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La última patada

Letra “Gatillazo – La última patada”

La culpa no la tiene la inmigración,
ni seras tu quien frene la corrupción
Nunca vas a parar, el corrupto eres tu,
No te rías de mi.

Ni los obreros son una maldición
Ni los parados una casualidad
Todo esta calculao
para que tu ganes más
No te rías de mi.

Solo tenemos libertad
de soportar esta violencia
matan la vida y por demás… la inteligencia.

La policía es unidireccional
no la disfruta toda la población,
nunca vamos a ver
que te hostien a ti
No te rías de mi.

El terrorismo no es lo que dices tú.
Ni tantas guerras una necesidad.
Solo habría que ver quien vendió el material.
No te rías de mi.

Solo tenemos libertad
de soportar esta violencia
matan la vida y por demás…, la inteligencia.
Tranquilos, sumisos en pleno genocidio
Si nos equivocamos esta vez, estamos listos.

Solo tenemos libertad
de soportar esta violencia
matan la vida y por demás…, la inteligencia.
Tranquilos, sumisos en pleno genocidio
Si nos equivocamos esta vez, estamos listos.
Una buena… bonita… y potente patada en los huevos.
Si nos equivocamos esta vez, estamos muertos.

 
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Publicado por en 23 abril, 2019 en Canciones, Música, Politica

 

Viajar solo

La primera vez que viajé solo lo hice porque celebraba algo: me acababan de echar de un trabajo. Era el mes de Mayo. Después de unos días desubicado, sin tenerlo muy claro, compré un vuelo barato de ida y vuelta a Marrakech. Aún recuerdo la sensación de susto en Barajas antes de entrar al avión y los primeros momentos por allí. Incluso me preguntaba ¿Quién me manda meterme en esto con lo tranquilo que estaría en mi casa? Una semana más tarde la pregunta había cambiado: ¿Por qué no lo hice antes?.

Ahora es una cosa la cual procuro que no pase demasiado tiempo sin hacer. También lo hago con gente, por supuesto, pero el viaje es diferente cuando uno va acompañado. Ojo, no digo mejor o peor, pero sí distinto. Viajar con familia, pareja o amigos es divertidisimo y obviamente lo hago también siempre que puedo.

Hay personas que no lo entienden muy bien. Me han llegado a preguntar si es que no tenía con quien irme y claro ahí te ries, dándote cuenta que no entienden el significado de un viaje solo. Porque realmente si buscas soledad, algo necesario para todos, la encuentras, pero en los hostel, airbnb,  en ciertos hospedajes o actividades, no sueles estar sólo si no quieres, más bien al revés.

Hay gente que tiene ese lugar que sueña con visitar pero por una razón u otra no encontró con quien hacerlo y lo fue posponiendo. Yo les acabo preguntando si no se animaron a hacerlo por ellos mismos, sin depender de nadie. Al fin y al cabo si quieres hacer algo de verdad, quizá encontraras compañeros por el camino que también lo hagan con la misma pasión. Ahí quedan pensativos pero sobre todo dubitativos.

Conozco a poca gente que se haya animado y al volver cuente una experiencia especialmente negativa o traumática. Los que no lo hicieron, creo que es por miedo, porque a la mayor parte le suele atrae la idea en principio. Lo que pasa que si no somos capaces de arrancar y darle espacio y oportunidad a la experiencia, jamás se disipará ese miedo que es realmente inútil y absurdo. Además, cuando lo haces te das cuenta del millón de cosas que te estabas perdiendo.

Cada uno tiene sus miedos o razones y nadie está obligado a hacer algo que no quiere. Se puede llegar a pensar que nos puede pasar algo malo o peligroso, que nos costará entendernos o manejarnos, que comeremos o cenaremos solos, que nos aburriremos o que nos costará demasiado conocer gente. ¡Qué va! Nada es tan terrible. Hay peligros o riesgos en todo, pero no deben aumentan por estar solo, al menos exponencialmente. Es más, la gente cuando vas solo, tiende a ayudarte más, lo puedo prometer. En cualquier caso, uno debe saber y documentarse sobre donde va adecuadamente y tomar las precauciones que estime. Pero para dar el paso, lo mejor es comprar un vuelo e irse sin pensarlo tanto, al menos por pocos unos días. No hace falta que sea lejos.

Viviras una de las experiencias más bonitas que uno puede tener en la vida, conocerás gente increíble, harás en cada momento lo que te apetezca, se generarán oportunidades para conocerte más a ti mismo y volverás de cada viaje un poco distinto. Sacaras la mejor versión de ti para encajar en las situaciones y con las personas y eso te hará sentir mejor persona, porque… ¡Lo estas siendo! Siempre pienso que a un viaje largo, que emprendes solo, se va una persona y vuelve otra. No es que cambies radicalmente, ni tampoco tu esencia, pero vuelves con aprendizajes que en cierta manera te transforman. Es decir, te marcan. Creo que nos hacen mejores, más tolerantes y respetuosos con la gente distinta y también con nosotros mismos. Viajar es el remedio mejor para la estrechez de mente, los prejuicios y la intolerancia. Viajar sana el cerebro y te permite entender las vidas y la vida.

Lo normal antes de irse solo, y yo llevo tiempo haciéndolo, son los nervios. En los primeros viajes más ligados al desconocimiento, ¿Cómo me irá?. Con el tiempo y la experiencia, los días previos uno tiene unos nervios como cuando es un crío y llega un momento muy esperado, como los reyes magos. ¡Esa emoción de antes del viaje es tan buena y energética!

