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¿Dónde miras tu?

Cuando uno a vivido lo suficiente, en tiempo y experiencias y es capaz de sentarse a observar silencioso y de manera profunda a la gente, descubre información interesante. Interesante sobre los demás y sobre uno mismo, porque en lo elemental, somos todos la misma cosa. Es decir, nuestra naturaleza nos iguala en lo básico y fundamental y eso hace que mirando a otros encontremos respuestas que nos sirvan. Afirmar que hay dos tipos de personas es obviamente reducir la realidad a una caricatura pero es cierto que en esta ocasión puede ayudar de manera general a entender la idea que quiero explicar.

Imaginemos que alguien hace unas vacaciones maravillosas por la Costa Oeste de los Estados Unidos durante un par de semanas, o por el sudeste asiático, o por cualquier ruta estupenda. Imaginemos que durante ese viaje, una de las personas que lo hace retransmite por sus redes sociales cada momento que vive del viaje. Me refiero a un nivel de exposición medio alto. No es difícil imaginar, porque mucha gente lo hace en estos momentos, especialmente por Instagram. Ahora pensemos en esa misma persona, que disfruta igual del viaje haciendo sus fotografías por supuesto, pero sin retransmitir su viaje. ¿Cúal podría ser la diferencia? ¿Mucha o poca? La verdad que no tengo una respuesta concreta, solo una reflexión.

Es evidente que la parte social que existe en todos nosotros es un instinto fuerte y la necesidad de formar parte de un colectivo nos lleva en algunas ocasiones a lugares donde quizá no nos sintamos plenamente identificados individualmente pero al menos si disminuimos esa necesidad de pertenencia que nos hace sentirnos solos. Para darse cuenta de esto, hay que tener un mínimo de nivel de conciencia y una manera poco estrecha de interpretar la realidad. 

Pienso que todo esto juega un papel fundamental en el ejemplo que ponía arriba sobre la misma persona y distintos comportamientos “sociales” durante un determinado viaje. Sociales entre comillas porque digamos que ese “yo” es un yo virtual similar al yo social, pero aún más alejado de la realidad tangible. Un yo al más puro estilo Black Mirror, que como poco, da un pelín de aprensión. 

Procuro, por higiene mental, no juzgar a la gente, casi mejor es entender. La observación nos da claves interpretativas. Al hacerlo, en el ejemplo del viaje, pienso que la persona que está continuamente exponiéndose, está mirando más hacia afuera que hacia adentro. Es decir, está mirando más la reacción del entorno y lo que es ella para los agentes externos, que mirando hacia su misma persona, sus propias afinidades y asimilando la vivencia con presente. No digo que sea un problema conductual: de hacer algo, sino de porque hago o no determinadas cosas. El origen de mis acciones.

Quizá sea por eso la reiteración al etiquetar y entender la vida a través de rótulos externos que nos quitan la posibilidad de profundizarnos y entendernos dejándonos tristes conceptos. Robandonos así la oportunidad de construirlos nosotros mirando hacia adentro, algo que sospecho potencialmente peligroso para la buena vida de uno. Lo sabían ya en la época griega, que todo, desde el enemigo más furibundo al aliado más amable e importante lo llevamos adentro. Por eso merece la pena mirar siempre más hacia adentro de uno mismo y adentrarse en las inmensidades del ser completo y complejo que cada uno de nosotros somos y buscar nuestra verdad. Creo que es ahí donde esta la libertad. 

 
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Publicado por en 19 julio, 2019 en Sin categoría

 

Nos miramos

Quedan apenas unos minutos para que empiece a anochecer en el Parque del Cerro. A mi alrededor, grupos de amigos y parejas. El susurro de la gente suena agradable. Una guitarra en la lejanía me acaricia los oídos. Pocas veces vengo solo a este lugar. Fijo mi vista en la distancia y el sol empieza a ocultarse detrás del mosaico de edificios. Al verlo, acabo de recordar otra puesta de sol. Eso me hace dejar Madrid por un momento…

Cuba no es cualquier lugar, ni sus gentes, allí todo es un poco más. El sol se iba en Playa Ancón en nuestra última noche juntos en la isla. Nosotros no queríamos que se fuera. La tarde antes de que anocheciera tomamos helado, jugamos a que aquellos días no se iban a terminar nunca y probablemente nos enamoramos. Días eléctricos, sin miedo y sin dormir. Entonces no pensábamos en ello sin que eso quitarse verso a nuestra historia. Lo de pensar, lo hacíamos en lenguas distintas. Su inglés no era malo y el mío apenas era inglés.

