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Nos volveremos a ver

Hace ya más de cuatro años que empecé a escucharlos y nunca pensé que después de este tiempo nacería en mi esta gana de escribir cosas tan bonitas como las que intento a continuación. Esto es, sin duda, una carta de amor. De amor a la música, concretamente a La Raíz y a toda la gente con la que he tenido el placer de compartir su música y sus conciertos. De una manera u otra son la banda sonora de mil momentos de mi vida y seguro que también de muchas otras personas. Brutal como nos puede acompañar una canción en un determinado momento de nuestra vida. Brutal como escuchando dos acordes nos puede devolver de golpe a ese momento y a esas sensaciones. La primera vez que compartieron conmigo una canción de la Raíz fue el principio de una historia de amor. La verdad que sí, que teníamos una canción pendiente porque no teníamos miedo a buscarnos. Todos nos enamoramos con alguna canción al menos una vez. Incluso si se nos da bien podemos incluso despedirnos, diciéndonos que nos volveremos a ver, con ellas.  

Gracias. Por cada concierto que he podido vivir, ya fuera en el Viña, por Madrid, en Valladolid, en Murcia, por Comunitat Valenciana o por Cataluya… incluso en Londres. Ha sido un placer vivir conciertos de todo tipo: desde macro festivales a salas o pueblos pequeños. Cualquiera de ellos tenía su encanto, por brutal aforo o por más intimo. En cualquier caso, da igual, la magia la lleváis vosotros con vuestra música y con vuestro compañerismo. Por poder cantar a viva voz cada canción sintiéndola tanto. Algunas con los pelos de punta. Por esas letras, que en cada disco producido han ido subiendo la calidad y convirtiéndose cada vez en más comprometidas, señalando exactamente donde había que hacerlo. Unas letras que me han acompañado en el amor, en el desamor, en la amistad, en los viajes, en el curro, en la conciencia social, ayudándome a ampliarla y en mil cosas más. No sabría decir la cantidad de kilómetros que he hecho con mi coche escuchando vuestra música. 

Es increíble, y cada vez más, la cantidad de gente que vamos a los conciertos. Cómo ha crecido el número de gente que, no solo conoce La Raíz, sino que se hizo adicta en este tiempo… Gracias por hacer de aquella chispa un incendio increíble, como decís en los conciertos. Ha sido un incendio bellisimo. Estos últimos años fueron y son una locura que he podido vivir y ver. En Vallecas que no se cabía, en San Sebastián o Vicálvaro… Me pregunto cómo os debéis de sentir en un escenario donde miles de personas cantan tus letras con el fervor que lo hacemos nosotros desde abajo. Sinceramente no lo sé, pero sé que os lo merecéis. Os lo merecéis porque sois auténticos por no venderos a la industria, como a veces decís y es la verdad, que es el camino fácil para que te conozcan. A vosotros se os conoce por algo que es vuestro y nada tiene que ver con modas, ventas y marketing. Por decir exactamente lo que queréis decir y ademas con un ritmo buenísimo. Sois el ejemplo de que no hace falta publicidad masiva para que miles de personas bailen y canten vuestra música. Es por eso que tenéis un público tan fiel, porque las cosas auténticas, que son de verdad llegan más puras al centro de las personas y no se marchan con facilidad. Os llevamos dentro.