El viaje además empieza antes de la fecha. Justo cuando compras el pasaje. Cuando comienzas a organizarlo y prepararlo, los días que te quedaras en uno u otro sitio y las actividades que pretendes llevar a cabo. Preparar el viaje y empezar a trazarlo, como un proyecto personal que tu haces a tu medida, solamente para ti. Por eso la preparación debe ser tan importante y mimada como el viaje. Luego puedes modificarlo… ¡No tienes que consultarle a nadie! Puedes quedarte en un lugar por más tiempo porque te gusto o irte antes.

El primero que hice lejos y largo por mi propia cuenta me llevó casi medio año de preparación. Eran 21 días en Cuba. Me empape de los lugares, de los hospedajes, de las actividades, los medios de transporte, de la historia. Por momentos parecía que había leído más sobre historia de aquella isla que de mi propio país. Después agradecí mucho todo eso por dos razones principalmente. Una porque cuando vas a un lugar y la gente se da cuenta de que te preocupaste por conocer su historia y su país todo es más fácil. Las conversaciones son más ricas y largas y creo que es la manera más honrada de ganarse el respeto de los locales. La otra es porque, con todo ese conocimiento que adquieres te capacita para amueblar los lugares que recorres. La cultura sirve para eso, pudiendo pasear virtualmente por épocas o momentos pasados.

Todo esto te permite conocer de verdad como es un país o región, cuando conoces a su gente y te sientes tranquilamente a hablar con ellos o a compartir unas cervezas sin que lo hagan porque tu pagas, sino porque realmente estan comodos y les apetece. Eso se nota y marca la diferencia. Para mi una de las mejores cosas es eso, las conversaciones con gente que lleva vidas distintas, que mira el mundo de otra manera y que su realidad tiene poco que ver con la mía. Para eso no hace falta irse muy lejos la verdad. Hace falta acercarse a la gente, ya sea local o viajeros como tú, con la suficiente humildad y respeto.

Conocer la historia del país es genial, pero algo que te ayudará también mucho si no compartes lengua es aprender al menos algunas palabras. Que vean que te esfuerzas, con eso es suficiente. Aunque hagas el ridículo o te cueste entenderlo pero veras que finalmente te acabas apañando pese a las diferencias culturales y además es muy divertido hablar en un idioma que no controlas del todo o que sabes cuatro palabras. ¿Te imaginas enamorarte en otro idioma?

Otra cosa increíble es como uno aprovecha el tiempo a su antojo. En un día intenso viajando por ahí, te pasan tantas cosas como en dos semanas de la vida cotidiana. ¡El tiempo es tan relativo! Da igual la hora que sea, puedes irte, venir, comer, relajarte, leer, bailar… lo que quieras, en el sitio que quieras y en el momento que te salga de las narices. Darse eso a uno mismo viajando solo, es un placer enorme y es también aprender y apreciar el quererse. Recuerdo vuelos internos u otros tipos de transporte donde aprovechaba para dormir, porque no encontraba hueco en otros momentos. La sensación de ser un nómada es muy divertida. De repente estás tomando cerveza por la noche con tus amigos de hostel y sabes que en un rato cogeras un vuelo sin ir a dormir para amanecer en otra ciudad.

Olvidar el móvil por unos días es genial. O al menos mientras que no estés en un hotel conectado a una red Wi-Fi. Eso te servirá para conectar más con el lugar  y la gente que visitas. Cualquier sitio o situación es buena para hacer nuevas amistades. Estamos atontados con el teléfono, yo el primero. ¿Ratos muertos o de relax? Qué mejor que la guia del lugar, un libro o escuchar música. El móvil nos roba vida, y en un viaje es intolerable que nos robe demasiada.

Son dos viajes. Digamos que se hacen dos viajes, uno por el destino que visitas y el otro por uno mismo. Un viaje interior, que no es menos importante que el primero. Ese es el viaje que te cambia. Se gana en perspectiva, debido a la distancia y te ayuda a relativizar todo. Ese ahí donde tu solo, al ponerte a caminar fuera de tu zona de control o confort aumentas tu autoconocimiento y tus útiles vitales. Donde sanamente enfrentas tus fantasmas y abrazas a tus bondades y virtudes y las desarrollas un poquito más cada vez. Ganas en confianza para el próximo viaje o reto y descubres herramientas que ni sospechabas tener, pero te hicieron falta en algún momento y como estabas solo, las tuviste que poner en práctica por necesidad vital. La necesidad es la antesala del cambio.

En este segundo viaje, hay algo que es especialmente hermoso y te llena, o al menos a mi. Conocer cierto tipo de gente con la que compartes unos días o experiencias y se crea un vínculo especial. No siempre sucede, pero cuando ocurre, es pura magia. Viajando todo se vive más intensamente y solo, aún más. Es muy instructivo ver cómo se lo montan algunos sin tener mucho dinero. Personas que están meses de pais en pais. ¡Qúe vidas más increíbles lleva la gente! Poder beber de las hazañas de todos estos viajeros es un auténtico privilegio que por nada hay que perderse. Así entendí que hay tantas maneras de vivir, ¡Que me gustaría poder vivirlas todas!. De repente te das cuenta que tu círculo de amigos a aumentado y que ahora los tienes dispersos por el globo entero. Y que igual te deben una visita a su ciudad, o tu les debes una visita en la tuya. Entonces entras en ese círculo tan bonito, donde no hay destino, sino camino. Por que lo importante, en el viaje y en la vida, es el camino, todo cuanto te encuentras, proyectas y desarrollas en el.

