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Es el mercado amigo

No es mala idea empezar por el corolario del video de Ignatius de la Vida Moderna del que quiero comentar un par de cosas: “Las drogas te vuelven loco, pero no te hacen un hijo de puta”. Todo empieza por la famosa frase de Rodrigo Rato; “Es el mercado amigo”. Doctor en economía, director de FMI, presidente de Bankia y Caja Madrid, ministro de economía y hacienda… Y su reflexión tras ser preguntado por la gestión de Bankia, por los delitos fiscales, tarjetas black etc. es, ni más ni menos… “Es el mercado amigo, esto no es un saqueo”. Brillante. Normal que su vida haya dado pie a una obra de teatro.

Sorprende el descaro con el que se quita todo tipo de responsabilidad con una sola frase, sin despeinarse y de una manera tan miserable. Alguien que, como dice Ignatius, se supone que tuvo que ser responsable de todos los cargos mencionados antes. Pero la clave no es lo que dice, sino el mensaje entre líneas que apareja. Siguiendo la analogía del video, se nos presenta “el mercado” como un ente abstracto y sin gobierno. Como si se tratara de un fenómeno atmosférico que no se puede controlar y manejar o como una suerte de dios utilizando el mismo esquema que hace siglos. Como dice Ignatius se da la paradoja de que nos comportamos contra algo matemático y racional, como si de dioses se tratase. Creo que ese es el triunfo de los liberales que defienden el mercado, pero no la libertad: está claro que alguien sin dinero no es libre en el mercado.

Aceptar el ente llamado mercado como algo así, nos desempodera totalmente. De la misma manera que llegaban tempestades por el enfado de los dioses, ahora llegan crisis por el enfado de los mercados. Recordemos que se ha llegado a tildar a los mercados como sensibles etc., de igual manera que si tuviesen sentimientos… ¡Los mercados! Como dice Ignatius, nos doblegaremos al dios mercado o lo que es lo mismo al dios dinero. Ya que finalmente es el mercado como respuesta a todo por encima de equidad, justicia o democracia.

Dicho lo anterior, la pregunta, al menos para mí es obvia ¿Los que están al mando nos sirven para algo? Independientemente de sus ideas políticas. Es decir, tenemos un sistema hecho por nosotros; matemático, técnico y cartesiano: donde todo se calcula y se formula. Un sistema creado por humanos para humanos y no por ningún tipo de dios, que debería ser una herramienta a nuestro servicio, pero resulta que debemos ser respetuosos a sus caprichos y atenderle, pese a que sea contrario a las necesidades de una mayoría, cuando esto ocurre, para salvaguardarlo. Si la respuesta es el mercado, no entiendo para qué sirve alguien al mando.

La segunda pregunta, vuelve a ser obvia, ¿Es el sistema una herramienta para que nos sea útil a una gran mayoría desde una visión del globo entero, incluyendo asuntos como el cambio climático, o es el sistema un ente al que le debemos sumisión? ¿Y esto, qué sentido tiene? En cualquier caso, la reflexión que se debe plantear es la siguiente: Si tenemos algo, cualquier herramienta que nos ha ayudado durante un tiempo determinado, pero por la naturaleza de la vida y los cambios que se dan, ahora no nos sirve y, es más, nos entorpece, ¿Porque no modificarla? ¿Porque no poner en tela de juicio algunas cuestiones? Todo siempre es mejorable o muy mejorable. No estoy hablando de tirarla u olvidarse de ella. En este sentido creo que debemos ser más prácticos. Nadie tendría ningún artilugio en sus manos que le limite y le coarte.

Por otra parte, otro planteamiento que se da en el vídeo, es que finalmente nosotros somos un elemento más de la rueda mercado. Ya es el punto final de la deshumanización por parte del mercado y del sistema. Ya que el sistema no es que no sea una herramienta a nuestro servicio. Es peor, el sistema nos absorbe como un elemento más de su engranaje para su desarrollo supeditándonos a él. Ya que nos convierte, en productos creados para consumir, en el mejor de los casos. Es el mercado amigo… que le vamos a hacer.

Jamás en la historia humana hubo tantos suicidios. Además, esta tasa es a menudo más alta en los países más felices. Quizá medir felicidad por las tasas de consumo no era buena idea. Cuando se utiliza el término desarrollo, solamente pensamos en desarrollo tecnológico, técnico y económico, pero si no conlleva desarrollo humano y personal no vale para nada. Nos hace peores. No es esta en nuestra naturaleza ya que vinimos a la vida a ser felices y no a consumir.

En cualquier caso, cuando una especie atenta tanto contra su propia vida, significa que algo no está bien. Habría que preguntarse eso también. Algo está fallando. Ninguna especie más que la nuestra atenta contra su propia vida en el planeta tierra.

Finalmente creo que José Saramago tenía razón cuando dijo: “La alternativa al neoliberalismo se llama conciencia”. En el video que me hizo reflexionar sobre esto y que dejo a continuación, Ignatius lo desarrolla en clave de humor.