Aquel viejo bar en Playa Larga, cinco días antes de nuestra última puesta de sol, nos hizo encontrarnos por casualidad una noche, solamente por unas horas, antes de que yo me marchase de allí. Entre medias nuestra, en la barra, un libro traductor del veterano camarero nos ayudaba. Luego nos ayudó la música y el ron. Al día siguiente me fui a Trinidad, ella vendría después. 

Y llegó, claro. Recuerdo su sonrisa limpia, su piel clara y sus ojos verdes. También su pelo rubio y ondulado hacia todos lados, que a veces me rozaba la piel. Recuerdo el efecto embriagador que Cuba tenía en nosotros y nos recuerdo a nosotros. Fuimos todo lo libres que quisimos, llenos de presente mientras nuestra melodía sonaba inocente y en clave exploradora. La isla nos lo puso  fácil. 

Sin mayor expectativa que vivir intensamente igual que lo hacen los críos, caminamos al ritmo de nuestros acordes por cada lugar, “subiendo y bajando”. Bailando. Nuestras pieles se querían y nuestros cuerpos se hablaban. Las manos se entrelazaban, como nuestras figuras, y parecían encajar como un puzle, cuando nos abrazábamos. Nosotros nos besamos mucho para no contradecir la manera en que los dos cuerpos se reconocían. Así pasaron los días hasta que ella se marchó.

Cuba no podía ser el final, pensamos. Demasiado fuego dentro nos empujaba. Demasiado como para negarnos el volver a mirarnos como nos miramos nuestra última noche en aquella isla con forma de caimán en el mar del Caribe. Después de aquello queríamos y podiamos abrevar demasiado. Cambiamos el sol cubano por la nieve de Praga primero y después la Kiev. Mi inglés mejoraba por momentos y no corría el invierno por nosotros. Después Madrid nos dio la bienvenida a la primavera…

Y de repente se ha terminado, ya es de noche en el Parque del Cerro. Creo que voy a abrir los ojos, no sé en qué momento los cerré. Puedo recordar su olor fresco y su sonrisa sabor a vida y ahora la siento cerca, como si estuviera sentada conmigo mirando las luces de los edificios. Qué bonito es Madrid en la noche desde este parque, nuestro último lugar juntos.

Es posible que después de Cuba nunca nos mirásemos igual. Mirarse como nos miramos aquella noche en Playa Ancón, fue algo tan hermosamente auténtico que únicamente sucede cuando Cuba y ciertas almas destinadas a ello se alinean.


 
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Publicado por en 5 julio, 2019 en Amor, Narrativo

 

Hablando de libros II. Andrés Montagut.

Andrés, aparte de amigo, es un escritor sevillano nacido en 1983 actualmente afincado en Barcelona. Es titulado en Ingeniería Técnica en Informática, además de haberse formado como guionista. Runner, viajero y cinéfilo, ha escrito varios cortometrajes y colaborado en proyectos audiovisuales. Tiene publicadas dos novelas, “El amigo español” y “Esencia de fatalidad”, ambos en mi biblioteca por supuesto.

— Como hemos hablado hace no mucho, ahora has parado un poco con las publicaciones, supongo que por que tienes otros proyectos, pero sé que sigues escribiendo y tienes material por ahí. ¿Qué es lo que más te motiva a día de hoy para ponerte a escribir?

Andrés: Mi última publicación fue hace tres años. Desde entonces he estado desarrollando otros proyectos, otras ideas, pero ahora mismo no siento que sea el momento de airearlas. Todo llegará.
¿Qué me motiva? Pues supongo que lo mismo que motiva a un corredor a llegar hasta la meta. Es mi forma de verlo, de sentirlo.

— El primer libro sé que fue una auto publicación, en el segundo ya contaste con una editorial. Cuéntanos un poco todo el proceso en ambos casos.