Por todo esto y mil cosas más viajo solo, y sobre todo le recomiendo a todo el mundo que lo haga, al menos una vez en la vida. Invertir en viajar es lo que te hará sentir realmente rico y vivo. Nos ayuda a conocernos y hacernos, a madurar, a disfrutar de nosotros y de los demás con mayor equilibrio. Un paseo, un buen vino, un buen libro, un abrazo, una puesta de sol, una buena conversación, exprimir cada noche y cada día, hablar con desconocidos, comer cosas que no conocías, tomar caminos distintos, perderte y encontrarte, bailar, hablar en otras lenguas o hacer el ridículo y reirte de ti mismo, un reencuentro o una despedida… por estas cosas la vida tiene mucho más sentido. Sentir en todo tu ser la libertad de elegir, de ser el protagonista de tu camino no tiene precio. El mundo se hace más pequeño. La libertad de atreverte a pensar tu vida y como quieres llevarla inspirado en las mil vidas distintas que descubres. Agarrar eso es casi tocar la plenitud. Es tocar la gloria. Perder certezas y ganar en seguridad. Una vez que lo sientas, no podrás parar. Todo esto y mucho más, es viajar solo para mí. ¿Y para ti, o aún no lo sabes?

 
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Publicado por en 18 marzo, 2019 en Viaje, Vivencias

 

No hay mejor espejo que el amigo viejo

Se asomó de nuevo para mirar el tumulto de gente que se agolpaba frente al control de seguridad. Esta vez le vio, con su abrigo rojo. Se notaba nerviosa, más de tres meses sin verse no era poco tiempo. Los latidos se aceleraban. Volvió a asomarse y sus miradas se cruzaron por primera vez. Aún había bastante gente por delante de él y aquella espera se estaba haciendo eterna. Quería tenerlo cerca de ella ya. No podía esperar más, pero el tiempo avanzaba despacio. Decidió caminar unos metros por la terminal y volver al a puerta de salida para rebajar su acelerado corazón. Lo repitió tres veces. Volvió a asomarse y ahí estaba, a punto de salir. Un par de minutos más tarde se estaban abrazando fuerte mientras sonreían. Aquello la trasportó a sus mil recuerdos juntos. Aquel abrazo, aquel olor, la llevaban directa al centro de su ser. Al terminar el largo abrazo se miraron y ella le confesó exactamente lo que le acababa de venir a la cabeza. “Tengo la sensación increíble de que no ha pasado ni un minuto desde que nos vimos por última vez. Como si no nos hubiéramos separado, siempre estas en mi porque eres una parte de mi”.

 
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Publicado por en 9 marzo, 2019 en Narrativo, Vivencias

 

Camino a la estación

El semáforo se cerró para los peatones en el momento que llegaba al paso de cebra. Después de caminar toda la avenida, dejando a su espalda el centro de la capital, notaba las piernas cansadas. En un rato comenzaría a anochecer en la ciudad, pero para cuando la luz del sol desapareciese totalmente estaría alejándose de allí a toda velocidad. Al otro lado de la carretera la Estación Belorussky. Una pareja se paró a su izquierda, después un señor de mediana edad y otras dos chicas jóvenes. Todos absortos y absorbidos de cuerpo y alma por el móvil, a excepción del señor que estaba con unos cascos puestos escuchando música o la radio, quién sabe. Solventando las exigencias de esos aparatos que a menudo nos piden más que nos dan, era perfectamente factible observarlo sin que se diesen cuenta. Parecían no estar ahí. Entonces llegó andando despacio y con mucho trabajo una señora mayor. Totalmente vestida de negro desde los pies, incluido el pañuelo que le cubría la cabeza, portaba una especie de bulto andrajoso de tela hecho a mano y lleno de remiendos con lo que parecían ser sus pertenencias. Era muy mayor, pero pese a su cuerpo curvado y su cara arrugada era capaz de sostenerse y sostener su equipaje. La mirada parecía perdida en la nada. Como los demás, paró en el paso de peatones a esperar. El no podía dejar de mirarla.

De repente pasaron dos coches de alta gama acelerando de forma ruidosa que lo despistaron de su observación. Dos críos de mierda, concluyó con desprecio en su autodiálogo. Volvió la cara hacia la señora, que parecía no haberse inmutado. Invisible a todo cuanto estaba a su alrededor. Igual que los que estaban con los móviles, pero evidentemente por motivos muy diferentes. Sintiendo desesperanza y tristeza por aquella mujer, preguntarle si necesitaba ayuda con sus posesiones parecía ser una buena idea. En cuanto se abriera el semáforo lo haría. Empezaron entonces a abalanzarse decenas de preguntas sobre aquella persona anciana a la que no podía quitar el ojo de encima. Las preguntas se podrían resumir quizá en una o dos. ¿Qué pensaría ella de este mundo donde entre otras estupideces y excentricidades estaban esos chicos que ni siquiera la miraban o la ofrecían su ayuda, o de los que se paseaban la ciudad arriba y abajo con su coche millonario haciendo ruido y su sonrisa prepotentemente estúpida, después de una vida de lucha por sobrevivir, por el pan y la ropa, las guerras y el colapso de lo que fue su país durante setenta años? ¿Cuánto había cambiado ya no el país, sino el significado de la vida? El semáforo se abrió y en ese momento entendió lo evidente. La realidad de la vida siempre se impone: siempre hay unas reglas. No podía. No podía dirigirse a ella porque seguramente aquella viejecita solo hablaría ruso y él apenas sabía decir hola y dar las gracias en aquella lengua. Y porque toda cobertura que pudiera hacerle con la bolsa para cruzar la carretera sería costosa y demasiado rara para ella sin un idioma común. Empezaron cruzando casi a la misma velocidad, pero al encarar el último y no corto tramo que quedaba hasta entrar a la estación, ella fue quedando atrás. Jamás pensó que con esa sensación de abandono se marcharía de Moscú en aquella visita que duró un largo pero intenso día.