 
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Publicado por en 2 abril, 2018 en Abstracto, Politica, Vivencias

 

Última llamada

Comenzó su marcha muy despacio, como si el conductor no tuviera prisa en marcharse de la estación. Él iba sentado en la dirección opuesta a la marcha del tren, pudiendo ver lo que iba dejando atrás. Miraba por la ventana y pocos metros después de arrancar, se dio cuenta de que ella aún estaba ahí fuera en el andén y no se había movido. En ese momento una suave sonrisa relajada empezó a dibujarse en la comisura derecha de su boca. Levantó la mano para despedirse y ella le devolvió el saludo. Tras unos segundos su figura se fue entrecortando entre las ventanas del tren y poco a poco ella fue desapareciendo en la lejanía.

Momentos después ya había cogido velocidad. Mientras seguía con su tranquila sonrisa en la cara, una sensación de relajación entremezclada con euforia se había apoderado de él. Sentía al respirar una energía que le cogía desde el estómago pasando por el pecho y le subía hasta la cabeza. Una sensación casi febril con la cual le parecía levitar. Pensó en ella… le sorprendió y agradó mucho que hubiera esperado unos pocos minutos para ver su partida. Estoica, elegantemente recta y guapísima. Por la posición de su cuerpo y la dulce expresión de su cara se veía a una mujer consciente de sí misma y de lo que le rodeaba.

Se preguntaba si la volvería a ver pronto, aunque en ese momento no era una pregunta, era un deseo. Que estúpido… pronto. La pregunta era si la volvería a ver, ni siquiera pronto o tarde. Si la volvería a ver y sentir como ese sucedáneo de fin de semana de menos de veinticuatro horas que habían compartido. Le costaba hacerse consciente de su estado mental a la vez que le invadía esa sensación cada vez que pensaba en ella. ¿Querría volver a verle? Por momentos estaba seguro de ello, pero realmente no sabía si eran pájaros únicamente de su cabeza.


No quería rehuir todo aquel laberinto de ideas, pensamientos y recuerdos que se agolpaban en su mente pero no era fácil colocarlo en ese momento. Es difícil a veces transformar los sentimientos en pensamientos. Es difícil a veces controlar los pensamientos que circulan locos por la cabeza, pensó, sobre todo si son tan atractivamente intensos. A menudo no era normal que eso le pasara a él, pero lo que había vivido durante unas horas le había descolocado demasiado, mejor dicho: colocado. Pensar esa palabra le hacía sonreír, incluso casi reír, mientras viajaba solo en aquel tren.

De repente se dio cuenta de que quería disfrutar de ese estado y decidió no hacerse más preguntas. Al menos no más preguntas que no tenían sentido en ese momento y que además no podía responder. Sacó el teléfono del bolsillo y se puso unos auriculares. Miro a través de la ventana; ya no estaba en aquella ciudad, aunque a ella aún podía sentirla muy cerca. Veía árboles y campo mientras el sol lentamente se disponía en el horizonte para iniciar el crepúsculo. El color naranja rojizo que lo bañaba hacía todavía más bonito aquel paisaje. Cogió el teléfono y busco una canción que tenía en la cabeza. Si, sonaba muy bien. Respiro hondo y tranquilo y regresó a aquella cama, a aquella piel y a aquellos ojos.

Aquella cama donde habían dormido algún rato esa noche. Donde sus cuerpos parecían conocerse y anhelar al otro. Sus manos recorrían su suave piel de manera automática como si tuvieran la ruta grabada… quién sabe dónde. Una piel clara que cubría su estilizada silueta. Lo hacía primero delicadamente y despacio para terminar haciéndolo fuerte y a modo de presa. Ahí donde sus alientos se aceleraban. Su boca estaba sedienta de sus labios, de su cuello y de todo su torso. Las pulsaciones subían. De repente le volvió el calor y aquella sensación y quiso regresar su pensamiento a la calma. A la calma de las miradas que hablan, de las sonrisas cómplices y las caricias lentas. A los besos tranquilos. A su gesto a veces cauto, callado con la mirada seria de mujer. De mujer lúcida en sus reflexiones interiores y silencios con algún rincón oscuro. Pero también a aquella sonrisa inocente y hermosa de una niña que él disfrutaba observando. Una sonrisa tan bonita, pensó, que parecía dar más luz que el sol de la mismísima ciudad de Sevilla.

 
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Publicado por en 25 marzo, 2018 en Amor, Narrativo

 

Miedo y asco

He procurado igual que en todas las demás muertes que suceden a diario, sean de niños o no, no prestarle mayor tiempo que el necesario. Más que nada porque en ese caso no haríamos otra cosa. No tengo hijos, pero puedo entender el significado de ser padre o madre. De ver nacer una vida de tus entrañas, de cuidarla y mimarla. De alimentarla y protegerla mientras crece. Y se me hace terrible y ácido imaginar el trance de tener que verlo muerto unos años después.

No tuve información del asunto hasta que saltó la noticia de la muerte del niño y las redes sociales se saturaron, los telediarios lo mismo y los periódicos digitales llenaban sus portales aunque hicieras scroll, con el mismo tema. Se puede entender, obvio. Hay algo que me da especialmente miedo, y es la reacción virulenta de la gente en redes sociales. Como la gente pasea su odio, su bajeza y mil mierdas más sin descaro. A veces a modo de terapia y otras a modo de altavoz. Da cuenta del nivel moral de muchos usuarios que son, detrás de la tecla, o se supone, personas.