Gracias por hacer cada canción especial. Todas tienen algo. Algunas por estar casi hechas para uno y parecer que le hablan de su vida. Otras apuntan perfectamente la hipocresía que vivimos en diferentes capas y la denuncian. Gracias por llevarnos con vosotros al lado de los rebeldes. Por las noches en babilón donde bailan las conciencias y nos une un corazón. Porque nuestra nación es la literatura de esa locura del hidalgo de la Mancha. Como decís, la única patria digna es la que abarcan mis manos, un micro y con mis hermanos. Por soñar con mil dulcineas de cada región sabiendo que jamás quemaran nuestra pasión. Por cantar a África con los dientes del león y escuchar el grito latinoamericano, recordando que no tienen miedo a la muerte los pueblos de fe. Por denunciar a los buitres y jilgueros, que, de verdad, parece mentira, pero no dan solución al problema. Por celebrar que llueva en semana santa ¡No nos venderán esos castillos en el aire! Por poder ayudarme a cantar a alguien que esta noche me quedo a dormir, bien caliente y bien cerca, de todo corazón. También que si te encuentro gritaré que prefiero verte que ganar la guerra. Y que nunca se acabe esta noche, porque nos comeremos la vida en cualquier portal, porque hoy la luna se queda, borracha y callejera. Gracias por hacer el mejor tributo a las brigadas internacionales con un tema precioso que nos pone los pelos de punta: se canta sólo en los conciertos: es increíble vivido en directo. Por ser los hijos de los versos, de los poetas y los presos, y querer luchar cuerpo a cuerpo siendo peones. Por el tren huracán, la radio clandestina y vuestras canciones: que tienen vida. Es una sensación muy bonita bailar en la hoguera de los continentes. Infinitas gracias por cantar para levantar la marea a contra corriente y que suenen las voces. Por hacer vibrar a tanta gente en cada concierto. Sois muy grandes. Colaborar con Zoo, Los Chikos, La Pegatina, Auxili, Hechos Contra el Decoro, La Gossa Sorda o con Facu Díaz… os hace aún más grandes a todos, cabrones. Gracias.

Hay dos cosas que han sido y son increíbles siempre. Compartir o hacer que una parte de mi gente descubriera vuestra música, aún advirtiéndoles de que engancha. Luego venían llorando porque sois, en el mejor de los sentidos, como una droga que no podían dejar de escuchar. La otra es compartir vuestros conciertos con esas mismas personas. Es muy divertido bailar al ritmo de esa trompeta y el trombón que suenan genial. Bajo el ritmo de la batería, la guitarra o el bajo. Cuantos litros de cerveza, sudor y garganta desgastada en cada concierto. Y que bien gastado. Como mola cantar tan a viva voz. Qué manera tan brutal de empezar los conciertos con esos acordes entre poetas y presos: no somos mil manos, somos siempre muchísimas más.

Gracias por meter el dedo y por hacer reflexionar con letras comprometidas y finas. Es un gran regalo para todos, especialmente para la nueva generación joven que os empieza a escuchar con tanto impulso. Era difícil pensar que un grupo de música podía hacerme sentir tanto y tan bien por tantos motivos como para viajar a veros a un montón de sitios y cada vez con más ganas. Y comprobar que a tanta gente le pasa lo mismo y cada vez más. Me encanta ver en los conciertos gente de varias generaciones cantando vuestras canciones desde tan adentro, no se puede ser más transversal. Como una vez dijo Silvio Rodríguez, la música no hace la revolución, pero ayuda.

Este año 2018 La Raíz hace una parada merecida. Esperemos que no sea por demasiado tiempo. Saber que, al menos de momento, esto tiene un fin, me permite exprimir, saborear y vivir cada concierto muchísimo más aún. Por si no lo había dicho antes, gracias por todos estos momentos. Gracias por que sea tan fácil escribir algo tan bonito. Serán noches distintas, pero guardo una botella en la despensa, guardo sin tocar las ganas de volar. Porque lo que es seguro es que nos volveremos a ver cuándo salgamos del túnel e incendiaremos el mundo otra vez. De nuevo: ¡Gracias Raíz!