 
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Publicado por en 18 febrero, 2019 en Narrativo, Viaje, Vivencias

 

Taxis

‘¡Qué se jodan!’ Dicen algunos. Y claro, estando el patio como está no es fácil sacar una conclusión rápida y si escupir un ‘que se jodan’. No pretendo defender a los taxistas a capa y espada ni tampoco a los VTC, más bien a pensar en alto sobre Uber, Cabify y los taxis.

Para empezar, tanto unos como otros son trabajadores, es decir, personas que conducen un vehículo y dan un servicio: hacen un trabajo y tienen que ser pagados por ello. Y si es posible, que lo es, bien pagados. Cómo deben pagarse los trabajos en un país que quiere mantener la clase medía. Sin clase media no hay nada.

Mucha gente, con razón a veces, se queja del mal servicio de los taxistas en determinadas ocasiones. Yo mismo, en una ocasión volvía de viaje y tuve que coger uno por urgencia en Barajas. Siempre aparco a siete minutos de la T1 y voy caminando. Estaba malo y no podía andar ni esos siete minutos hasta mi coche, por lo cual no tenía más remedio. Veinticinco euros por tres minutos en coche, porque claro, la tarifa del aeropuerto hace que levantar la bandera te metan los veinticinco. Creo que esta tarifa ya la han cambiado, pero aquel día me metieron el golpe. He escuchado a otras personas hablar sobre algunos en chanclas y oliendo mal, o si te dan la turra con temas políticos o de otro tipo etc. Eso, verdaderamente es poco agradable. Pero generalizar un colectivo por uno o dos casos que siempre hay es, como poco, injusto. Cuando se monopoliza algo, pueden ocurrir ciertos abusos que derivan siempre a mal servicio y mala imagen de quien los lleva a cabo.

Por otro lado los VTC, te ofrecen una aplicación con sistema de puntuación muy cómoda y precio cuasi cerrado, que fluctua segun oferta demanda, es decir, si sales de un concierto, se puede multiplicar por cuatro el precio, mientras que en un taxi es lo que marca el taxímetro. Los coches están impecables y son muy modernos. Los conductores te dan una botellita de agua y se preocupan por ti (música y temperatura), algo que se agradece. Estoy convencido que esto es por el sistema de puntuación de los usuarios. Al querer conseguir buena nota, te tratan bien y quizá es algo que los taxis podrían incorporar a su colectivo; aprender de las cosas buenas que mejoran el servicio y no cuestan tanto. Si algo tienen las plataformas de este tipo (Airbnb, BlaBlaCar etc) positivo es eso, el poder puntuar y que te puntúen como usuario, conductor etc. Debo decir que he cogido varios Uber y siempre fue bien, a excepción de uno que, al yo quedarme dormido me dio una vuelta curiosa. Si es cierto que la compañía, me devolvió un porcentaje aunque bastante menor para lo que el conductor me había engañado. Es decir, que me la metió.

Dicho lo anterior me gustaría ser lo más ecuánime posible y sacar una foto con mayor perspectiva del asunto. Y siendo así me pongo a reflexionar, hablo con conductores de Uber, con algún amigo taxista etc. Un taxista pagó en su día un dinero, no poco (a veces funcionó como especulación por culpa de gobiernos incapaces y corruptos desinteresados en dignificar el trabajo del taxi y a su clientela), por poder explotar una licencia en Madrid o en Barcelona. Nadie controló eso y fue un error tremendo, ya que jamas debió ser especulativo, igual por ejemplo, que las vivienda. Mucha gente se hipotecó para dedicarse a ello. Gente trabajadora que su vida es el taxi. Algo que da dinero y te permite vivir y pagar esa licencia, se supone. Además de esa licencia pagan impuestos. Se puede decir que están regulados en ese sentido.


Empresas como Uber o Cabify tienen sus matrices fuera de España, como otras grandes corporaciones, haciendo que los impuestos que paguen no sean proporcionados al negocio y las ganancias que esas empresas tienen. Es decir el dinero no se queda en los bolsillos españoles sino que se marcha. Por no comentar que una licencia de Uber al lado de una de Taxi es de chiste ¿Que cara se le queda al taxista que se hipotecó para poder tener su negocio de conductor? No parece justo. Las empresas VTC contribuyen mucho menos al estado, ese que paga la educación y la sanidad. Es importante mencionar ademas que la naturaleza de las licencias VTC no es la de hacer de taxi. Por otro lado, después de hablar con varios conductores de Uber, ninguno o casi ninguno tiene el coche en propiedad. Trabajan de manera asalariada para empresas grandes que tienen un stock de coches y es a ellos a quien les rinden cuentas. Suelen quejarse de que ganan poco si uno les pregunta por encima. En lloricas se parecen a los taxistas más de los que les gustaría, fijate por donde. Pero realmente sus salarios son bastante bajos para las horas que hacen; suelen repartirse en turnos de 12 h para que el coche nunca para de moverse. No es que no generen dinero, sino que del dinero que generan con su trabajo reciben solamente una parte: un salario asignado, que es precario además. No sería malo investigar un poco sobre la cantidad de políticos y gente poderosa que tiene acciones en estas compañías que hará entender más fácilmente que no quieran regular la situación de las mismas. Esta a golpe de clic en Google.