La parte del asco, viene como siempre de los oportunistas. De aquellos que no se cortan lo más mínimo en utilizar el momento de calentón del personal para sacar algún tipo de rédito. Esto da cuenta del nivel moral, de nuevo. Por desgracia para nosotros, la sangre, la miseria, la carne, la rapiña y el sensacionalismo han sido bien acogidas por el conjunto. Eso hace que lo más miserable salga a relucir desde los matinales de televisión hasta las intervenciones y votaciones en la cámara de ciertos políticos o personajes mediáticos. Incluso la madre del chico ha señalado a un periodista y su patético oportunismo de una manera educada y elegante además: “Se está presentando como amigo nuestro cuando no lo es. Tengo el derecho a decir que no me gusta”. En cuanto a políticos, no hace falta nombrar a ninguno, se definen perfectamente cambiando de postura o discurso a medida que los acontecimientos se suceden.

Como dije arriba, no he seguido el caso desde el principio. Hay a veces, que por circunstancias que uno puede entender como un caso así llama particularmente la atención y por las redes sociales se expande como la pólvora. Se convierte así en la noticia durante unas semanas. Puedo entender esto perfectamente. Pero a veces urge recordar que en España desde 2012 han muerto más de 100 niños por homicidio. Si nos alejamos un poquito más, en Siria, en lo que va de 2018 han muerto más de 1.000 niños. Por desgracia para todos nosotros, en esta basura de mundo, que hacemos entre todos, se matan y violan criaturas cada día. Si por cada uno de los chicos muertos, ya no en Siria, sino en España, nos arrolla esta ola de odio y basura, la convivencia no es posible. No se puede entrar en un espiral de rencor en ningún caso. Y lo digo entendiendo que hay casos que por determinados elementos llegan más que otros y ocupan emocionalmente el colectivo.

No soy jurista ni pretendo sentar cátedra. Pero si hay algo claro: legislar en caliente es lo menos efectivo posible. Cualquier jurista lo sabe, ya que se hace desde la emocionalidad y no desde la racionalidad. Por un lado porque no se le puede aplicar una ley con efecto retroactivo; lo impide la constitución y el código civil. Por otro porque es irracional legislar desde la emocionalidad colectiva de un suceso como el de una muerte, desde la revancha y desde el odio. No se puede legislar desde la rabia y la mala sangre, debe hacerse siempre desde el estudio y la eficacia de las leyes a implementar. De la mano de profesionales y expertos en la materia, que conocen los problemas y llevan tiempo trabajando en ello. Por desgracia, nada va a restituir a los padres la muerte de un hijo.

Por último, hay algo que sí que creo que debemos reflexionar. Sobre nosotros mismos. No es buena idea dejarnos llevar por sentimientos de odio y cólera y así dar rienda suelta todo tipo de saña. Jamás esto apareja nada bueno. Tampoco lo hace la sangre y la carnaza. El hecho de que alguien este emocionalmente alterado, o colectivamente alterado, no nos legitima para pasear y exaltar odio y menos para defender una postura u otra e intentar justificarla en un momento así. Es obvio que todos estamos en contra de este tipo de cosas. No se entiende como alguien puede hacer daño a una criatura indefensa, pero dejarnos llevar por la visceralidad y la rabia no nos lleva a ninguna aventura buena, sino lo contrario. El hacernos cargo de nuestros sentimientos de ira es importante. De manera interna y externa, ya que nos puede llevar a lugares oscuros y a sembrar un ambiente inhabitable que no ayuda ni resuelve el problema. Creo que es de demasiada bajeza moral justificar la mierda que sale de una boca o de un teclado con tu ira personal.

Me quedo con la reflexión de la madre: “Que nadie hable más de Ana Julia. Que no aparezca en ningún sitio y que nadie retuitee cosas de rabia porque ese no era mi hijo y esa no soy. Que pague lo que tenga que pagar, pero que lo que quede de este caso sea la fe y las buenas acciones que han salido por todos lados y han sacado lo más bonito de la gente. No puede quedar todo en la cara de esta mujer y en palabras de rabia. No quiero que todo termine con la rabia que esta mujer ha sembrado.”

 
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Publicado por en 15 marzo, 2018 en Politica, Vivencias

 

Resistencia Cubana

Letra “Resistencia – Reincidentes”. Es imposible cada vez que pienso en ese caimán del mar Caribe, no sentir el calor y la dignidad de su gente y de su historia. Dignidad es resistencia a ese bloqueo injusto y amoral. Gracias siempre Cuba.

En el caribe cerca del gran cañón hay una isla que es todo corazón
y una canción pretende llamar la atención acerca de una olvidada
y muy patética situación.

Durante siglos se la machacó fue el basurero
y el burdel de to dios y dió una lección con valentía y tesón
del egoismo de la incultura y del fango escapó.
Resistencia…

Pero el que manda se empezó a mosquear
aquello era un grano en su bonito cristal
y fabricó torturas para asfixiar y una alambrada a su alrededor
hecha de odio mortal.

Entre el orgullo y la desolación mentiras cuzadas que infectan la opinión
en Cuba hay un pueblo que sí sabe estar
en un tiempo futuro la historia se lo agradecerá.
Resistencia…

Nada es perfecto, todo debe cambiar es muy duro el camino de la libertad
para llegar más cerca del ideal en busca de un mundo que lo disfruten
gente libre y en paz.