 
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Publicado por en 12 septiembre, 2018 en Sin categoría

 

Esa mirada

Tiró el cigarro por la ventanilla sin echar cuentas de lo que podía pasar. Un segundo después reflexionó sobre lo que acababa de hacer. Pensó que podría haber sido un error ya que aunque lo había dejado caer en una pequeña explanada de tierra donde estaban aparcados, les rodeaban los árboles y la vegetación del campo. El final de la primavera había sido seca y esa semana que llevaban de verano aún más. Pero se convenció de que si después de cinco minutos no veía rastro de fuego, no ocurriría nada. A fin de cuentas era de noche y si eso pasaba sería demasiado claro como para no verlo. Aunque se quería ir lo más pronto posible, no tenía ganas de vestirse y salir del coche para apagarlo. El silencio entre ellos era absoluto. Estaban en la parte de atrás del coche sentados. Ella se recostó encima de él en posición fetal y de medio lado mientras lo abrazaba. Aún no habían pasado cinco minutos desde que habían tirado el cigarro.

– Venga vámonos – Dijo mientras intentaba levantarse de la posición semitumbada en la que estaba.

– Espera un poco más. – Replicó ella.

El se quedo callado por unos momentos. Estaba demasiado cansado. No tenía ganas ni casi fuerzas para meter prisa aunque no le apetecía demasiado continuar allí tras el cigarro de después. La idea de anticipar un incendio le ayudó a procrastinar unos pocos minutos más.

– ¿No tienes prisa… no te espera tu novio? – Preguntó jocoso, sin estar interesado en la respuesta, por matar un poco el tiempo.

– Ya sabes que no. Ni siquiera es de aquí. – Tranquila pero sobria.

– ¿Y qué pasa, no te gusta estar con él? – Volvió de nuevo, sin demasiado interés.

– Claro. Me gusta estar con él… Y me trata mejor que tu. Tu no me dices nada bonito… él me regala cosas… y me dice cosas bonitas. Es muy mono.

– Claro…

Ella estaba en lo cierto y él también era muy consciente. Su relación tenía un límite muy claro donde los dos estaban de acuerdo y les hacía no abandonar la empresa. Tenían una diferencia de edad de algo más de diez años y él no estaba dispuesto a aguantar más de lo imprescindible las atenciones inmaduras de una niña que apenas había empezado a vivir. Sentía pereza mental al pensarlo.

– Tienes razón. – Dijo convencido para a continuación fruncir el ceño – De todas maneras… hay algo que no entiendo… ¿No lo haces con él?

– Claro, claro que lo hago. No le gusta tanto, ni a mi a veces tampoco. Pero bueno… no sé, me gusta con él.

– ¿Pero porque conmigo si…? Como hemos hablado alguna vez, es casi lo único que podemos hacer, en lo demás, no tenemos nada en común..

Ella se quedó por unos momentos pensativa. Como si hubiera visto una luz. De repente le cambio la entonación. Su actitud y tono infantil desapareció por un momento. Por esa única vez desapareció. No parecía ella; primero habló su silencio reflexivo, después verbalizó.

– Es por cómo me miras. Por cómo me tocas. – No era ella la que estaba hablando, estaba hablando una mujer a través del cuerpo de una chica que apenas tenía la mayoría de edad.

Un par de minutos más tarde estaban vistiéndose y arrancando el coche. Finalmente parecía que, al menos por su culpa, el monte no iba a arder aquella noche. No podía parar de pensar como una cría, que lo era por edad y por vivencias, de conceptos tan simples como ella era, podía tener esa información. No le había dado tiempo a vivir ni experimentar tanto como para entender lo que acababa de decir, era imposible. Pero sin embargo no había duda de que sabía que estaba diciendo. Pensó en el tiempo y las experiencias que él necesitó para aprender e interpretar ese tipo de claves y miradas. Claves que muchos tardan años en aprender y reconocer. Entonces recordó algo que había escuchado hace tiempo. Algo que tenía que ver con una especie de inteligencia genética de la mujer. Que pese a haber mujeres muy estúpidas o infantiles, tienen esa sabiduría hereditaria que se da en la mujer de manera innata, a veces, sin saber que la tienen, de la cual los hombres carecen. Y aquel momento de lucidez y sabiduría de ella, pensó, se explicaba quizá por aquellos motivos.

