la Zona Euro, la esquina donde está Japón, Australia y algún rincón más. Juntos son un porcentaje pequeño de países en el total.

Hace poco el presidente de un país centroafricano, decía que no sabían si tenían muchos o pocos infectados o muertos. No tienen medios para curar ni para hacer test. El que viva vivirá y el que muera por la enfermedad morirá como otro cualquiera. Este tipo de situaciones no es algo nuevo allí. Es el puto día a día. Sólo cuando se ha dado en el primer mundo es, digamos, un problema oficial y tenemos la ilusión de que hemos descubierto que existe la muerte tras la esquina cuando siempre estuvo ahí. Hable el otro día con una persona que vive en Ecuador. Me comentó que según llegó el coronavirus allí la ministra de sanidad dimitió de facto. Que están encontrando cadáveres en las casas y en las calles. No hay ninguna asignación presupuestaria para este tema. Una pequeña muestra: “Guayaquil” en google, servirá de ejemplo.

Estudiando el desequilibrio cognitivo, aprendes que para que algo mute, cambie o evolucione, es necesario una inestabilidad. Los coach chupis modernos lo llaman en otro contexto; salir de la zona de confort, para provocar esa inestabilidad. Confort una palabra que puede definir las zonas desarrolladas que comentaba arriba. Creo que justo eso nos ha distanciado de la realidad de la vida: de su fragilidad inmutable. Mientras vivíamos calentitos y seguros, parafraseando a Pérez-Reverte, en un Disney de diseño, estábamos olvidando las reglas de la realidad.

Nuestra propia estabilidad gracias a la evolución técnica nos ha alejado y nos ha dejado indefensos. Quizá es la razón de que mucha gente está ahora perpleja ante la situación o no sea capaz de entender su alcance y analizarla con perspectiva. Porque en nuestro Disney, acurrucaditos, hemos olvidado la realidad: que existe el dolor inevitable, la muerte, el desastre, como un proceso más y totalmente natural de la vida. Perdiendo así las herramientas para afrontarlo con lucidez y llaneza. Ya que este sentimiento o estremecimiento que recorre especialmente la parte desarrollada del planeta, nos ha hecho, de golpe y sin vaselina, saludar la realidad. Una realidad que ahora cuesta enfrentar. También podría explicar casos como que el primer ministro de Reino Unido seguía dando la mano en hospitales orgulloso de ello hace semanas, en plan ¿Cómo va a pasar algo malo aquí? ¿Cómo va a ocurrir un desastre? ¿Estamos locos o qué? ¡Sólo es una gripe! Ayer ingresó en la UCI. Ese distanciamiento no nos ayuda a vivir y a morir con dignidad.

Llegados a este punto, creo que se van evidenciado cosas. Una muy importante es que el sistema de salud pública, la ciencia y la investigación son prioridad. Que hay que dotarlos de los máximos medios. Otra es que vivimos en Disney, pero sobre todas las cosas queremos seguir viviendo ahí. Ciegamente y pese a todo seguimos confiando en Disney, creyendo que en una situación realmente prolongada todo va a seguir funcionando chupi. No se si es por miedo, costumbre o porque no sabemos hacerlo de otra manera. Aunque si esto es lo bastante agónico y pudiera serlo, lo estúpido y superfluo acabará, espero, cayendo por su propio peso. No puedo dejar de pensar en mi ya ex compañero de piso. Me decía hace dos semanas que había que ser positivos y que esperaba que en unas semanas terminase todo. No le dije lo que pensaba por respeto y porque yo a veces lo soy. Lo que él estaba siendo en ese momento era estúpido e incauto. Decir que eso es ser positivo es desvirtuar el lenguaje. Prefería seguir engañandose en Disney a enfrentarse a la realidad. Y eso es bastante peligroso porque la realidad siempre llega. Por eso es tan importante la educación. Cuando se educa a los niños en esa burbuja, les quitamos los mecanismos defensivos que son necesarios para afrontar y entender las realidades que la vida tarde o temprano les pondrá.