Nuestra abundancia es pal que puede pagar
sólo es posible a costa de los demás la muerte lenta y la sinrazón
de todo aquello que tiene verdadero valor.
Resistencia…

 
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Publicado por en 5 marzo, 2018 en Amor, Canciones

 

Mi patria digna

Mi patria comienza con los que viene a la vida. Los que me abrazaron y recibieron hace ya treinta años. O quizá, comience nueve meses antes. Varios estudios muestran que la personalidad comienza a gestarse en la tripa. A algunos de ellos ya he tenido que decirles adiós, pero siguen siendo mi patria. Viven en mí y siempre lo harán. Todo ese tiempo de infancia y de niñez con mis padres intentando y consiguiendo que mi hermana y yo fuéramos felices y fuertes en valores. Todo ese rato con mis abuelos jugando, aprendiendo y riendo… pasando días enteros en una atmósfera de amor y paz. De tierra firme. Todos esos momentos con mis primos. Aquel tiempo recorriendo mi pueblo, el campo y todos aquellos rincones hasta donde alcanzáramos en bici, corriendo o como se nos ocurriera, en aquel mundo de niños, que sólo era nuestro. Allí donde los adultos no entraban, ni deberían entrar nunca. Aquel mundo divertido de imaginación y aventura. A veces pienso, que quien no tiene pueblo, le falta algo. Perdíamos la cuenta de los días al vivir con intensidad cada momento y sin que hubiera otra realidad aparte de la presente. Suerte que esto, aún intento practicar con regularidad. Es importante hacer cosas de niños y sentirse como tal.

Esa es sin duda mi patria más pura, de ahí es de donde más profundamente vengo y pertenezco. No hay nada más cierto que la afirmación de que la patria es la infancia. De ahí me siento y ahí me reconozco. Quizá es estúpido decirse orgulloso de algo que ha sucedido sin que uno haga esfuerzo. Pero estoy orgulloso, pero sobre todo agradecido de mi infancia y mi familia; es una de las razones por las que soy como soy. Son dos términos que siento como si de un único elemento se tratara. Ese tiempo nos marca a fuego para siempre. Aunque también, mi patria está compuesta por otras muchas pequeñas cosas. Lo es el puñado de amigos que en cada etapa de mi vida han estado compartiéndola conmigo y yo he tenido la fortuna de acompañar. Unos entraron y se quedaron por más tiempo, mientras otros se fueron o me fui yo. Especialmente es un privilegio hacerlo con ciertos camaradas nobles, que entienden la vida, el tiempo que nos toca caminar juntos. Compartir barricada, conversaciones, reflexiones, dignidades.

La música tiene mucho más sentido si es compartida por un momento, un lugar, una persona, un afecto, con un beso y mil sonrisas. Hay canciones que uno no puede escuchar sin trasladarse a ese momento, a esa persona. Ahí también se encuentra un poquito de mi patria. Sentir la acción de esa música que te mueve por dentro, en lo más hondo. Que cae por tu cabeza como el agua caliente de la ducha en invierno. Que te cubre y rodea por completo el cuerpo y te hace vibrar y viajar. También en ocasiones me pasa con los olores.

Y por supuesto, los lugares. No estoy hablando de ningún país. Ni siquiera de una ciudad. Como mucho podría hablar de un pueblo. Mi pueblo y esa naturaleza que lo rodea. Algunas calles, esos pinos y montañas… Al fin y al cabo, de ahí soy y ahí me siento en casa como en ningún otro sitio. En pocos lugares descanso y duermo tan bien. Y muchos rincones… aquellos donde, por la compañía conmigo mismo a veces, o con otra persona, el tiempo se para. Dan perspectiva y eso te ayudan a comprometerte con la vida. Con lo central de la vida: lo que Pepe define como “La rueda humana”: Las relaciones afectivas, el amor, la amistad, las relaciones familiares y lo que da calidad a lo anterior: la relación con uno mismo. Conocerse a uno mismo y buscar tiempo para hacer y descubrir cosas que te hacen feliz. No hay que saberlo solamente, hay que sentirlo. Es por eso que aquellos rincones, son patria profunda también, por lo que para mí representan. Son cicatrices de vida ubicadas en diferentes lugares. Obvio, lo son los viajes. Especialmente los que uno emprende en sabia soledad, de los que nunca vuelve la misma persona. Todo aprendizaje vital es patria.

Obvio. Son los besos que nos dimos y las noches que dormimos. También las que no dormimos. Las que descansamos y las que no, porque el descanso está en la armonía, no en las horas de sueño. Cuando nuestra cama era Berlín y nosotros dos soviéticos. Lo que nos dijimos y lo que nos dijo el silencio y los abrazos de nuestras miradas. Los momentos que el idioma no tiene que ver con las palabras porque, además, a veces no es suficiente. También el paso del tiempo. Unas manos recorriendo una espalda. Una boca recorriendo un cuerpo. Arder, vivir y disfrutar. Una sonrisa, luego una risa, y otra… hasta el dolor de tripa. Y llorar…, de alegría y de tristeza. Descubrirse en el otro mientras nos descubrimos a nosotros, igual que un niño juega, sin saber que juega. Ese calor con el que a veces olvidas que fuera hace frío. Saberse de alguna patria personal, ayuda contra el frío de la vida.