Andrés: Con la primera novela todo muy rápido y rudimentario. Demasiado, me temo. Nunca tuve en mente mandarla a ningún sitio. La opción de autopublicarla surgió de repente, navegando por la web. Con todo, puedo decir que el resultado fue positivo.
Respecto a la segunda, ya disponía de un estilo más depurado y quise explorar otras vías. Hice lo que todos: enviar propuestas a distintas editoriales independientes y esperar. ¿Por qué editoriales independientes? Porque las otras son sencillamente inaccesibles para los que no tenemos contactos en el mundillo. Hay que ser honesto con uno mismo y desgastarse lo menos posible.

— Obviamente he leído tus libros. Se leen muy bien y ambas historias no te dejan tranquilo hasta que las terminas. Con un punto dramático que, yo diría, forma parte de tu estilo, al igual que el tema de la intriga. ¿Cómo consigues enganchar así al lector?

Andrés: Ah, ¿entonces lo engancho? Me alegro 🙂
No creo que exista una fórmula para hacer que una historia funcione. Yo trato de escribir aquello que me gustaría leer. Y a veces lo consigo. Imagino que el estilo puede variar con el tiempo, pero está claramente influenciado por todo cuando has consumido como lector. Porque, seamos sinceros, hay que leer mucho antes de sentarte a escribir. Y después también.

— ¿Cómo construyes tus personajes y cuanto les prestas de ti?

Andrés: Hasta ahora me he centrado en historias donde todo gira alrededor de su protagonista. Es en el desarrollo de este papel donde invierto más tiempo, más detalles. Me atraen los personajes corrientes en situaciones extraordinarias; es ahí donde son visibles todas las aristas que conforman al personaje. Respecto a la segunda parte de la pregunta, considero inevitable transferir ciertos rasgos personales y emocionales a tus personajes, pero hasta cierto punto. Y no se trata de una intención expresa, más bien una consecuencia inevitable.

— Cuando empiezas a escribir una historia, ¿Tienes claro el final y la estructura o eres flexible en eso durante la creación de la novela? Es decir, ¿tus personajes te llevan a terrenos que al principio no sospechabas o los tienes bien controlados?

Andrés: Nunca he tenido claro el final de una historia cuando me siento a escribirla. Tengo muy claro el punto de partida de mi protagonista y los cambios personales que le voy a infligir. A partir de ahí voy creando escenarios que nos ayuden a recorrer ese camino.

— Corregir y volver a corregir, ¿Es lo peor de escribir?

Andrés: No sé si lo peor… Desde luego no es lo más glamuroso ni apasionante del proceso. Del mismo modo, eso sí, es necesario. Creo que fue Hemingway el que dijo que “el primer borrador de todo siempre es una mierda”. Creo que está claro este punto.

— ¿Qué es lo mejor de escribir?

Andrés: Esta es la pregunta más difícil que me has hecho. En serio. Y no tengo ni idea de cómo responderla. Quizá en el futuro.

— Esto te lo pregunte tomando cerveza un día… ¿Por qué escribes?

Andrés: Si te soy sincero nunca he tenido una razón o motivación especial para escribir. Un día decidí sentarme y esbozar algunas ideas. El resultado me gustó, entonces volví a sentarme al día siguiente. Es parte de la magia del proceso, ¿sabes? Supongo que no ser capaz de desvelar en qué consiste esa magia me mantiene enganchado.

— ¿Cuándo empezaste a escribir?

Andrés: Hace casi una década. Y ha pasado muy rápido.

— “La vida no basta, por eso existe la literatura”, ¿Estás de acuerdo? ¿Qué significa para ti la literatura y la poesía?

Andrés: La humanidad siempre ha recurrido a la ficción. Los pobladores primitivos se reunían junto a una hoguera para contar y oír historias. La literatura es un canal riquísimo para ello. Cada cual la toma y la digiere como buenamente puede.

— De la informática a la literatura…este tipo de saltos me suenan. ¿A qué vienen?

Andrés: No son saltos en sí, porque mantengo ambas actividades. Una me alimenta por fuera; la otra, por dentro. Si es que se puede decir así.

— ¿Cuáles son tus lecturas o escritores más recurrentes?

Andrés: Intento leer variado. En mis estanterías hay best-sellers y obras más conceptuales. Eso no quita que tenga mis preferidos, aunque cada vez me gusta menos ese término referido a un autor. Digamos que hay autores capaces de contagiarme la pulsión de escribir y otros que no.