Otro tema de reflexión trata sobre nuestra condición de seres gregarios. Necesitamos de la sociedad; necesitamos un médico que nos cure, un mecánico para que nos arregle el coche o al personal de limpieza o distribución de alimentos etc. En nuestra burbuja de felicidad de plástico, decadencia y pose, hemos aumentado el punto imbécil y egocentrista. Esas redes solidarias que nuestros abuelos tenían para sostenerse ha disminuido, especialmente en ciudades. Nuestra foto de perfil a engordado pero lo sustancial se ha difuminado. Hemos pervertido la escala de valores de nuestra condición. Ahora reflexionamos sobre la importancia de la sanidad, de los camioneros y sus suministros etc. La importancia de estar cerca y poder tocar y abrazar a nuestros seres queridos o podernos despedir de ellos. Algunas de estas cosas habían caído en el olvido. No es una cuestión de vivir en el paleolítico, es una ejercicio de vivir en equilibrio y conciencia con nuestra propia naturaleza. 

Para terminar positivo, cuento algo que viví sobre ese sentido de solidaridad. En Ecuador justo ahora hace tres años de ese viaje, al no ser un país grande el plan era atravesarlo con un coche. Nosotros íbamos hacia Guayaquil para bajar a las playas. Hay sólo una o dos carreteras que cruzan, debido a la orografía. Si a mitad de camino quieres ir por otro lado, igual tienes que invertir diez horas más en dar la vuelta. Hizo viento y llovió a muerte los días anteriores con movimiento sísmico incluido. Se nos iba complicando la carretera. Fuimos por tramos donde se había quedado un autobús por el desprendimiento de más de la mitad de la calzada. El temporal las había reventado. Se veían auténticos despeñaderos con mucho peligro de desprendimiento. Daban bastante miedo ir con el coche. Atravesamos varios con cuidado pero llegamos a uno que nos bajamos del coche. En una curva, un río había desbordado y bajaba el agua a con mucha fuerza cruzando la carretera. Dar la vuelta y diez horas más parecía inviable, y se iba a hacer de noche. Pasaban 4×4 despacio y las motos. Meternos con un pequeño chevrolet no nos convencia. Pasó un rato y no habíamos conseguido decidir. En eso llegó un chaval con su chica, los dos en la moto. Se bajó y habló con nosotros. Paso con la moto varias veces hasta encontrar las zonas más alta para pasar con el coche detrás. Lo vaciamos para quitarle peso y elevar la suspensión. Yo pase el río colgado en una camioneta con las mochilas encima. Nos escoltó y nos ayudó a colocar piedras en otra zona embarrada etc. Estuvo acompañándonos un par de horas. Si no es por él no se como se nos hubiera dado, pero como dicen allí, creo que la hubiéramos pasado peor. Al final para agradecérselo les invitamos a una cerveza porque nos hizo un favor enorme. Nos contó sus planes de vida y nos aconsejo sobre los peligros en Guayaquil y la zona de playa. La vida allí transcurre distinta.

Esto me hizo pensar y sobre todo sentirme bien. Allí, debido a que no hay tanto desarrollo y la posibilidad de desastre es más evidente necesitan esa solidaridad compartida. Ayudar y que te ayuden es el pan de cada día. Tienen presente que se necesitan, que necesitan esa red de solidaridad. Recibirla y ser parte de ello me ayudó a ser más consciente. Quizá, en parte, estamos en eso ahora en el mundo “desarrollado”. Reaprender a valorar lo central de la vida. Volvernos a recordar que todo, incluido este coronavirus, tiene un final.

 
 

Camping Peregrino

Ayer estaba organizando cosas cuando dí con varios papeles y tarjetas de visita que uno va guardando en un cajón cuando ya la cartera le va a estallar. Billetes de avión o tren, tickets de todo tipo y alguna tarjeta de algún restaurante o bar donde he comido bien. Siempre me gusta guardarlas para recomendar o acordarme más tarde, incluso ahora con Google Maps dónde tengo todo guardado. Es práctico, pero nada como encontrarte el cartón o el papel pasado un tiempo. Incluso una servilleta escrita en Italiano con la palabra “cazzo”. Hay cosas donde la tecnología nunca se acercará, por fortuna.

El caso es que dí con una tarjeta que me guardé el pasado verano, en la penúltima parada del camino de Santiago, donde finalmente no afrontaría mi última etapa. Pero voy a empezar por el principio.

No era el tramo más duro, ya que el día anterior había hecho la rompepiernas. Me quedaban dos kilómetros para llegar al camping y el dolor en mi rodilla derecha no paraba de agudizarse. Decidí entonces parar para hacer un clásico: Cerveza y pulpo. Terminado el festín baje hasta llegar a mi destino de aquella tarde.