La patria por construir es la vida que voy pisando al caminar. Los caminos que me quedan por recorrer. Lo vital que voy haciendo al vivir. Lo que aprendo al tropezar. Y cuando echo de menos mi patria, tiene que ver con el recuerdo de la mirada cómplice y las manos arrugadas y moteadas de mi abuela o de aquel abrazo con mi padre aquella mañana de invierno. También con el sentimiento de aventura continua de la niñez y del descubrir donde el miedo no cabía en el plan. De la seguridad y el calor familiar que no solo llevo dentro, sino que forma parte de mí. Tiene que ver con los silencios, con las miradas en una cama desnuda y la complicidad de dos cuerpos en armonía ávidos de la otra piel.

Creo que mi patria, no tiene bandera. No me importa demasiado. La mayoría de las veces sirven para separar personas y dividir. Por la estúpida razón, tan relegada a la suerte y al azar, de haber nacido en uno u otro lugar. Personas iguales que sienten igual, se emociona igual, y en definitiva son lo mismo. Pensar distinto esto último, me parece bastante peligroso. Puedo portar alguna bandera, pero jamás sería tan estúpido de matar por ella o de sentirme superior. Ninguna patria de banderas es tan importante como para ni siquiera discutir. Las personas de noble corazón y solidarias de verdad no miran banderas o nacionalidades: miran personas, porque saben que lo otro no es más que un invento, una mala fábula en el mejor de los casos. Me temo que hay demasiados personajes aprovechando ese sentimiento y sacándole rentabilidad desde bien antiguo. La mía no está fabricada en tela, está hecha más bien de sentimiento, de recuerdos, de piel y de miradas. De infancia. Por eso, si hay que construir patrias o banderas, se me ocurre hacerlo con mis mejores materiales, que nada tienen que ver con un trapo de colores. Porque las banderas sean de donde sean y representen a lo que representen, son todas “made in china”.

 
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Publicado por en 19 febrero, 2018 en Amor, Vivencias

 

Por Amor al Arte

Este fin de semana estuve en Sevilla de nuevo. Cuantas más veces estoy por la ciudad más me doy cuenta de lo que me gusta caminar y sentirla a cualquier hora del día. A parte del disfrute visual, de caminar, de beber y comer mucho y bien y visitar a la gente que tengo allí, es un lugar donde estoy a gusto y mi cuerpo me lo dice. Se me ocurren ideas e historias que escribir cuando la visito. Cuando en mi cabeza nace esa gana por escribir significa que ese lugar tiene algo especial para mí. No sé exactamente que será, pero algo hay por allí, que Sevilla me mueve por dentro y me toca. Por algo es mi ciudad favorita en España.

El sábado a primera hora de la mañana estuve en el Alcázar. Se agradece que fuera bien temprano para poder disfrutar esa fortaleza sin que esté lleno de guiris o japoneses haciendo fotos y uno, por no molestar tenga que moverse haciendo Tetris. El lugar es maravilloso y en ciertas estancias por su arquitectura mudéjar me recordó otro lugar igual o más impresionante: La Alhambra, especialmente cuando pasamos al patio de las doncellas.

Me acorde de la última de las tres veces que he visitado la Alhambra. Por las prisas tuve que comprar la entrada a última hora. Al comprar los tickets no puede hacerlo por la página web ya que estaban agotadas. Buscando por internet, encontré una web donde eran algo más caras y con visita guiada en grupo. La verdad que en un principio no era lo que más me apetecía ya que conocía el lugar, pero era la única alternativa que tenía.

Después de esperar un rato en la puerta nos repartieron los audífonos y dividieron los grupos para seguirlo en castellano e inglés. Para cada grupo se nos asignó un guía que se ponía un pequeño micrófono que como buenos corderitos debíamos seguir y escuchar. Por un lado, la idea no es mala, siempre viene bien que alguien que conozca aquello, y más en un lugar así, te explique el significado y te ubique temporalmente durante la visita, pero es cierto que, por otro, soy, a menudo, poco amigo de formar parte de rebaños.

No recuerdo su nombre, ya ha pasado un tiempo. Rondaría los cuarenta largos y aun podía adivinarse que había sido una mujer muy atractiva en su juventud, con seguro una horda hombres detrás de ella. Guapa y delgada, con mirada amable, aún conservaba su belleza, sobre todo en su forma de andar y hablar. También en su cara. Hay ciertos tipos de actitudes que hacen que una mujer envejezca bella. Al final, la cara es el puro espejo del alma. Pero todo esto y mucho más que podría decir sobre las tres horas que pudimos compartir, es ridículo comparado con los conocimientos que tenía de La Alhambra.

Desde que empezamos la visita hasta que terminamos descubrimos un montón de información gracias a ella. Pero lo mejor no era eso, tampoco. La manera y la emoción con las que entraba en cada palacio, jardín o estancia y contaba historias sobre aquel complejo enfrentado al Albaicín y al Sacromonte era increíble. Lo hacía además con una voz dulce y con ese acento embelesador granadino que era un placer para los oídos. Se movía ligera saludando por su nombre a todo el mundo, que parecían encantados de verla.