 
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Publicado por en 29 agosto, 2018 en Sin categoría

 

El cerebro es muy puta

Hace unos días estaba escuchando la vida moderna, el programa de la cadena SER y hubo un momento en el que Ignatius contaba que había utilizado unas gafas de realidad virtual. Por lo que dice, estuvo como diez minutos con ellas y “empezó a perder el sentido de la realidad”, de modo que pudo observar que el cerebro se adaptaba rápido a lo que se le estaba poniendo delante. Desde esa reflexión el plantea como erróneo el hecho de que el cerebro tiende a tener unas posturas cuadriculadas e inamovibles, sino todo lo contrario.

Es un tema interesante y puede explicar muchas cosas, pero profundizar es difícil por la cantidad de elementos que le rodean. Si lo que propone Ignatius es cierto, quiere decir que somos realmente personas con cerebros muy plásticos y flexibles. Esto nos debería permitir admitir errores rápido y sin coste, cambiar de opinión si estamos equivocados, no sufrir en exceso ante determinadas situaciones y continuar adelante, evitar conflictos por diferentes ideas etcétera. Hay mucha gente capaz de esto, pero mucha otra por defender una idea es capaz de matar. Incluso a menudo, más que defender una idea, defender el tener razón.

Como apunta Fromm en El miedo a la libertad, “El hombre moderno se halla en una posición en la que mucho de lo que él piensa y dice no es otra cosa que lo que todo el mundo igualmente piensa y dice; olvidamos que no ha adquirido la capacidad de pensar de una manera original”. Esto ocurre porque en parte, para socializar, por un lado y para obtener el sentimiento de pertenencia debemos construir o se nos es construida una realidad común. Un lugar desde donde entendernos de manera efectiva basada en una misma subjetividad. Es decir, una manera de mirar el mundo y nuestras realidades. Eso simplifica la realidad para su utilización colectiva y en masa. Cuando es dirigido por las élites es lo que Gramsci entiende como hegemonía.

Al ocurrir esto, el pensamiento y la terminología tiende a unificarse en un mismo sentido común. Aquí llega una de las posibles explicaciones por las que la ideología o la cultura no nos permite o nos dificulta ser más flexibles: el miedo a cambiar de opinión. Pensamos que si estamos equivocados somos más tontos y creo que no es así. Es justo lo contrario. El que, entre comillas, pierde una pelea verbal o argumental, realmente es el que ha ganado: porque aprende. La persona que tenía razón se queda como estaba y en esa ocasión no pudo aprender nada, mientras que el que estaba equivocado gana un conocimiento o aprendizaje, siempre que esté dispuesto a cambiar la manera de pensar. Además, como afirmaba el maestro, Galeano, “No vale la pena vivir para ganar, vale la pena vivir para seguir tu conciencia”, y yo añadiría: para aprender. La capacidad de aprendizaje es lo que nos permite vivir con las comodidades que disfrutamos y la que nos diferencia en mayor medida de los demás seres vivos. El miedo al sentimiento de no tener razón o estar equivocados nos impide ver una realidad desde otro punto de vista diferente, empobreciendo nuestra manera de pensar, entender y analizar la realidad.

Es también importante mencionar que no somos nuestras ideas ni somos nuestros pensamientos. Es decir, nuestras ideas solamente son creencias que hemos adquirido a lo largo de nuestra vida, especialmente en la niñez a través la educación en los entornos más próximos: en casa y en el colegio, y todo lo que se nos ha sido inculcado y se nos es inculcado durante nuestra vida. Algo que para nosotros es una especie de certeza. Con la que operamos e interiorizamos como verdad absoluta. Es más, pensamos que nos aporta seguridad el tener razón o no cambiar de ideas, pero realmente es una falsa seguridad porque finalmente no son realidades categóricas y verdaderas, solo son barreras que, otra vez, nos dificultan tener una mentalidad más flexible y adaptativa.