Al llegar, Manuela me atendió como si fuera su hijo, tónica que se repetiría durante toda mi estancia allí. El camping era modesto pero más que suficiente. Campañas de cuatro personas. Hable un poco con mis compañeros de esa noche, dos chicas de mi edad y su tío, el cual me amenizó la madrugada con sus ronquidos; otro clásico del camino. Cómo Manuela me prometió, las duchas era lo mejor que tenían, así que me entretuve duchándome antes de salir a tomar más cerveza y picar algo. Dentro del camping claro, en su pequeño puesto, porque mi rodilla cada vez estaba peor.

Me acerqué y pedí pizzas y cerveza. Había ambientillo y entre tanto conocí a mi nuevo compadre sevillano; Sebastian. Charlamos y bebimos. Seguimos bebiendo. Cerveza, claro. Comentamos un poco como nos estaba yendo el camino y entre tanto me ponía hielo en la rodilla. En esto, llegó otro grupo de gente que sorprendentemente estaban bastante más borrachos que nosotros.

Siempre hay alguien que lo hace mejor que tú. Venían de cenar, decían. Se sentaron con nosotros y su cuenta empezó a engordar. Fue bastante divertido, mi nuevo colega y yo nos mirábamos a veces incrédulos. Pasadas cuatro o cinco rondas de cubatas, se fueron a la tienda como pudieron, literalmente. Nos quedamos el compadre sevillano y otro valenciano que entró con el famoso grupo. Aún aguantaba el tipo y nos contó la que habían preparado en el restaurante.

Eran más de las doce de la noche y decidimos irnos a nuestra tienda. A esas alturas ya no podía ni doblar la pierna. Mañana estará bien, pensé, mientras el sueño se apoderaba de mí.

Después de atusar a mi compañero para que dejara de roncar un par de veces, salió el sol en Pedrouzo. Espere a que ellos se fueran para operar más cómodo. Incluso me duche con agua caliente, estiré las piernas y me puse crema en la rodilla. Le dí los buenos días a Manuela, mientras su marido hacia cuentas en el bar del camping y me saludaba. Un café con leche y lo que tengas para comer. ¿Me puedo sentar a desayunar contigo, hijo? ¿Cómo está tu rodilla? Con ese acento gallego que a mi me suena tan bien. Le comenté que mal, pero que lo tenía que intentar, total era el último día. Le pregunté por el negocio, ya que no era un camping al uso y se veía todo muy nuevo. En un terreno grande habían plantado tiendas de campaña, un barracón para los baños, una piscina portátil grande, unas mesas y un bar rollo truck food donde daban cerveza, café y comida.

La verdad que fue el desayuno más agradable de toda mi semana de vacaciones. Me habló que ella trabajaba de funcionaria y que era su mes de vacaciones. Que algo de dinero que tenían lo habían metido ahí porque su marido ahora no estaba trabajando. De vez en cuando su hijo les echaba una mano. Se les veía gente trabajadora y afanada.

Creo bastante difícil estar con gente más atenta y amable, la verdad sea dicha y escrita. Entre tanto nos despedimos y yo les regale un saco que había traído ya que no lo iba a utilizar más y así me quitaba un poco de mochila. Nos despedimos cruzandonos palabras bonitas y prometiendo que volvería, promesa está que aún debo pero no olvido.

Aproximadamente anduve doscientos metros pero tardé una barbaridad. Quería acabar en Santiago por mis propios medios pero era imposible. Mi pierna derecha estaba rígida, la cadera se me iba a cargar al hacer contrapeso… No tenía sentido. Me dolió en el alma pero me tuve que volver. Parece una tontería pero cuando estás haciendo el camino y darte cuenta que no lo vas a poder terminar es bien jodido. Así lo fue para mi que casi me arranco a llorar.

¿No pudiste verdad hijo? Si es que no puedes andar. La verdad que no Manuela. Llamó por teléfono, preguntó al marido, todo lo que hizo falta. Al final me dió varias opciones, y decidí ir en taxi, no quería mover un dedo más. Charlamos otro rato y me invitó a otro café. No me dejó pagarle, mejor dicho. Al cabo de un rato llegó el taxi y me disponía a irme. En eso que Manuela se acercó y nos volvimos a despedir dándonos dos besos por la ventanilla. ¡A este me le cuidas bien eh!, le decía al taxista mientras arrancaba. Mentiría si no digo que casi vuelvo a romper a llorar.