Nos explicó, entre otras muchas cosas, como, realmente la Alhambra habla a los que la recorren si saben interpretarla. Lo hacía con un tono amable y bromeando a cada rato, parecía divertirse ella sola y estaba encantada de estar allí. Los que intentábamos ir cerca de ella, cuando hubo ocasión le cosimos a preguntas, sobre todo curiosidades. Siempre sabia explicar perfecto cualquier duda y también contar una anécdota al respecto. Quizá es la mejor guía que haya tenido. Creo. Hubo un momento que alguien le pregunto, si no cansaba hacer el mismo recorrido cada día. En ese momento, ella esbozó una pequeña sonrisa, entre picara y seductora, como si le agradara contestar a eso. Después, sin alterarse lo más mínimo en la forma y en el tono, le contesto con otra pregunta. ¿Como me voy a cansar de estar aquí? Esto es un privilegio, poder caminar cada día entre estas paredes y entre estos palacios… Estoy enamorada de Granada y aún más de la Alhambra. Y realmente, lo que decía era totalmente cierto. Estaba orgullosa. Feliz, como muchacha enamorada que no camina, sino que levita por cada rincón cantando de felicidad y sonriéndole a cada esquina.

Justo ahí, uno se queda pensando mientras se le dibuja una sonrisa en la boca. Primero, reconozco que tuve envidia de ella. Después me di cuenta que tuve envidia del trabajo que tenía. Pero finalmente me di cuenta de que el secreto del éxito, en general, es estar enamorado de lo que uno hace, aunque lo haga cada uno de los días de su vida. Aunque hay que reconocer, que recorrer aquel lugar y morar en Granada, ayuda mucho a vivir enamorado.

 
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Publicado por en 22 enero, 2018 en Amor, Reseñas, Vivencias

 

Colombia, el peligro es no querer marcharse

Aunque mi vuelo era directo a Bogotá los amigos de Iberia me hicieron cambiar de avión por overbooking. Al menos no me quedé en tierra, que era la último que quería ese sábado. Tras hacer una larga escala en Lima, llegue a mi destino ya pasada la medianoche, y con mi mochila aún en Madrid por si lo de llegar 8 horas después no fuera suficiente. Iberia siempre se supera. Suerte que a la noche siguiente llegó mi equipaje a Colombia. No me gustaba la idea de llegar tan tarde a Bogotá, pero no había más opciones. Después de hacer el papeleo de la maleta perdida cogí un taxi y fui directo al hostel.

La primera mañana en la ciudad hice un tour y recorrimos el barrio de la Candelaria. Es el centro histórico de Bogotá, donde está el Museo del Oro, el Museo de Botero, varias catedrales, edificios gubernamentales, Monserrate etc. La zona es muy bonita sobre todo si te gusta el estilo colonial con aspecto desgastado. Con precaución uno puede andar solo en la Candelaria por el día, incluso por la noche, siempre y cuando no de papaya y mire bien porque calles se mete. En el tour con la gente de Beyond Colombia pudimos recorrer no solo las calles, sino la historia del país. Los chicos del tour tenían muchísimo conocimiento y nos ayudaron con todas nuestras preguntas. La de Colombia es una historia de una violencia fundacional increíble, sobre todo en los años 80 y principios de los 90. Por suerte hoy en día ya no es así. En la plaza de Bolívar terminamos el tour, junto al famoso Palacio de Justicia y demás edificios públicos e iglesias. El mismo que Pablo Escobar mandó quemar con ayuda del M-19, donde fueron asesinados varios magistrados en 1985. Realmente la historia del país es… sencillamente salvaje. Bien verraca, como dicen allí. Ni siquiera los historiadores y la gente autóctona saben algunas cuestiones a ciencia cierta a día de hoy. Por la tarde fui a comprar algo de ropa, ya que no tenía mi mochila y antes de anochecer me subí a Monserrate para ver la puesta del sol. Es un lugar espectacular para ver la ciudad desde bien arriba. A la noche unas cervezas en la plazoleta Chorro de Quevedo escuchando a algún tertuliano callejero entre el olor a marihuana y a dormir al Hostel… era guapo y cutre, que es como debe ser un buen hostel, aparte de acogedor. Quizá tenía más días de visita, pero para mí era suficiente, me iba con buena impresión de la capital. Es una ciudad desordenada y caótica y su clima es bastante más fresquito que el resto del país debido a su altitud, pero merece la pena ser visitada al menos un par de días.

El siguiente destino era San Andrés y Providencia. Dos pequeñas islas enfrentadas a Nicaragua, pero que pertenecen a Colombia. Hablan en criollo, aparte del castellano y se sienten un poco menos colombianos. A nivel de playas para hacer snorkel y paisajísticamente es brutal, especialmente Providencia. Es muy tranquila y la zona interior de la isla tiene una montaña y es muy selvática. Días de relajación con gente acogedora. Una moto es perfecta para recorrer las Islas. Con decir que sabes manejar, no te piden ni el carnet. Conocí a un par de parejas españolas y una de las chicas era colombiana. Nos cruzamos varias veces en la isla, ya que no era muy grande…

Una de las noches estuvimos bebiendo birra y hablando sobre el país… fue interesante y divertido. La chica colombiana estuvo contando un montón de cosas de allí. Tras no sé cuántas cervezas y varias horas (para que mirar el reloj), llegábamos a la conclusión de lo mal repartida que esta la riqueza. La verdad que no solo en Colombia, sino en toda América Latina y eso es una pena. Duele que un continente tan rico, con una gente de tan buena fe esté tan mal repartido. Sobre todo, porque la desigualdad genera una violencia que degrada los países. En San Andrés estuve menos tiempo. Es algo más grande que la otra isla e igual de cara, pero esta hasta arriba de gente, demasiado turística. Para salir de fiesta por la noche tiene movimiento.