— Muchas gracias por tu amistad, tu tiempo y por compartir este té, Andrés.

Andrés: Gracias a ti.

Enlace de sus libros:

 
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Publicado por en 1 julio, 2019 en Entrevistas

 

Excursión a Chernóbil

Este Abril estuve en Kiev durante tres días. Es una ciudad bonita para visitar, donde se puede disfrutar mucho de diferentes cosas. Cómo tenía tiempo suficiente y ya conocía la ciudad, aunque no me canso de ella y volveré seguro, decidí esta vez reservar un día para ir a Chernóbil.

Cuando lo comenté, la gente me decían, ¿Dónde vas? ¡Ten cuidado! Y la verdad que me lo pensé bastante porque no sabía hasta qué punto era peligroso para la salud. Estuve investigando y al final me decidí. Me llamaba demasiado la atención y habiendo varias empresas que lo ofrecían, no podía ser tan peligroso, sobre todo si sigues las indicaciones. Reserve el tour una semana antes de ir, ya que tienen que preparar alguna documentación.

Salimos pronto desde Kiev. Teníamos un par de horas hasta el área de exclusión. Durante el viaje en bus nos pusieron un documental sobre el accidente. En YouTube hay varios, incluido este, y yo recomendaría verlos antes. Personalmente toda la historia de la URSS me llama mucho la atención y este es un pequeño episodio dentro de todo aquello. Con alguna sospecha de secretismo sobre la versión real, como la aventura de la propia URSS.

Al llegar a la zona de exclusión, un área de unos 30 km, hay un control de pasaportes y con la documentación que te da la agencia con la que contratas el tour íbamos accediendo muy despacio. Parecía que estábamos entrando en otro país. Una vez hecho esto, subimos al bus y después de un ratito llegamos al pueblo de Chernóbil. Hicimos varias paradas, en la entrada, por el pueblo y los alrededores. Sobre todo había placas en recuerdo etc. Para mi la parte menos interesante aunque para empezar, es bien. Recuerdo que en el pueblo aún tienen una estatua de Lenin. De hecho la central llevaba su nombre. Después del accidente, evacuaron a la gente, pero años después algunas familias han vuelto allí. Ahora hay como unas 500 personas, gente mayor sobre todo que quería vivir y morir en lo que sienten su hogar.

Tras esto, carretera hacia el norte nos íbamos acercando a la central. De camino fuimos a una zona soviética secreta: Duga-3. Una área bajo control militar donde hay una mega antena o no se como llamarlo, que la utilizarían para diferentes pruebas etc. Hay algunas teorías conspiratorias, pero como siempre pasa en estos casos. La verdad que ver el mamotreto y los alrededores mola.

Seguimos acercándonos después de ver Duga-3. La central siguió funcionando hasta hace unos años pese al accidente. Aún quedan muchos operarios trabajando para labores de mantenimiento etc. Tengo que reconocer que tiene su puntito ver el mega sarcófago que han hecho y acercarse al reactor número cuatro. Por una lado por el hecho de estar ahí cerca justo donde fue el accidente y por otro el ver la pedazo de obra de ingeniería que es ese sarcófago de contención. Investigad un poco porque vais a alucinar, sobre la construcción, la instalación y el precio.

Tras las fotos de rigor, nos fuimos a comer. ¡Sí!, comimos en la central. En un comedor que parecía el del cole, comimos la típica sopa ucraniana (me encanta) y luego algo de carne con una especie de puré de patatas. Me sorprendió un poco el comer allí, pero luego entendí que no es la cercanía o lejanía solamente al reactor donde está el peligro, sino lo contaminado que esté ese área por la dirección de la explosión, del aire etc. Después de comer empieza lo más interesante.

Nos subimos al bus justo al lado del reactor paramos en una especie de cruce de caminos donde había una estatua memorial. Justo ahí la guía nos enseñó un bosque que quedaba a nuestras espaldas donde había carteles de peligro etc. Nos acercamos y puso el medidor de radiactividad en el suelo. Se disparó, pero se acercó unos pasos más y aún subía más. Ni siquiera sin entrar en el bosquecillo. Se ve que en esa dirección cayó la nube tóxica y era uno de los varios puntos calientes. Hay otro, en el pueblo de Pripyat, que visitamos a continuación que, aunque ahora menos, en su momento, estar metido allí en uno de esos puntos durante diez minutos era mortal.