Por otro lado, la idea tener una opinión o visión que no comulga con el sentir general o hegemónico nos produce otro miedo: el perder el sentimiento de pertenencia y de socialización. Esto tiene que ver con esa batalla entre personalidad y la relación con los demás. A la hora de comunicarse y tener relaciones sociales siempre es más fácil desde una forma de pensar y cosmovisión compartida, aunque en parte ceda mi pensamiento propio. Es más sencillo y más rápido porque no hay que exponer ni profundizar en nada, pero nos vuelve a impedir flexibilidad y ejercicio mental. Este miedo puede hacer que se defiendan causas comunes no por el hecho de creer firmemente en ellas, sino por sentirse y ser parte del grupo y participar de él. Varios gobiernos a lo largo de la historia, entre ellos el del tercer Reich, aprovecharon y aprovechan esto para gobernar. Gente defendiendo causas en contra de sus propios intereses o de los intereses generales.

La barrera individual del temor a no tener razón y a la falsa seguridad junto con la barrera del temor a encontrarse solos; son los obstáculos que de alguna manera nosotros le colocamos al cerebro. A un órgano que físicamente está preparado, como dice Ignatius, para adaptarse de una manera sistemática y rápida. Parece entonces tener razón cuando, entre bromas, afirma que “El cerebro es muy puta” y creo que somos nosotros a través del mayor grado de consciencia los que debemos ayudar a que eso sea así en la mayor medida posible. Intentar no ponernos barreras a nuestro órgano más preciado y potente, algo que es sencillo de entender pero un poco más difícil de llevar a cabo. Quizá sea porque, aunque entendamos la parte racional, poco podemos conseguir si emocionalmente no sabemos manejar los miedos que nos impiden dejar al cerebro trabajar. Volvió a acertar Galeano sosteniendo que somos seres sentipensantes y que cualquier pensamiento es antes un sentimiento. Somos razón y corazón de una.

 
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Publicado por en 12 julio, 2018 en Abstracto

 

Humor y revolución

Si nos paramos a pensar un minuto, todos conocemos a más de una persona que siempre está entre bromas. Gente que utiliza el humor como vehículo comunicativo para ser más dinámico, divertido, pero sobre todo eficaz, en sus relaciones, ya sean personales, profesionales o de cualquier tipo. Hay muchísimos textos que correlacionan el humor y la inteligencia. Apuntan también a que, especialmente a los hombres, nos hace más atractivos. Pienso que tanto a hombres como a mujeres nos hace mil veces más atractivos. Rebaja la tensión siempre, funcionando como lubricante social.

El mundo es incierto e inexacto a menudo y eso lo deja sin definiciones sencillas. Presa de etiquetas facilonas para nuestro cerebro que se empeña en asignar por puro mecanismo de almacenamiento e interpretación del mundo exterior a él. Pero si no tienes definiciones, todo está más abierto y puedes jugar; tomarlo con filosofía y enriquecer más nuestra realidad. Tiene que ver con alzarse por encima del error de lo literal y superar la categorización unívoca de las cosas. Con el humor ensayamos y soñamos nuestra forma de ver el mundo y le ponemos dirección. “Entre broma y broma la verdad asoma”, dice el refranero. Obviamente, hay muchas cosas que son más fácil decirlas entre bromas.

Puede utilizarse en situaciones donde se tiene menos confianza de manera y actúa como inclusor. También pueden utilizarse entre conocidos donde las bromas o conceptos tienen significados negociados y por lo tanto eficaces, es decir, donde hay una intersubjetividad previamente creada. Como escribía en el párrafo anterior, esto permite a varias personas, ya sean dos o más, explorar y profundizar en algunos temas más tabúes, donde las analogías imponen un extra de flexibilidad mental para entender la realidad como un ente no unívoco. O al menos de darle una interpretación relativamente diferente o crítica a la hegemonía. Ademas, el humor le resta solemnidad a los idiotas, que son más peligrosos que los malvados.