La próxima parada, y por poco tiempo fue Medellín: territorio paisa. Visite la zona centro muy por encima ya que se hizo de noche rápido. Al anochecer fui el pueblito paisa: un sitio chulo y con buenas vistas. La ciudad es más moderna y funciona mejor que la capital. Es bonita, todo lo bonita que puede ser una ciudad. Rodeada de montaña verde, uno tiene muchísimas cosas que hacer. Mucha gente de allí dice que debería ser la capital. Tuve la suerte de conocer a una chica colombiana en el vuelo y quedé en la noche con ella y unas amigas. Me llevaron a una zona donde va la gente local a cenar y a tomar, al barrio San Juan. Era un barrio tranquilo y aunque me toco esperarlas un rato en la calle, mereció la pena. Comimos bien: mucha calidad y muy barato y después tomamos unas micheladas, que no es más que cerveza con jugo de limón recién exprimido y el vaso rodeado de sal. Estábamos en una terraza y a media noche empezaron a tirar petardos y fuegos artificiales como si no hubiera un mañana. Era la alborada, porque entraba el 1 de diciembre y estaban celebrando el inicio de la Navidad. Es curioso la historia de esta tradición. Por lo que he podido investigar y lo que me contó la gente de allí, viene porque en esta fecha los narcotraficantes y paramilitares repartían pólvora entre la gente para quemarla y disparaban al aire para celebrar el aniversario de la muerte de Pablo Escobar, que fue un 2 de diciembre. Después la gente se quedó con eso, y ahora es una tradición para dar la entrada de la Navidad. En toda Colombia, pero aún más en Medellín todo tiene conexiones con el narcotráfico. No se puede entender Medellín ni la misma Colombia, sin su “Robin Hood” paisa y el tráfico de cocaína.

Estando en Medellín, es buena idea acercarse a ver la zona de Guatapé y subir a la Piedra del Peñón. Te toma algo más de medio día, pero merece la pena. Los pueblos son muy bonitos y las vistas desde el peñón son espectaculares, parecen de película. Lo mejor que tiene Sudamérica, sin duda, a parte de la naturaleza brutal, son los pueblos y las zonas más rurales. La gente te acoge y caminas a cualquier hora por casi cualquier lugar tranquilo, sin miedo a que te roben o vayas a tener un rato desagradable. A la tarde ya de vuelta en Medellín, unas cervezas por la zona del poblado, donde me alojaba, eran lo justo para despedir la ciudad. Es un sitio super seguro también por la noche. Mucha marcha y demasiado extranjero. Salí con las amigas holandesas del hostel y nos lo pasamos muy bien. A medía noche taxi y para el aeropuerto. De madrugada salía mi avión a Bucaramanga.

Me contaron que Bucaramanga es una de las ciudades más seguras, bonitas y tranquilas del allí, pero no tenía ganas de comprobarlo. Donde estén los pueblos y las cosas pequeñas, que se quiten las megalópolis y las grandes masas. En las cosas pequeñas está lo más hermoso de la vida. Recién aterrice, taxi y para San Gil, la capital del deporte extremo en Colombia. Eran como tres horas y a mitad de camino, el taxista, que un minuto antes casi pilla un cordero, me sugirió parar para comernos uno, pero ya matado y cocinado. Paramos en una especie de bar de carretera que conocía. La verdad que nos pusimos finos y bastante barato. No tienen una gastronomía espectacular, sobre todo teniendo en cuenta que vengo de España, pero se come bien y bastante económico en general. Llegue a mi destino y rápido estaba dando vueltas y callejeando por el pueblecillo. Durante mi estancia de varios días allí hice un poco de todo: visité los pueblos de alrededor; increíble Barichara o las cascadas de Curití, conocí mucha gente, estuve bañándome en diferentes pozas donde hice amigos locales. El kayak en aguas bravas o cualquier otra actividad parecida es interesante.

El rollo de estos pueblecitos y zonas rurales me encanta por mil razones. Me quedaría allí a vivir sin mayor problema. Principalmente por la tranquilidad de la gente, del entorno y del ambiente y la vida que tienen. También por la sintonía con la naturaleza ¡Y por la cantidad y lo buena que esta la fruta! En San Gil tienen cada mañana un mercado enorme donde encuentras de todo, especialmente fruta. Tienen algunos puestos que por pocos pesos te preparan cada jugo y cada ensalada de frutas con cereales… Increíble. Los mejores desayunos del viaje, sin duda. Moverse entre los pueblos es sencillo y barato con las líneas de autobuses y si quieres adentrarte en zonas menos accesibles tienes agencias de aventura etc.