Ese dinero que sube hacia arriba, es decir que no queda en manos de los conductores, va a parar a manos de esas grandes empresas, ya sean las que proporcionan el coche o las que proporcionan los clientes (Uber, Cabify). Mientras que el dinero que le pagas a un conductor de taxi, después de impuestos y licencia, es para él, para su bolsillo. Y ese conductor o conductora con capacidad economica lo gastara en lo que le venga en gana dejando dinero en otros negocios. Ese conductor de taxi tendrá un poder adquisitivo que nunca tendrá un asalariado. Y ese poder adquisitivo es el que hace que la economía de un país se mueva y funcione: clase media con cierta capacidad de consumo.

A uno le da la impresión de que finalmente, está ocurriendo o va a ocurrir lo que ya ha ocurrido en otros sectores. Nos ponen el caramelo del centro comercial o de la súper oferta o la tontería material y en última instancia se traduce que esos mismos puestos de trabajo (dependiente de una tienda, conductor de coches o el que sea) sufren un recorte brutal en sus retribuciones pasando ese dinero a la gran corporación como los centros comerciales o las empresas de VTC. Esas son las que ganan un beneficio a costa del mismo trabajo, porque al fin y al cabo se trata de un tipo que conduce para llevar a gente. Y ese dinero del asalariado que es menor, empobrece a la clase trabajadora que es la que realmente genera demanda interna y hace que un país funcione y la rueda se mueva.

Algo último es reflexionar sobre cómo nos granulan y dividen para poco a poco degradar los sueldos y quitar dignidad a los trabajos. Por eso, debes plantearte algo que si crees que los taxistas ‘se deben joder’: En realidad son lo mismo que tú; alguien que trabaja y quiere ganar dinero y si es un poco más para vivir mejor, eso es bueno para todos. Si pensamos más allá son, digamos, de tu especie y defienden lo que tu defenderías en tu trabajo o en su lugar. Por eso creo que tiene poco sentido pensar en esos términos. Decir que se jodan, es decir, al menos un poco, que me joda yo también. 

Igual, cuando te llegue a ti en tu trabajo y te recorten porque alguien que no tiene idea de tu oficio lo hace más barato, estarás también solo si los demás dicen ‘que se joda’ y perderás. Perderemos todos en realidad, porque el enemigo no es el de la misma condición, sino el aliado del que nos podemos valer para defendernos mejor. Por que al fin y al cabo, son trabajadores como la mayoría somos. Es demasiado fácil maldecirlos porque un día, dos o cinco llegues más tarde al puesto de trabajo porque están luchando por algo que cualquiera haría, mantener su puesto y su nivel de vida, algo por cierto que es bueno para el país, si es que queremos ponernos patrióticos. Y por supuesto, prefiero que los trabajadores de mi país ganen su buen dinero para gastarlo generando más puestos de trabajo y vivir bien a que se lo lleven grandes corporaciones para seguir explotando, minimizando salarios y precarizando, que es en última instancia lo que está sucediendo en todos los lugares y ámbitos: la absorción de las fuerzas por el capital; el reparto desigual de oportunidades a los accesos pese al trabajo y el esfuerzo las personas. 

 
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Publicado por en 23 enero, 2019 en Politica

 

Hablando de libros I. Gemma Serradell.

Gemma Serradell es una joven escritora catalana que colabora en medios de comunicación y revista digitales. Ganadora del premio de poesía del certamen “Las letras tienen premio” de Viladecans. Con estudios de derecho y psicología, escribe y lo hace muy bien. Su primer libro es “Cartas al vacío”, profundo y muy conseguido, donde te permite trasladarte y moverte emocional y espiritualmente. En palabras de la autora sobre lo que podemos encontrar: “Nuestros pensamientos y sentimientos más profundos: la tristeza, la soledad, el amor, el desarraigo, el deseo, los infiernos, tormentas personales y el mal sabor que dejan los sueños no cumplidos… algunas reivindicaciones políticas y sociales y un escrito donde narro mi experiencia como voluntaria en Ciudad Oculta, una de las villas miseria más grandes de Buenos Aires”. Es un libro para tenerlo a mano y leerlo sin prisa, disfrutar y reflexionar.

– Primero gracias por querer colaborar y por tu tiempo. Hace poco más de un año que leí tu libro. Antes que nada, enhorabuena, creo que tiene una gran calidad y una profundidad muy interesante. ¿Cuál es el momento que decides empezar con estas cartas y porque eliges ese formato?