Existen muchos temas que, aunque importantes, causan recelo y tensionan una conversación, como los sociales o políticos. Por ejemplo, a nivel ético, lo que está claro y es evidente pero los poderes fácticos lo presentan como imposible, el humor se convierte en un agregador importantísimo. Es decir, programas como “No te metas en política” o “La vida moderna” incluso “Polonia” (sobre la hegemonía nacionalista, de la que no estoy en casi nada de acuerdo), lo pretendan más o menos o no lo pretendan nada, hacen más y suman más por los procesos de reeducación y planteamiento de la izquierda o del pensamiento crítico que muchos políticos de manera seria y canónica. Por muy acertado y bueno que sea tanto su diagnostico como su discurso. Aunque tenga todo la razón del mundo. Por comparar con la música, como comento Silvio Rodríguez; las canciones no hacen una revolución, pero agregan a su sentido común.

No se trata de dar una respuesta, sino de plantear las preguntas que deben ponernos en movimiento. Porque realmente no hay un final, sino un camino. Por eso es importante aprender a reírse de todo, porque todo forma parte del camino. Por eso y porque es finita nuestra vida se debe relativizar. Es por eso que realmente el humor, aparte de aportar bienestar físico y equilibrio mental debe convertirse en revolucionario. Revolucionario en el sentido crítico. Que permita entrar en los entresijos de todo para deconstruirlo y nos ayude a pensar y a cambiar lo que deba ser cambiado.

 
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Publicado por en 26 junio, 2018 en Abstracto, Politica

 

Mass Mierda

Letra “Riot Propaganda – Mass Mierda”

Cuelgan su bandera del balcón
Puigdemont a prisión y Piqué fuera de la selección
No son patriotas, no, tan solo reaccionarios:
Patriota es quien pone su cuerpo para parar un desahucio

Mercenarios, controlan los medios
Defendiendo al empresario y enfrentando al pueblo
Y el enemigo está en un banco, Patricia Botín
El enemigo está en un barco del Coyote y Piolín

A resistir como Alfon, como Laura, como Alfredo, como Nahuel
Como jóvenes de Alsasua, por la causa, y contra el terrorismo
De Pablo Motos en prime time fomentando el machismo

Más periodismo, te lo dicen y a ver si cuela
Si tragas y lo toleras en lugar de cuestionar
Por qué conoces a quién preside Venezuela
Y no tienes ni idea de quién preside Portugal

Vamos a ganar y a cortar la cabeza del Zar
Y a quemar la sede del hogar social
Solo son nazis disfrazados de caridad
Y seguimos gritando:
¡Fascismo nunca más!

No volverán, no, os lo aseguro
La banda del crimen, talento puro
Guitarras, cianuro
Volvimos y aplicaron el 155
Y tú cancelando bolos como Pitingo

Enciendo las noticias y es un parte de guerra
Más periodismo es Kapuscinski, no Ferreras
Que no te enteras
Agitan odio contra Catalunya
Y te lo tragas sin pestañear y cuelgas la bandera

Y gritas a por ellos, mientras te están robando
No eres español, eres españolito
Los de las porras nunca serán de mi bando
Decir que la Sexta es de izquierdas
Sí que tiene delito

Oigo las penas, los gritos
Y pobres que trabajan y no escapan de la miseria
Y periodistas a sueldo del señorito
Exceso de información, psicosis, histeria

No necesito tu odio, tus patrañas
Nos gobiernan alimañas
Mientras suena el Despacito

España, capital Estambul
Al fascismo se le combate
Como hizo el chaval del polo azul

¿Quien estuvo ahí?
Hardcore y Tatami
¿Quien puso música a tu huelga?
¿Quien sonó en tu Mani?