En cuanto a la vida nocturna, bastante entretenida. Una de las noches, que volvía de cenar hacia el hostel, me entretuve comprando una pulsera a un chico que las vendía en la calle. Resulta que me contó su historia; viajaba haciendo pulseras por Sudamérica. Al poco rato, estaba en la plaza del pueblo con una veintena de colegas suyos, unos vendían, otros tocaban algún instrumento y otros solamente viajaban. Fue curioso hablar con varios de ellos. Cada uno una historia y una vida distinta. Que vidas tiene la gente, ¡Cuantas opciones de vida hay! Conocí también a una niña gaditana que estaba con ellos. Estaba de visita hasta Navidades y lo pasamos genial. Intentamos arreglar el mundo, pero como es imposible, nos lo dejamos para otro día. Me emborraché con ellos y perdí la hora de vuelta a casa. Lo bueno de estar viajando es que esa hora no existe. Esa sensación de libertad y aventura de hacer en cada momento lo que la intuición te pide es muy grande. Con mucha pena y alguna contusión causada por el kayak, mi próximo destino era esa ciudad que al entrar al centro o al verla sobre el mapa, me recordó a Cádiz.

Uno puede pasearse virtualmente por épocas anteriores en esta ciudad muy fácilmente, algo que a mí me encanta hacer, sobre todo si has leído algo de historia del sitio. Es emocionante pasearse por aquel tiempo donde el imperio éramos nosotros y donde no se ponía el sol. Aquella ciudad fue uno de los puertos más importantes de comercio. Gran parte de la riqueza que entraba a España a Cádiz o Sevilla desde las américas, lo hacía desde aquí. Cartagena de Indias fue y es a día de hoy un punto estratégico que, aun con su excesivo turismo, merece ser la pena ser visitada. Ver el centro histórico rodeado por la muralla, cada callejón, su estética colonial tan colorida, las catedrales… todo. Yo no soy muy fan de las grandes ciudades, pero hay que reconocer que el centro histórico de Cartagena es tema aparte. También es tema aparte la humedad por toda la costa caribeña. Las playas cercanas son hermosas, especialmente en la península de Barú, pero deberían de cuidarlas mejor, en cuanto a limpieza y explotación turística. Tenía mis últimos días por la parte del caribe así que decidí subir hacia el norte. De paso por Barranquillas y llegar a Taganga, el pueblo de salida para el parque nacional Tayrona. El norte es un lugar más pobre, lleno de chabolas sobre todo en las afueras de los centros urbanos.

Santa Marta es la ciudad más antigua de Colombia, y para una mañana está bien. Desde la bahía se pueden visitar varias playas, el acuario y diferentes museos cogiendo una lancha. Pero lo mejor de aquella zona sin duda es el Parque Natural de Tayrona. Mi hostel estaba en Taganga y desde su pequeño puerto hacían salidas hacia el parque natural. El viaje es… curioso. Lo hice con más gente en una pequeña embarcación con un motorcillo de Yamaha y varias garrafas de gasolina que lo alimentaban. Todo muy rustico. La manejaba con mucha destreza nuestro capitán: Pirulo. A mitad de camino y en medio del mar, se quedaron un par de pescadores arpón en mano que venían con nosotros. Ningún viaje aquí se desaprovecha, y en barca tampoco. A la vuelta los recogimos con su botín. Las playas son espectaculares y si uno se encamina hacia adentro debe tener cuidado, la humedad hace que la sensación de cansancio te agote. Hay otras opciones de entrada al parque por tierra por diferentes caminos y carreteras y luego de recorrerlo a caballo etc. Mi tiempo llegaba a su fin y debía volver a Cartagena para coger el avión. Todo lo bueno se acaba, pero como dijo el gran escritor colombiano García Márquez: “No llores porque ya se terminó, sonríe porque sucedió”.

Con muchas cosas en el tintero, nuevas experiencias en la mochila y un poco de tristeza me metí en el avión. Colombia merece la pena verla por mucho más tiempo y yo me sentí muy bien allí, como siempre que voy a Sudamérica. No sé qué tiene, pero algo es. Muchos momentos estando allí son indescriptibles, increíblemente buenos y con una sensación de libertad y aventura brutal. Y claro, si hay aventura y batalla uno se siente muy joven. En tan solo dos semanas creo que hice un recorrido bastante completo, entre comillas, por el país. Se nota mucho la agilidad de viajar solo y conocí mucha gente de todo tipo otra vez. Tuve tiempo de leer, escribir y reflexionar mucho. La lectura, a parte de la guía del país, fue “El miedo a la libertad” de Erich Fromm, muy adecuado para un viaje en solitario y ser aún más consciente en la observación y la reflexión del entorno y de miz. A veces estaba leyendo y pensaba… ¡Joder lo han escrito para que yo lo lea en este momento! Ha sido un viaje realmente enriquecedor en lo personal, buscar la soledad en armonía es algo muy grande. Ayuda a crecer y madurar. Y todo eso a relativizar problemas, ya que si uno está a gusto consigo mismo, todo lo que ocurra en el viaje o en la vida, con un poco de flexibilidad mental, es bienvenido y tratado como reto u oportunidad.

 
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Publicado por en 10 enero, 2018 en Narrativo, Reseñas, Vivencias