Entre decepción de no poder acabar el camino y el irme de allí y encima en taxi… Intente reciclarme y antes de llegar a Santiago ya estaba de mejor humor. Era inevitable pensar en no haber podido terminar, pero me quedaba con la suerte de haber estado en aquel camping, haber conocido a Sebastián, con el que luego comí en Santiago y el negocio de Manuela y su familia. Estar sólo, fuera de casa, teniendo algún pequeño percance y sentirte igual de abrazado, es muy grande.

 
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Publicado por en 26 marzo, 2020 en Narrativo, Reseñas, Viaje, Vivencias

 

¿Todo (virus) tiene algo bueno?

Dejando claro que soy amigo del refranero español, hay algunos dichos que desde luego no hay por donde cogerlos. Decir que todo tiene algo bueno, es decir mucho.

Esta tarde hablaba con una buena amiga que vive en Florencia. Es sabido el número de infectados por coronavirus allí y como crece de manera exponencial. Cada vez el gobierno Italiano está tomando más medidas para intentar disminuir la propagación, incluso a última hora de hoy anunció el “aislamiento total del país”. La verdad, no sé lo que significa esto exactamente pero no suena especialmente bien. Pararlo parece realmente difícil ya que lo que más está sorprendiendo a los sanitarios es la rápida y fácil propagación.

Supongo, por como es la evolución, que en España antes o después seguiremos los mismos pasos que Italia, cierre de bares, museos etc, suspensión de actos públicos, clases y todo tipo de medidas más o menos eficaces. Porque realmente más que evitar la propagación, supongo que se intentará retrasar el proceso que por otro lado es casi inevitable.

Porque, más que evitar una propagación casi inevitable llegados a estas alturas, sospecho que lo que se querrá evitar es la histeria colectiva para que no se saturen hospitales, centros médicos o incluso tiendas. Tiene gracia, evitar la histeria en una sociedad ya histérica. Pero tarde o temprano pasará. La histeria, el coronavirus y todo. Supongo y espero. Quizá podrían haber tomado medidas antes, el gobierno italiano, español, el chino y todos ellos. Pero parece más bien un tarde, mal y nunca.

No tiene buena pinta lo que viene, desde luego y más sabiendo lo poderoso y peligroso que es el miedo en determinadas circunstancias y masas. No hay que ser alarmistas, pero sí realistas, cosa difícil en una sociedad que vive entre algodones y donde por suerte o por desgracia a veces nuestra mayor preocupación es el rayón que le hicieron al coche nuevo. 

Pero como me decía hace un momento mi querida amiga, ver la plaza de la catedral de Florencia o el casco antiguo vacío de las turbas de turistas que todo tornan ordinario y que van arrasando a su paso, es algo demasiado bello. Incluso, cito textual “poder volver a disfrutar la dimensión real de mi ciudad, ser libres de caminar naso in su (nariz arriba, así decimos nosotros) sin tener miedo de tropezar con alguien y poder descubrir incluso un museo que nunca antes había visto”. Y la verdad que poder pasear por muchas ciudades de Italia, que bien conozco, vacío de gente, debe ser una delicia. Quizá sea de las pocas cosas buenas.

 
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Publicado por en 9 marzo, 2020 en Narrativo, Vivencias

 

Lisa y llanamente

Lisa y llanamente los hombres se enamoran de las mujeres y las mujeres se enamoran de los hombres. El mundo está hecho así. Eso pasa en cualquier circunstancia, si lo intelectualizar demasiado perdemos la poesía de la vida. En la inseguridad creo que en los hombres se les multiplica más la necesidad del amor. Tal vez por una instintiva razón de seguridad. Es una manera de querer la vida. Yo soy un viejo y me contemplo en los años potros que se fueron. Y bueno, la compañera es mi refugio de las tensiones y viceversa. A caso no será siempre el amor un refugio.”

José Alberto Mujica Cordano en, El Pepe, una vida suprema.

 

 
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Publicado por en 7 febrero, 2020 en Abstracto, Amor

 

Merlí y los peripatéticos

¡Me llamo Merlí y quiero que os empalméis con la filosofía!. Así se presenta el nuevo profesor de filosofía a su clase y así comienza la serie que le debe su nombre. Los peripatéticos, es decir, sus alumnos, toman el apelativo de la corriente filosófica de Aristóteles. Esta es sólo una de las muchas menciones a diferentes filósofos que podremos disfrutar. Sólo por esto, hoy en día merece la pena ver la serie, pero es una pequeña parte del montón de elementos que la adornan.

