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¿Dónde miras tu?

Cuando uno ha vivido lo suficiente, en tiempo y experiencias y es capaz de sentarse a observar silencioso y de manera profunda a la gente, descubre información interesante. Interesante sobre los demás y sobre uno mismo, porque en lo elemental, somos todos la misma cosa. Es decir, nuestra naturaleza nos iguala en lo básico y fundamental y eso hace que mirando a otros encontremos respuestas que nos sirvan. Afirmar que hay dos tipos de personas es obviamente reducir la realidad a una caricatura pero es cierto que en esta ocasión puede ayudar de manera general a entender la idea que quiero explicar.

Imaginemos que alguien hace unas vacaciones maravillosas por la Costa Oeste de los Estados Unidos durante un par de semanas, o por el sudeste asiático, o por cualquier ruta estupenda. Imaginemos que durante ese viaje, una de las personas que lo hace retransmite por sus redes sociales cada momento que vive del viaje. Me refiero a un nivel de exposición medio alto. No es difícil imaginar, porque mucha gente lo hace en estos momentos, especialmente por Instagram. Ahora pensemos en esa misma persona, que disfruta igual del viaje haciendo sus fotografías por supuesto, pero sin retransmitir su viaje. ¿Cúal podría ser la diferencia? ¿Mucha o poca? La verdad que no tengo una respuesta concreta, solo una reflexión.

Es evidente que la parte social que existe en todos nosotros es un instinto fuerte y la necesidad de formar parte de un colectivo nos lleva en algunas ocasiones a lugares donde quizá no nos sintamos plenamente identificados individualmente pero al menos si disminuimos esa necesidad de pertenencia que nos hace sentirnos solos. Para darse cuenta de esto, hay que tener un mínimo de nivel de conciencia y una manera poco estrecha de interpretar la realidad. 

Pienso que todo esto juega un papel fundamental en el ejemplo que ponía arriba sobre la misma persona y distintos comportamientos “sociales” durante un determinado viaje. Sociales entre comillas porque digamos que ese “yo” es un yo virtual similar al yo social, pero aún más alejado de la realidad tangible. Un yo al más puro estilo Black Mirror, que como poco, da un pelín de aprensión. 

Procuro, por higiene mental, no juzgar a la gente, casi mejor es entender. La observación nos da claves interpretativas. Al hacerlo, en el ejemplo del viaje, pienso que la persona que está continuamente exponiéndose, está mirando más hacia afuera que hacia adentro. Es decir, está mirando más la reacción del entorno y lo que es ella para los agentes externos, que mirando hacia su misma persona, sus propias afinidades y asimilando la vivencia con presente. No digo que sea un problema conductual: de hacer algo, sino de porque hago o no determinadas cosas. El origen de mis acciones.

Quizá sea por eso la reiteración al etiquetar y entender la vida a través de rótulos externos que nos quitan la posibilidad de profundizarnos y entendernos dejándonos tristes conceptos. Robandonos así la oportunidad de construirlos nosotros mirando hacia adentro, algo que sospecho potencialmente peligroso para la buena vida de uno. Lo sabían ya en la época griega, que todo, desde el enemigo más furibundo al aliado más amable e importante lo llevamos adentro. Por eso merece la pena mirar siempre más hacia adentro de uno mismo y adentrarse en las inmensidades del ser completo y complejo que cada uno de nosotros somos y buscar nuestra verdad. Creo que es ahí donde esta la libertad. 

 
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Publicado por en 19 julio, 2019 en Sin categoría

 

Aprendiz

No aprenden los años, aprenden las actitudes. La experiencia no son las situaciones vividas, la experiencia es interpretarlas y aprender algo de ellas. Moralinas y moralejas. La verdad no es la tuya, la verdad son los hechos. Los hechos son lo que pasa cuando lo cuenta un periodista de verdad. La certeza de la verdad no está en la cabeza está en los hechos y en saber mirarlos. La verdad está. Lo que no está preparada es la cabeza que no puede o no quiere verdad.

Los que hablan mucho, aprenden poco. Como los que cuentan su cuento como universal. Y no aprenden definitivamente nada los que cambian su cuento universal por placer del espejismo, por antojo, sin mirar el reloj. Una nada tan grande como un incapaz. Como un absurdo interprete del juego.

Aprende más el que no se une sin saber a qué se une. El que se niega a no saber o por lo menos a no conocer a pisar por dónde camina. Aprende más y después se une mejor. Porque siempre, aprende mucho el valiente inteligente. No el que mira, sino el que sabe mirar. El que sabe buscar entre la mierda, es el que aprende, y no gana, mejor: se gana. Mirar no es ver, es aprender a mirar. El valiente no es incauto porque es inteligente. El valiente no es egoísta porque es inteligente. El valiente no es nada más que un gran inteligente. Eso sí, el valiente es fiel, porque es inteligente y conoce lo que eso significa.

Aprende el que practica con ello, el que busca lo importante por sí. Por eso no aprende necesariamente el que aprueba un examen. Aprender es mucho más, es todo más.

Aprende más y mejor el que busca la unión, el que busca lo común, y conoce lo que no es común. No se suelen aprender verdades, se suelen aprender mentiras. Es más fácil aprender mentiras que encontrar verdades. Para aprender verdades hay que buscarlas o vivirlas. Aprende el que comparte y el que invierte tiempo donde halla o intuye. También lo hace el curioso.

No aprende el que se sorprende quedándose paralizado. ¿Qué esperabas? Ni el que delega lo que quiere en la respuesta de los demás. Ni el que delega su autoestima, y menos por encima del respeto de sí mismo. No aprende el que se engaña, aunque de igual que engañe a los demás. No aprende el tonto-listo y menos mal. Espero como mucho que aprenda a recibir, porque le puede tocar. No aprende el borrego, porque no sabe dónde va. Al igual que el imbécil y el bocazas. No lo hace el que se une ocasional, y solo mira su ombligo a la vez que lo exhibe.

Se pueden conseguir cosas. Se pueden aprender cosas. No es lo mismo porque aprender te permite mucho más.

Aprende el que intuye e interpreta lo que pasa y lo que puede pasar. El que ha aprendido y aprende, conoce lo que puede pasar, pero no lo sabe y con esta no certeza lo vive con naturalidad.

Intuye el que sabe oler. Interpreta el que sabe ver.

 
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Publicado por en 20 marzo, 2014 en Sin categoría