Está trucado el juego:
Jóvenes de Alsasua
Llevan ya más prisión que Barrionuevo

Riot Propaganda termina y no tiene relevo
Nos vemos en los piquetes
2017 el año del bolardo
Las ojeras de Ferreras
El flequillo de Cristina Pardo

Los medios son el medio
De convertirte en eso
Que te aleja de ti mismo
Y te hace ser su reflejo

Alaba su existencia
Encúmbrales al cielo
Entrégales tu alma
Y cada día estarás más ciego

Inquisidores, martillo de herejes
Profesionales del asco y la náusea
Apologistas de la servidumbre
Propagandistas del asco y la náusea

Del asco, la náusea, del asco
Lo que no quieren que pase, no pasa
Del asco, la náusea, del asco
Vendan los ojos, tejen las mordazas

 
 

Cara al público

Al final de la calle más larga de Madrid esta una tienda de comida para llevar que visito al menos una vez a la semana. Los productos que utilizan son buenos y la comida es casera de verdad y normalmente hecha en el mismo día. Tienen una gran oferta y además menú diario a un precio muy competitivo. Buenos profesionales y gente agradable.

Hace un par de días a la hora de comer pasé por allí para llevarme lo mío. El sitio es bueno y aunque el servicio sea rápido te puede tocar esperar, pero no mucho más de cinco minutos. Pedí mi turno y me puse a esperar mientras observaba al personal. Se aprende mucho observando a la gente si se afina bien. El grueso de los clientes solemos ser gente que trabajamos cerca y también se ven muchos jubilados asiduos que por su condición de viejos, en el buen sentido del término, saben que la calidad precio es difícil de superar en otro lugar.

Hay gente que es demasiado puntillosa y pienso que está relativamente bien ser hasta cierto punto minucioso. Lo que es jodido es ser imbécil, aunque es más jodido aguantar a un imbécil. A menudo es violento el escuchar a uno. Pidiendo había un señor mayor que le podría calcular setenta años o quizá algo más. Era demasiado desagradable en el que y en el cómo hablaba. A medida que iba pidiendo le iba comentando a uno de los chicos que le atendía los fallos de los platos del día anterior etc. Mientras tanto el chico le despachaba con una sonrisa amabilísima.

Al final le pregunta sobre el postre y el señor le indica lo que quiere a la vez que le dice “el arroz con leche necesita mejorar”. Puedo asegurar que esta riquísimamente casero. Sobre lo que pensé en ese momento guardo silencio. Sobre todo, ya que no solo que por ese precio y ese producto es difícil encontrar algo mejor, sino que te permites el lujo de exigir, que lo hagan cien por cien a tu gusto, como si tú te lo cocinaras en tu casa. Y no solo esto, sino que, a todo esto, súmale malas formas y una manera especialmente despectiva de hablarle. Me hubiera costado mucho ser aquel dependiente en ese momento, pero me quito el sombrero después de lo que vi.

Sin retirar ni un segundo la sonrisa de su cara y hablando de manera cuidadosa, le pregunto por qué, he intentó y consiguió que toda esa mierda en cuanto a forma y a fondo que tenía el cliente, terminara siendo un alago para que ellos pudieran mejorar su comida. Así se lo presento al viejo al cual llego a darle las gracias antes de despedirse, tildándolo de cliente ejemplar. Esa dignidad y destreza para manejar la situación la he visto pocas veces. Ese tipo fue demasiado desagradable. En mi cabeza en ese momento ya habría aparecido cualquier fusil de asalto.

Puedo entender que hasta cierto punto el que paga manda. Puedo entender que cuides tu negocio, es decir, a la gente que se deja el dinero allí incluso cuando tienes un mal día. Pero es duro a veces, que aparte de puta te toque poner la cama de una manera tan descarada. He trabajado bastante tiempo de cara al público hace años y tiene muchas cosas muy buenas, pero otras que cuestan un poco más. A día de hoy me tocaría recuperar esa paciencia enorme que se necesita para batallar esas situaciones. Es de elogiar una actitud y una paciencia tal, ademas porque es la opción más inteligente.