Transcurre en Instituto Àngel Guimerà, en la ciudad condal. Merlí se incorpora para dar clase a bachillerato y desde el principio con su estilo de ver la vida y de dar clase se apodera de la atención de sus alumnos. Su amor por la enseñanza y por plantear abiertamente las cuestiones pero sobre todo provocar a sus alumnos le hace especial. Esa provocación inteligentemente dirigida que les conduce a lugares de reflexión a veces de manera gamberra y contestataria muy interesantes. Es capaz, de manera gradual, de inculcar ese espíritu crítico, ese grito de “amor a la sabiduría” que es la definición etimológica de la Filosofía. Cuando la serie va avanzando ya en su segunda y tercera temporada su evolución personal y como maestro cambia. En ocasiones su cercana relación con los alumnos no siempre corre a su favor. Esto es un ejemplo de que la serie no es plana o naif y se ve envuelta en contradicciones que debe manejar. Contradicciones tan reales como la vida misma que de una u otra manera logra solventar ya que al enseñar, uno aprende, una de las máximas de la educación. Se agradece esa humanización de Merí a lo largo de la serie, dando no sólo inteligencia sino dignidad al personaje.

Para mi también es una gran serie porque toca los temas centrales de la vida, acompañándolos siempre por un autor o corriente filosófica a veces de manera contrapuesta y muy bien tratados. Por el Guimerà se deslizaran asuntos como la depresión, el suicidio, la homosexualidad, el consumo de drogas y alcohol, el sexo, la privacidad en redes sociales, la transexualidad, el bullying, los embarazos, la amistad adolescente, conflictos entre los chicos, fiestas desenfrenadas, la política, injusticias sociales, amor, desamor… incluso la muerte. Tema este último muy bien llevado. Algo que me parece importante y pedagógico. La misma serie hace denuncia sobre el tabú que a veces representa en nuestra sociedad y el error que yo creo que eso implica.

Conseguir que los chicos se empalmen con la asignatura, pasa por presentar las corrientes con problemas del día a día. Es decir, ir de lo concreto a lo abstracto, algo que todo profesor debería hacer. Es la manera por la cual Merí capta la atención y convierte filosofía en una herramienta de vida. Una herramienta útil para los alumnos. Esta es otra de las principales razones por la que merece la pena verla, porque despierta ganas de leer y aprender filosofía. Es capaz de transmitir la idea general de los pensamientos filosóficos más relevantes acompañados de humor. Así, no sólo hace valorar la importancia de la asignatura, a veces y desafortunadamente denostada en el sistema educativo o social, sino que alienta al espectador a plantearse cuestiones filosóficas. Las referencias y corrientes son muchas, desde Platón hasta Judith Butler, ya se pueden imaginar el amplio espectro. 

Sus personajes, alumnos, profesores, padres… tienen personalidad propia y están construidos con profundidad. Los hay de todo tipo, como la vida misma, reflejando una evolución interesante, a nivel personal y profesional así como su dinámica entre todos ellos que forman el microcosmos de Merlí. No hay personajes malos al cien por cien y excelsos al cien por cien. Esa escala de grises que los configura va cambiando y a veces es difícil cogerles el punto, algo que para mi da calidad a la serie: no utilizar o hacerlo poco los personajes tópicos o superficiales llevándolos al extremo.

Me encantan las críticas al sistema educativo, político y social, casi diría que es una serie contestataria y revolucionaria en ese sentido ya que lo hace de manera directa y fresca. No intenta decirte que tienes que pensar o inducir a un lugar determinado, más bien trata de hacerte pensar y repensar todo desde diferentes ángulos. Esta frase textual en una de las clase es un buen ejemplo: “El sistema educativo os quiere a todos aquí, presos, en el aula, para que mañana podáis ser productivos. Algunos tendréis la suerte de trabajar en algo que os agrade, pero la mayoría solamente contara los días que le quedan para irse de vacaciones”.

Por otro lado a uno no se le escapa el sentimiento de nostalgia que despierta pensar en aquellos años de instituto, de adolescencia, de descubrimientos: de primavera eterna. Esos amores y desamores que con tanta pasión se dan entre los chicos. La serie muestra también el amor en las diferentes etapas de la vida. Nos deja ver el significado del mismo en los diferentes momentos de las vidas de los personajes y su manera de encararlo. El amor propio, el calor familiar y la amistad que para mí representan diferentes formas de amar y la serie así nos lo enseña. El amor, como decía arriba por la enseñanza también está presente durante toda la serie. Como la implicada y digna labor de un buen profesor puede inferir en la vida de algunos chicos y chicas. Dignifica la labor de esos maestros de buen corazón que intentan preparar y hacer mejor a sus alumnos y para mi representa una especie de homenaje merecido a todos ellos.