Gemma: Muchas gracias a ti por leer mi libro. No sabes cuánto me alegro de que te guste, pues fue un paso muy difícil el atreverme a publicar.
Escribo desde pequeña, escribir siempre ha sido una de mis maneras de liberarme, de canalizar sentimientos, de expresar aquello que sentía en mi interior, pero también de desaparecer por un momento de mi piel y meterme en otra.
Estas cartas tan solo son mis sentimientos o pensamientos a través de los años, muchas vivencias personales y algunas reflexiones existenciales. La mayoría de ellas van dirigidas a un destinatario inexistente, o que ya ha fallecido -como en el caso de mi abuelo-.
Elegí ese formato porque sé que no hay nadie al otro lado que ha de responderme, y me siento a gusto así, dirigiendo una carta a mi propio destinatario interior. Hay una frase de Ricardo Piglia que define muy bien lo que quiero decir:
Escribir una carta es enviar un mensaje al futuro; hablar desde el presente con un destinatario que no está ahí, del que no se sabe cómo ha de estar (en qué ánimo, con quién) mientras le escribimos y, sobre todo, después: al leernos. La correspondencia es la forma utópica de la conversación porque anula el presente y hace del futuro el único lugar posible del diálogo.”
Yo no espero más dialogo futuro en esas cartas que mi propio diálogo interior, mis propias respuestas a las preguntas que hoy se me plantean.

– Al leer el libro uno puede identificarse de manera muy íntima en ciertos escenarios vitales que describes. Esto es algo que como lector uno puede agradecer ya que permite mirarte en forma de espejo desde otro ángulo distinto. Dices que es tu libro más personal ¿Te inspiras en experiencias tuyas, en tus lecturas, en una mezcla, imaginación…?

Gemma: “Cartas al vacío” es una mezcla de todo lo que nombras: son mis pensamientos, vivencias y experiencias vitales. Pero también hay relatos inventados, aunque los sentimientos siempre sean reales. Suelo basarme en lo que yo sentí una vez para crear una historia en torno a ese sentimiento.

– Por otro lado, al leer, uno puede imaginar que hay una implicación emocional fuerte en el momento de escribir las cartas. ¿Hasta qué punto es un reto duro, si es que se puede llamar así, y hasta qué punto es placer al escribir?

Gemma: El dolor y el placer van más unidos de lo que pensamos. Científicamente, la línea que separa dolor y placer es muy pequeña. Ambas sensaciones activan el mismo circuito cerebral y liberan dopamina. Con esto no quiero decir que yo sea masoquista, pero quizá mi escritura sí lo sea. Escribo como catarsis, y por lo tanto dolor y placer, en mis escritos, van unidas de la mano. Escribir se convierte en placer cuando el dolor sale de mí para quedarse en el papel. Entonces me he liberado, ya nada duele…o no tanto.

– ¿Escribes todas seguidas o pertenecen a momentos diferentes en el tiempo y es ahí cuando las escribes y luego recopilas?

Gemma: En general, casi todas están separadas en el tiempo, hay algunas de hace años y otras más recientes. Épocas que escribo más y otras que no estoy tan inspirada y escribo menos. Luego hago un trabajo de recopilación; unas las desecho, otras las modifico y otras las dejo tal cual están. Intento no releerlas mucho porque casi nunca las veo terminadas o perfectas, esa inseguridad es lo que convierte mi escritura en un suplicio.
Cuando la editorial me dijo que iba a publicarlo, quité muchos relatos antiguos y me puse a escribir nuevos que me gustaran más. De marzo a agosto de ese año, escribí sin parar y seleccioné luego los que más me gustaron. Otros han quedado en el olvido o directamente han terminado en la papelera de reciclaje.

– ¿Es la poesía más fruto del trabajo o de la inspiración?

Gemma: Casi siempre de inspiración. Cuando me siento a escribir casi nunca me sale nada. Y luego me pilla en los momentos más insospechados. Soy muy sensible a las emociones que me transmiten cada persona, libro o lugar. Y creo que mis mejores relatos son fruto de la inspiración y no del trabajo.
A veces me surge una idea por la noche, y hasta que no lo escriba ten por seguro que no conseguiré dormir.

– ¿Cómo sientes que un poema o escrito está terminado y cómo lo corriges? ¿Lo dejas “reposar” un tiempo para volver a él y corregirlo?

Gemma: Como te comentaba antes, esa es la parte que más sufrimiento me da. Normalmente leo y releo el mismo poema o relato 50 veces antes de darlo por terminado, y cuando quiero darme cuenta es otro poema distinto.
Creo que eso es algo que nos pasa a todos los escritores. Leí hace poco una anécdota relacionada con Gabriel García Márquez que refleja muy bien este hecho: resulta que el escritor colombiano viajaba con un amigo en un tren, y García Márquez le regaló una edición reciente de Cien años de soledad. Tras entregarle el libro, García Márquez se lo pidió de nuevo para volver a echarle una ojeada, y cuando quisieron darse cuenta, el ejemplar lucía tantas correcciones que era imposible leer el texto impreso. Cuando su amigo lo vio, dijo que le había dado un libro completamente distinto.

– En tus redes sociales sueles compartir mucha poesía, tanto ajena como propia, de buena calidad ambas y tus seguidores lo agradecemos. Cuéntanos de dónde viene tu afición por la lectura y la poesía. ¿Qué tipo de lectora eres?

Gemma: Siempre he sido una lectora empedernida. La pasión por la lectura, igual que la escritura, me vienen desde pequeña. En mi familia, siempre he visto a mis padres y a mis abuelos con libros entre las manos. Mis padres tenían una biblioteca en casa, y yo he crecido entre libros. De pequeña, me dormía con los cuentos y las historias que me contaban ellos, y cuando aprendí a leer, los devoraba con fruición. Recuerdo las tardes con mi madre en la biblioteca, me hacía feliz ir allí, compartir esos momentos de paz con ella. Siempre le estaré agradecida por ello. Nos gustaba hablar de las historias de los libros como si fueran reales, porque para nosotras de verdad lo eran.
El género poético -ya sea en verso o en prosa- es el que más me gusta, porque hay mucha implicación personal y no es fácil volcarse en un papel a la vista de todos. Para mí tiene mucho mérito.