Continuamos el camino y rápido llegamos a Pripyat. Era una ciudad soviética modelo que vivía de la central. Súper moderna y con la estética comunista habitual de propaganda. Interesante visitar esa ciudad fantasma. El colegio, las casas, la plaza central, el palacio de cultura, el parque de atracciones, la piscina, hoteles, el puerto, el cine etc. En el parque de atracciones habían algunos puntos calientes donde subía el marcador de radiactividad que daba gusto verlo. A mi fue lo que más me gusto. Estuvimos casi un par de horas por allí paseando. Sobre esto, lo mejor es ver las fotos. Aquí abajo pongo unas pocas para que también os hagáis una idea de la excursión. Sobre esta ciudad, informaros antes de el tema de los liquidadores.

Como resumen, os recomiendo ir, ¡Claro! Es una experiencia que a mi me ha gustado mucho y diría que es única. Me parece muy curioso poder pasar un día por allí. Hay varias opciones para visitar. Todas salen desde la capital y no son excesivamente caras aunque eso lo valora cada uno. Si lo comparamos con lo que vale comer o coger el metro es muy caro ya que por pocos céntimos tenemos un sencillo de metro en una ciudad tan increíble como es la capital Ucraniana. Si tenéis dudas o queréis preguntar algo sobre la excursión o tours en español en Kiev etc, vía tuiter, @fisherwriter o dejando un comentario aquí os escribo al correo. Yo Chernóbil lo hice en ingles pero algunos días lo hacen en Español.

 
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Publicado por en 31 mayo, 2019 en Viaje, Vivencias

 

Barrionalistas

Letra “Barrionalistas – LCDM”.

Tan solo son rutinas, vidas cruzadas,
En este mundo en ruinas, lleno de gestos, de miradas,
Vecinas, vecinos, la caña del domingo
Y José Fina dejándose la pensión al bingo,
El hijo del madero es un perdido,
Cincuenta kilos, tez amarillenta,
Y se ha comprometido con la hija del tendero
Y la lleva en moto a casa, El gramo a cincuenta,
Miradas hambrientas, el yonqui de los ochenta,
El gorrilla, el tonto del runner, la dependienta,
Recientemente despedida, un jefe ingrato, no tenía contrato,
Nada de Sindicatos en la tienda de zapatos,
El vendedor de cupones, la loca de los gatos,
Los ojos como platos, la realidad agobia,
Y el moderno del barrio va de aliado y le pega a la novia,
Fluctúan las historias y así sin darnos cuenta, la vida pasa,
El barrio y su memoria,
Y el chico del taller es gay y no lo ha dicho en casa,
Con sus manos llenas de grasa oculta su pluma,
“Yo no quiero un sarasa” grita su padre echando espuma,
“La culpa es de tu madre, esa dejada”,
Luego se va de putas y lo cuenta en el bar entre risotadas,
Es el cuento de la criada, sólo nos queda la protesta,
Vidas desperdiciadas, demasiadas,
Porque la realidad social no es como la ves en La Sexta,
Y esa muchacha sufre bullying porque está gorda
Y otro operario ha perecido currando en la obra,
No queremos las sobras, ni pequeños destellos,
Queremos todo lo que es bello.

El barrio, su gente, las miserias cotidianas,
A veces lo amas y otras lo detestas,
Repican las campanas,
Vamos a pegarle fuego a la casa de apuestas,
No te pongas el disfraz,
No te vamos a aceptar,
No vengas a hacer turismo,
Lárgate con tu puto paternalismo.