Por último me ha gustado y no quería pasar por alto un tema: me parece muy higiénica la manera de tratar uno de los elementos centrales de la vida: la muerte. No solo por la explicación filosófica del asunto, sino por cómo aparece la misma durante la trama y lo bien tratada que está. En uno caso de manera inesperada y en el otro de manera gradual donde los personajes pueden hacer un cierre digno a ese episodio de la vida y aprender sobre ello.

Por todo esto y mucho más merece la pena ver una de las mejores series sobre educación y filosofía que, al menos yo, he visto. Engancha y es muy divertida. Acabarás amando a personajes como la Calduch: la anciana madre de Merlí recitando poesía, a Pol Rubio o al mismísimo Eugeni. Pero sobre todo harás algo que se resume en una frase: “Aprender, transformar y divertirte”.

 
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Publicado por en 12 enero, 2020 en Amor, Narrativo, Reseñas

 

Anatomía de un Asesinato

Letra “Anatomía de un Asesinato” – Los chikos del maíz.

Dicen  que la esperanza se pierde tarde
Pero uno ya se cansa de luchar en balde
Cantando letras antiguas que aún siguen vigentes
Victorias  exiguas, sin novedad en el frente
Nos  dicen: Conforme está la actualidad
No os podréis quejar, os dan material de más para escribir
Pero  no quiero cantar a la necesidad
Quiero que no falte el pan, quiero dejar de sufrir
Quiero escribir sobre el arroz, sobre mis gatos
Pero si hay conflictos hay que ganar el relato
Y  que no lo escriban tertulianos de medios privados
Cuya ideología es la del amo y el poner la mano
La mía la interioricé en mi hogar
Viendo a papá marchar los lunes lejos para trabajar
Viendo a mamá limpiar la casa del burgués perro
Otro patriota más que siempre pagaba en negro
Por eso hoy canto con la convicción
De que la cultura es un arma de transformación
Por ello ante el opresor no calléis y alza tu voz
I es que el poble que canta mai no mor
Que nos censuren conciertos
Demuestra que tienen miedo
Que estamos en lo cierto
Que aunque la victoria sea sólo una utopía
La perseguiremos porque elegimos esta vida

Más bibliotecarios, menos policías
Menos empresarios robando la plusvalía
No hay Planeta B, no hay otra salida
Industrias contaminantes genocidas
Pijos de crucero se broncean al sol
Mientras el obrero muere, otro a golpe de calor
Más Belén Gopegui, menos Susanna Griso
Proletarios del mundo uníos, último aviso

Parias de la tierra en pie, hemos jurado vencer
Dispara al cerdo que explota
A Marcos de Quinto no se le discute, se le expropia

Parias de la tierra en pie, hemos jurado vencer
Despertar de la pesadilla
Cayetana, ese cuello pide guillotina

Otra familia desahuciada
Otra vida sin expectativas
Otro chivato vasallo del patrón
Malditas condiciones subjetivas
Otro año que no hicimos la revolución
Otro Rivera, otro Macron, otro trampolín
Saltaste del Maravillas a la Operación Chamartín
Golfo malandrín, no nos toméis por gilipollas
Fusaro profeta de la izquierdita que no folla
Oxida braguetas, chaqueteros veletas
Polla grises, puretas, ETA, ETA, ETA
Mata a Jota y Los Planetas
Edu Galán deficiente, lacayo
No eres políticamente incorrecto
Eres un reaccionario
Traigo magia, no trucos
Lágrimas de clase media
Me las bebo y luego las escupo
Tengo el cupo llenito a rebosar de monguers
Piso con garbo con la Harrington o con la Bomber
Di mi nombre, estoy on fire
Aquí somos de los Berri, no de Alfred y Amaia
Vas de canallita y eres un canalla
Dani Mateo vendería a su madre por seguir en pantalla
Más Marx y Engels, menos influencers y youtubers
Viva el taxi, que se joda Uber
Que todo es plástico, decadencia y mugre
La libertad guiando al pueblo y yo borracho en el Louvre