Se dice que si quieres hacerte una idea de cómo es alguien de manera rápida, debes fijarte en cómo trata a un camarero. Creo que es cierto la gran mayoría de las veces. En una entrevista, Leo Harlem decía que todo el mundo debería trabajar cara al público mínimo durante un año de su vida. Creo que también tenía razón. Todos seriamos más respetuosos con la gente que se gana la vida atendiendo a un público que puede o no, ser maravilloso.

Por cierto, el sitio se llama “La casona selecta” en Canillejas.

 
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Publicado por en 24 mayo, 2018 en Vivencias

 

Ítaca

Sus ojos ya estaban húmedos. Aún quedaban cuatro líneas y tuvo que hacer un esfuerzo para continuar sin que ninguna lágrima cayera de sus ojos. Termino de leer el poema como pudo y le devolvió el libro mientras le revelaba lo bueno que le parecía. Le costaba trabajo hablar y busco su abrazo, que lo necesitaba y quería, antes que de que ella viese como rompía a llorar. Prefería hacerlo entre sus brazos, aunque en ese momento no pudiera interpretar exactamente qué ocurría.

Comprendía el significado y los matices que todas esas líneas representaban para ella y sentía también muy hondo el motivo que para él tenían. Un sentimiento de intimidad se despertó desde bien adentro. Venían de dos mundos diferentes, de dos vidas distintas. Dos miradas diferentes pero que se identificaban en un mismo poema. Diferentes sueños a concretar, reflexiones y asunciones que les permitían navegar en una misma frecuencia a través de un territorio tan bonito como la literatura. A través de un puñado de palabras que proyectaban una galaxia entera de significados comunes.

Y se fue. Se fue como ya había hecho otras veces antes. En busca de la aventura, para vivir, para reflexionar sobre la libertad, para sentirse, para encontrar nuevos compañeros y buscar nuevas batallas. También para estar en soledad. Y bebió de todo lo que pudo con la mayor sed del mundo intentando hacer a su vez con la calma y la visión de la madurez. Beberlo todo es inevitable y natural de alguien que quiere entender mejor el mundo. Inevitable para alguien que quiere entender mejor su mundo. Bebió de todas las fuentes y arroyos. Con los ojos atentos, las orejas alerta, con libros entre las manos y con la cabeza bien abierta donde poder meter cualquier cosa sin necesidad de etiquetar. Dispuesto a tener menos certezas del todo y más seguridades de sí mismo. Dispuesto, claro, a dudar, a caer y a seguir. Dispuesto a vivir.

Recorrió el sendero de los sentidos. Lloro y rió de alegría por todo su cuerpo. Sintiendo la tristeza inevitable de algunos momentos. Reflexionó, disfruto de la soledad y se perdonó sus errores. Porque evidentemente sin errar no se aprende tan rápido. O quizá no se aprende nunca. Se habló con sinceridad y se miró irreverente hacia las imposiciones de fuera como un episodio natural en su vida. Intento mejorar en el arte de quererse y de cuidar a la gente que encontraba en el camino. Sintió el aprecio de los desconocidos cuando se acercaba con humildad. Y se sintió el rey del mundo siendo cada vez más consciente de su minúsculo tamaño. Porque ya lo sabía, pero comprobó una vez más que en lo pequeño está lo elemental y lo sustancial.

Hizo el mundo un poquito más pequeño otra vez y aumento perspectiva gracias a la distancia. Y respiró. Respiro felicidad y al hacerlo llenaba sus pulmones de libertad. Busco a su amiga la plenitud y su amigo gobierno de vida y no siempre los encontró con certezas. Pero sintió paz y también contradicciones y dudas. Y miró la luna desde ese lugar. Donde, por más que se lo preguntase, no entendía porque sentía esa atracción. Ese lugar tan terapéutico como es el mar.

Aprendió a volver, algo importante, porque también en eso consistía irse. Y supo entonces que pese a la distancia, Ítaca no solamente se estaba en su cabeza. Cada vez que se iba y a medida que caminaba percibía con mayor claridad que se estaba apoderando de su corazón.

 
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Publicado por en 7 mayo, 2018 en Abstracto, Amor