El barrio donde naces marca tu futuro,
Ser carne de cañón o vivir sin miedos,
Sin apuros, Unos saltando muros, otros puertas abiertas
Pero si fracasas te dirán que no te esfuerzas,
Así niegan el conflicto, compa,
Pero tu bolsillo y tu realidad, son otras,
Aunque ya no veas yonquis en las esquinas,
Están el casas de apuestas, la nueva heroína,
Y la vecina con gafas de sol,
Ocultando su vergüenza y su terror,
El mismo que escuchabas con gritos desde el balcón
Y siempre evitabas subiendo el televisor,
Pero al final otra vida se apaga
Y entre los vecinos ahora agacháis la mirada,
Pero ante los medios, nadie sospechaba,
“Parecían felices”, dice, “siempre saludaban”,
Que todos somos muy tolerantes,
Abiertos, con pleno talante,
Pero al niño lo apuntamos a la concertada
Para que no comparta plaza con los inmigrantes,
Maldita educación que recibimos,
Que prioriza al individuo sobre el colectivo,
Que nos prepara para ser una mísera parte
De sus negocios, de su cadena de montaje,
Así es el barrio donde yo nací,
Precariedad, sí, y paro juvenil,
Pero no somos un circo para entreteneros,
Largo de aquí, Hermano Mayor y Callejeros,
Que entre contradicciones y ruina
También tenemos orgullo de clase y empatía,
Y algún día tomaremos lo que es nuestro,
Ni paz entre clases ni guerra entre pueblos.

El barrio, su gente, las miserias cotidianas,
A veces lo amas y otras lo detestas,
Repican las campanas,
Vamos a pegarle fuego a la casa de apuestas,
No te pongas el disfraz,
No te vamos a aceptar,
No vengas a hacer turismo,
Lárgate con tu puto paternalismo.

 
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Publicado por en 24 mayo, 2019 en Canciones, Politica

 

Una historia real del ISIS

La vejiga llena le hizo levantarse. El sol comenzaba a iluminar un día más en Lesbos. Al salir de la habitación para ir al barracón donde estaban los baños lo vio. Sentado, con mirada ausente. En aquel campo de refugiados había visto de todo: seres queridos perdidos por el camino, niños con cuerpos quemados, jóvenes y esposas objeto de trueque sexual para atravesar pasos o fronteras… Pero la historia de aquel músico iraquí la tenía especialmente reciente.

La ideología de ISIS va en contra de cualquier expresión artística. Cada vez era más peligroso permanecer en su país, donde había triunfado como músico y acumulado algunos coches en su mansión. Nadie le había regalado nada. Las amenazas eran cada vez mayores y varios conocidos habían tenido serios problemas. No tenía ninguna pinta de mejorar, más bien lo contrario y decidió así emprender su huida. Visto el clima, se podría decir que no tenía otra opción.

Logró zafarse de los controles que el grupo terrorista tenía dispuestos en el territorio bajo su influencia. Lo hizo comprando un coche funerario. Él, dentro del ataúd, tapiado con clavos. Su hermano, conduciendo. Cuarenta y ocho horas en la caja. Fue así cómo cruzó la frontera de Siria.

Dejando toda su familia en Irak, el viaje en barca fue dirigido por una mafia cualquiera. De las que proliferan donde hay necesidad y gente sin escrúpulos. No fue, como nada de aquella empresa, especialmente económico. Tenía la suerte de poder pagarlo y la desgracia de tener que hacerlo. Logró así atravesar el mar para llegar al campo de refugiados de Kara Tepe tras un largo trayecto .

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Por dudosa fortuna no había tenido que entregar su teléfono móvil como pago durante el largo y penoso viaje lleno de trampas y caminos falsos. La mayor parte de sus compañeros lo tuvieron que hacer en algún momento. Algunos ni así lograron finalizar el camino. Fue con su teléfono cómo descubrió el destino de su familia. ISIS les había matado, pero no fue eso lo peor. Habían tenido un gesto con él al enterarse de su huida. Le grabaron un vídeo degollando a su mujer y se lo habían enviado.

Seguía observando al músico desde la puerta del barracón del baño. La tarde anterior, se enteró de que había intentado suicidarse en varias ocasiones y se acercó a él. Le contó entonces esta historia. Otra más. Él no quiso, porque no quería ni podía ver aquel vídeo pero el joven iraquí lo había visto dos veces. Cuando le contó todo esto, no lo hizo con dolor. Quizá no le dolía porque ya estaba destruido. Aún vivo, estaba muerto.

Intentó entonces hacer algunos ejercicios de relajación para ayudarle. El músico los hizo dejándose llevar por una inercia que daba miedo. Después se lo agradeció desde su ausencia vital. Tal vez había retrasado un poco otro intento de suicidio. ¿En el fondo era lo mejor? Cuando tu suerte se determina así y ya no tienes más cartas que jugar, poner final es el único descanso. Hay ciertos peones en el ajedrez de la vida que ya se saben aniquilados antes de poder hacer nada.