– “La vida no basta, por eso existe la literatura”, ¿Estás de acuerdo? ¿Qué significa para ti la literatura y la poesía?

Gemma: Por supuesto. Un soñador necesita creer que hay algo más que esta realidad material y tangible. Un soñador no se conforma con la vida, necesita palpar otras realidades, otros mundos diferentes, otras maneras de pensar y de ver el mundo, diferente a lo común. El artista tiene otra mirada, por eso es capaz de crear, porque mira sintiendo.
La vida es fría y desgarradora, en el arte, en la poesía y en la literatura hay esperanza, hay algo que te empuja a lo espiritual, a lo intangible, a lo verdaderamente importante. La literatura y la poesía para mí son eso. El mundo intangible donde yo me siento en paz.

– Como escritora, lectora, pero también como psicóloga, ¿Cuál es el valor social y personal que tiene o debería cubrir, no sólo la poesía sino la literatura en general?

Gemma: Mucha gente cree que la lectura solo es un entretenimiento, pero la lectura ejerce una función social muy importante. En primer lugar, y la más esencial: la lectura estimula la empatía. Cuando somos capaces de ponernos en la piel de otro estamos trabajándola. Sufrimos por el otro, nos ponemos en su situación y reflexionamos acerca de aspectos que quizá en nuestra vida no haría falta planteárnoslo porque no lo estamos viviendo. Leer abre la mente, y el corazón.

– ¿Cuáles son las lecturas o escritores más recurrentes e influyentes?

Gemma: Son tantos que sería imposible enumerarlos a todos. Ángel González, Luis García Montero, Mario Benedetti y Joan Margarit son poetas a los que me gusta volver una y otra vez.  Luego están los innumerables libros que me han marcado: “Caballos desbocados” de Yukio Mishima, “La calle de la luna” y “Lo nuestro y lo triste” de Kiko Méndez Monasterio, “Madame Bovary” de Gustave Flaubert, “Las uvas de la ira” de John Steinbeck, “Los renglones torcidos de Dios” de Torcuato Luca de Tena, “La carretera” de Mc Carthy….

– ¿Podrías recomendarnos un poema de otro autor que te haya gustado mucho?

Gemma: “Carpe Diem”, de Walt Withman. Deberíamos leerlo cada mañana al despertar.

– Regresando a tu libro, ¿Cuál es tu carta favorita?

Gemma: Como relato, uno de los que más me gusta es “Papel mojado”. Luego está “carta al vacío”, que define muy bien la esencia del libro y que por eso lleva ese título. Y, por último, “si no es amor no duele”, donde queda expresada a la perfección mi forma de sentir la vida.

– Muchas gracias Gemma por contestar. Desde aquí invitamos a todos a seguirte en redes y leerte, especialmente tus “Cartas al vacío”. Dejamos en enlace de tu libro y el poema.

Gemma: Gracias a ti por la entrevista. Ha sido un placer poder compartir juntos este té.

Poema “Carpe Diem” de Withman.
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Publicado por en 22 diciembre, 2018 en Entrevistas

 

Nos volveremos a ver

Hace ya más de cuatro años que empecé a escucharlos y nunca pensé que después de este tiempo nacería en mi esta gana de escribir cosas tan bonitas como las que intento a continuación. Esto es, sin duda, una carta de amor. De amor a la música, concretamente a La Raíz y a toda la gente con la que he tenido el placer de compartir su música y sus conciertos. De una manera u otra son la banda sonora de mil momentos de mi vida y seguro que también de muchas otras personas. Brutal como nos puede acompañar una canción en un determinado momento de nuestra vida. Brutal como escuchando dos acordes nos puede devolver de golpe a ese momento y a esas sensaciones. La primera vez que compartieron conmigo una canción de la Raíz fue el principio de una historia de amor. La verdad que sí, que teníamos una canción pendiente porque no teníamos miedo a buscarnos. Todos nos enamoramos con alguna canción al menos una vez. Incluso si se nos da bien podemos despedirnos, diciéndonos que nos volveremos a ver, con ellas.  

Gracias. Por cada concierto que he podido vivir, ya fuera en el Viña, por Madrid, en Valladolid, en Murcia, por Comunitat Valenciana o por Cataluya… incluso en Londres. Ha sido un placer vivir conciertos de todo tipo: desde macro festivales a salas o pueblos pequeños. Cualquiera de ellos tenía su encanto, por brutal aforo o por más intimo. En cualquier caso, da igual, la magia la lleváis vosotros con vuestra música y con vuestro compañerismo. Por poder cantar a viva voz cada canción sintiéndola tanto. Algunas con los pelos de punta. Por esas letras, que en cada disco producido han ido subiendo la calidad y convirtiéndose cada vez en más comprometidas, señalando exactamente donde había que hacerlo. Unas letras que me han acompañado en el amor, en el desamor, en la amistad, en los viajes, en el curro, en la conciencia social, ayudándome a ampliarla y en mil cosas más. No sabría decir la cantidad de kilómetros que he hecho con mi coche escuchando vuestra música. 