Anatomía de un asesinato
Son coches de lujo para Ana Mato
Son tarjetas black de Rodrigo Rato
Son másteres falsos en la Rey Juan Carlos
Somos el pueblo contra los privilegiados
Se levantan las hambrientas y los desahuciados
Y aunque ellos ejerzan la violencia de estado
Nos quitaron todo hasta el miedo a sus disparos

Parias de la tierra en pie, hemos jurado vencer
Dispara al cerdo que explota
A Marcos de Quinto no se le discute, se le expropia

Parias de la tierra en pie, hemos jurado vencer
Despertar de la pesadilla
Cayetana, ese cuello pide guillotina

Parias de la tierra en pie, hemos jurado vencer
Somos la sal de la tierra
Parias de la tierra en pie, hemos jurado vencer
Somos la sal de la tierra

 
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Publicado por en 10 octubre, 2019 en Abstracto, Canciones, Música, Politica

 

¿Dónde miras tu?

Cuando uno ha vivido lo suficiente, en tiempo y experiencias y es capaz de sentarse a observar silencioso y de manera profunda a la gente, descubre información interesante. Interesante sobre los demás y sobre uno mismo, porque en lo elemental, somos todos la misma cosa. Es decir, nuestra naturaleza nos iguala en lo básico y fundamental y eso hace que mirando a otros encontremos respuestas que nos sirvan. Afirmar que hay dos tipos de personas es obviamente reducir la realidad a una caricatura pero es cierto que en esta ocasión puede ayudar de manera general a entender la idea que quiero explicar.

Imaginemos que alguien hace unas vacaciones maravillosas por la Costa Oeste de los Estados Unidos durante un par de semanas, o por el sudeste asiático, o por cualquier ruta estupenda. Imaginemos que durante ese viaje, una de las personas que lo hace retransmite por sus redes sociales cada momento que vive del viaje. Me refiero a un nivel de exposición medio alto. No es difícil imaginar, porque mucha gente lo hace en estos momentos, especialmente por Instagram. Ahora pensemos en esa misma persona, que disfruta igual del viaje haciendo sus fotografías por supuesto, pero sin retransmitir su viaje. ¿Cúal podría ser la diferencia? ¿Mucha o poca? La verdad que no tengo una respuesta concreta, solo una reflexión.

Es evidente que la parte social que existe en todos nosotros es un instinto fuerte y la necesidad de formar parte de un colectivo nos lleva en algunas ocasiones a lugares donde quizá no nos sintamos plenamente identificados individualmente pero al menos si disminuimos esa necesidad de pertenencia que nos hace sentirnos solos. Para darse cuenta de esto, hay que tener un mínimo de nivel de conciencia y una manera poco estrecha de interpretar la realidad. 

Pienso que todo esto juega un papel fundamental en el ejemplo que ponía arriba sobre la misma persona y distintos comportamientos “sociales” durante un determinado viaje. Sociales entre comillas porque digamos que ese “yo” es un yo virtual similar al yo social, pero aún más alejado de la realidad tangible. Un yo al más puro estilo Black Mirror, que como poco, da un pelín de aprensión. 

Procuro, por higiene mental, no juzgar a la gente, casi mejor es entender. La observación nos da claves interpretativas. Al hacerlo, en el ejemplo del viaje, pienso que la persona que está continuamente exponiéndose, está mirando más hacia afuera que hacia adentro. Es decir, está mirando más la reacción del entorno y lo que es ella para los agentes externos, que mirando hacia su misma persona, sus propias afinidades y asimilando la vivencia con presente. No digo que sea un problema conductual: de hacer algo, sino de porque hago o no determinadas cosas. El origen de mis acciones.

Quizá sea por eso la reiteración al etiquetar y entender la vida a través de rótulos externos que nos quitan la posibilidad de profundizarnos y entendernos dejándonos tristes conceptos. Robandonos así la oportunidad de construirlos nosotros mirando hacia adentro, algo que sospecho potencialmente peligroso para la buena vida de uno. Lo sabían ya en la época griega, que todo, desde el enemigo más furibundo al aliado más amable e importante lo llevamos adentro. Por eso merece la pena mirar siempre más hacia adentro de uno mismo y adentrarse en las inmensidades del ser completo y complejo que cada uno de nosotros somos y buscar nuestra verdad. Creo que es ahí donde esta la libertad. 

 
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Publicado por en 19 julio, 2019 en Abstracto, Vivencias