El no lo vería, ya que ese medio día volvía a España. Necesitaba desaparecer al menos unos meses de aquella realidad para poder volver como voluntario. La arcada llegaba esta vez muy honda. La implicación estaba teniendo un coste que empezaba a inhabilitarle para seguir ayudando en unas condiciones razonables.

Mientras entraba al baño, el cual había sido el suyo durante meses, se preguntaba cuáles eran los azares de la vida que hacían que mientras algunos seres despreciables viviesen entre lujos, muriendo de viejos en la cama y con una estatua en la plaza de su ciudad, otros muchos morían pronto, mal y en silencio. Posiblemente no eran azares pensó para sí. Por eso debía marcharse durante un tiempo. Para poder volver a creer en algo y poder continuar más adelante. A esas alturas aquel lugar le había despojado de cualquier fe en el ser humano.

 
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Publicado por en 17 mayo, 2019 en Narrativo, Politica, Vivencias

 

No era ella

¡Vaya susto! Ya estaba casi sudando. Vista desde atrás es igual, tiene el mismo cuerpo y lleva el pelo casi idéntico. Cómo me gustaba, supongo que no habrá cambiado demasiado desde hace dos años. Estúpida discusión, que ni siquiera fue discusión. Aunque hubo más de un día así: estúpido. Casi nunca sabía qué decir, parecía que estaba vacía, como si nada la importase. Menos mal que no es ella porque no se cómo reaccionaría si me viera sentarme a su lado en el autobús. Seguramente tardaría en procesarlo y lanzaría alguna patada verbal para ganar tiempo y espacio, algo para defenderse. Hasta lo más banal la venía grande. A todos nos puede pasar, pero luego uno debe digerir las cosas, ¿si no qué? Puede que haya pecado en exceso al sobreanalizar, pero no se puede evitar. O quizá sea yo el que no lo pueda evitar. En cualquier caso, era difícil hablar nada con algo de claridad, sin caer en lugares comunes y nadeces. Ni siquiera logramos una mínima intersubjetividad y aún así me decía ‘No es necesario hablarlo todo’. Nuestros conceptos eran tan distintos… ¿Cómo se puede entender la palabra amor únicamente aplicada a estar con alguien? Sus territorios eran simples y pobres. Tristes. Así era su mirada también. Hubo unos días en los que eso cambió. Su gesto y sus ojos dibujaban esperanza, pero duró poco. El miedo la llamaba y ella se aliaba demasiado a menudo con él. Yo no tenía la culpa de su pasado, ni de querer ayudarla. Aunque siendo honesto es prepotente y paternalista querer ayudar a nadie y menos sin que te lo pidan. No logro escapar de mi propia estupidez en algunas ocasiones. No sé ni que siento, me hubiera gustado que fuese ella la que va sentada en el autobús. ¿Cómo se niega la gente lo que está por venir? Qué curioso, quieren vivir si vivir. Sería injusto para los que intentan jugar a vivir de verdad y pagar la cuenta que eso acarrea. Además, si uno anticipa tanto, es imposible hacer nada. Todo está predeterminado… El amor se inventó para eso, es la fuerza que puede arrastrarte para superar y crear todo lo que uno sea capaz de imaginar. Pero ese no es mi asunto ya. Nunca lo fue, aunque me cansara de intentarlo. Y en el fondo yo lo sabía pero no quería mirar. Es muy difícil ponerle punto final a algo así. Nuestras cabezas y nuestros mundos en frecuencias opuestas, nuestros cuerpos exactamente en el mismo dial, en el mismo punto, se entendían solos. Esa droga que nos dábamos o que se daban nuestros cuerpos era demasiado buena. Imposible de ignorar. ¿Qué se podía esperar? Una efímera esperanza que se desvanecía y se renovaba cada día. Tan fugaz que no alcanzaba más allá de la duración de nuestros incondicionales e íntimos momentos cuando se obviaba todo lo demás. El solo recuerdo me sofocaba, menos mal que no era ella. 

 

 
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Publicado por en 25 abril, 2019 en Abstracto, Amor, Narrativo