Es increíble, y cada vez más, la cantidad de gente que vamos a los conciertos. Cómo ha crecido el número de gente que, no solo conoce La Raíz, sino que se hizo adicta en este tiempo… Gracias por hacer de aquella chispa un incendio increíble, como decís en los conciertos. Ha sido un incendio bellisimo. Estos últimos años fueron y son una locura que he podido vivir y ver. En Vallecas que no se cabía, en San Sebastián o Vicálvaro… Me pregunto cómo os debéis de sentir en un escenario donde miles de personas cantan tus letras con el fervor que lo hacemos nosotros desde abajo. Sinceramente no lo sé, pero sé que os lo merecéis. Os lo merecéis porque sois auténticos por no venderos a la industria, como a veces decís y es la verdad, que es el camino fácil para que te conozcan. A vosotros se os conoce por algo que es vuestro y nada tiene que ver con modas, ventas y marketing. Por decir exactamente lo que queréis decir y ademas con un ritmo buenísimo. Sois el ejemplo de que no hace falta publicidad masiva para que miles de personas bailen y canten vuestra música. Es por eso que tenéis un público tan fiel, porque las cosas auténticas, que son de verdad llegan más puras al centro de las personas y no se marchan con facilidad. Os llevamos dentro.

Gracias por hacer cada canción especial. Todas tienen algo. Algunas por estar casi hechas para uno y parecer que le hablan de su vida. Otras apuntan perfectamente la hipocresía que vivimos en diferentes capas y la denuncian. Gracias por llevarnos con vosotros al lado de los rebeldes. Por las noches en babilón donde bailan las conciencias y nos une un corazón. Porque nuestra nación es la literatura de esa locura del hidalgo de la Mancha. Como decís, la única patria digna es la que abarcan mis manos, un micro y con mis hermanos. Por soñar con mil dulcineas de cada región sabiendo que jamás quemaran nuestra pasión. Por cantar a África con los dientes del león y escuchar el grito latinoamericano, recordando que no tienen miedo a la muerte los pueblos de fe. Por denunciar a los buitres y jilgueros, que, de verdad, parece mentira, pero no dan solución al problema. Por celebrar que llueva en semana santa ¡No nos venderán esos castillos en el aire! Por poder ayudarme a cantar a alguien que esta noche me quedo a dormir, bien caliente y bien cerca, de todo corazón. También que si te encuentro gritaré que prefiero verte que ganar la guerra. Y que nunca se acabe esta noche, porque nos comeremos la vida en cualquier portal, porque hoy la luna se queda, borracha y callejera. Gracias por hacer el mejor tributo a las brigadas internacionales con un tema precioso que nos pone los pelos de punta: se canta sólo en los conciertos: es increíble vivido en directo. Por ser los hijos de los versos, de los poetas y los presos, y querer luchar cuerpo a cuerpo siendo peones. Por el tren huracán, la radio clandestina y vuestras canciones: que tienen vida. Es una sensación muy bonita bailar en la hoguera de los continentes. Infinitas gracias por cantar para levantar la marea a contra corriente y que suenen las voces. Por hacer vibrar a tanta gente en cada concierto. Sois muy grandes. Colaborar con Zoo, Los Chikos, La Pegatina, Auxili, Hechos Contra el Decoro, La Gossa Sorda o con Facu Díaz… os hace aún más grandes a todos, cabrones. Gracias.

Hay dos cosas que han sido y son increíbles siempre. Compartir o hacer que una parte de mi gente descubriera vuestra música, aún advirtiéndoles de que engancha. Luego venían llorando porque sois, en el mejor de los sentidos, como una droga que no podían dejar de escuchar. La otra es compartir vuestros conciertos con esas mismas personas. Es muy divertido bailar al ritmo de esa trompeta y el trombón que suenan genial. Bajo el ritmo de la batería, la guitarra o el bajo. Cuantos litros de cerveza, sudor y garganta desgastada en cada concierto. Y que bien gastado. Como mola cantar tan a viva voz. Qué manera tan brutal de empezar los conciertos con esos acordes entre poetas y presos: no somos mil manos, somos siempre muchísimas más.

Gracias por meter el dedo y por hacer reflexionar con letras comprometidas y finas. Es un gran regalo para todos, especialmente para la nueva generación joven que os empieza a escuchar con tanto impulso. Era difícil pensar que un grupo de música podía hacerme sentir tanto y tan bien por tantos motivos como para viajar a veros a un montón de sitios y cada vez con más ganas. Y comprobar que a tanta gente le pasa lo mismo y cada vez más. Me encanta ver en los conciertos gente de varias generaciones cantando vuestras canciones desde tan adentro, no se puede ser más transversal. Como una vez dijo Silvio Rodríguez, la música no hace la revolución, pero ayuda.

Este año 2018 La Raíz hace una parada merecida. Esperemos que no sea por demasiado tiempo. Saber que, al menos de momento, esto tiene un fin, me permite exprimir, saborear y vivir cada concierto muchísimo más aún. Por si no lo había dicho antes, gracias por todos estos momentos. Gracias por que sea tan fácil escribir algo tan bonito. Serán noches distintas, pero guardo una botella en la despensa, guardo sin tocar las ganas de volar. Porque lo que es seguro es que nos volveremos a ver cuándo salgamos del túnel e incendiaremos el mundo otra vez. De nuevo: ¡Gracias Raíz!

 
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Publicado por en 12 septiembre, 2018 en Amor, Canciones, Música