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Archivo de la categoría: Vivencias

Una historia real del ISIS

La vejiga llena le hizo levantarse. El sol comenzaba a iluminar un día más en Lesbos. Al salir de la habitación para ir al barracón donde estaban los baños lo vio. Sentado, con mirada ausente. En aquel campo de refugiados había visto de todo: seres queridos perdidos por el camino, niños con cuerpos quemados, jóvenes y esposas objeto de trueque sexual para atravesar pasos o fronteras… Pero la historia de aquel músico iraquí la tenía especialmente reciente.

La ideología de ISIS va en contra de cualquier expresión artística. Cada vez era más peligroso permanecer en su país, donde había triunfado como músico y acumulado algunos coches en su mansión. Nadie le había regalado nada. Las amenazas eran cada vez mayores y varios conocidos habían tenido serios problemas. No tenía ninguna pinta de mejorar, más bien lo contrario y decidió así emprender su huida. Visto el clima, se podría decir que no tenía otra opción.

Logró zafarse de los controles que el grupo terrorista tenía dispuestos en el territorio bajo su influencia. Lo hizo comprando un coche funerario. Él, dentro del ataúd, tapiado con clavos. Su hermano, conduciendo. Cuarenta y ocho horas en la caja. Fue así cómo cruzó la frontera de Siria.

Dejando toda su familia en Irak, el viaje en barca fue dirigido por una mafia cualquiera. De las que proliferan donde hay necesidad y gente sin escrúpulos. No fue, como nada de aquella empresa, especialmente económico. Tenía la suerte de poder pagarlo y la desgracia de tener que hacerlo. Logró así atravesar el mar para llegar al campo de refugiados de Kara Tepe tras un largo trayecto .

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Por dudosa fortuna no había tenido que entregar su teléfono móvil como pago durante el largo y penoso viaje lleno de trampas y caminos falsos. La mayor parte de sus compañeros lo tuvieron que hacer en algún momento. Algunos ni así lograron finalizar el camino. Fue con su teléfono cómo descubrió el destino de su familia. ISIS les había matado, pero no fue eso lo peor. Habían tenido un gesto con él al enterarse de su huida. Le grabaron un vídeo degollando a su mujer y se lo habían enviado.

Seguía observando al músico desde la puerta del barracón del baño. La tarde anterior, se enteró de que había intentado suicidarse en varias ocasiones y se acercó a él. Le contó entonces esta historia. Otra más. Él no quiso, porque no quería ni podía ver aquel vídeo pero el joven iraquí lo había visto dos veces. Cuando le contó todo esto, no lo hizo con dolor. Quizá no le dolía porque ya estaba destruido. Aún vivo, estaba muerto.

Intentó entonces hacer algunos ejercicios de relajación para ayudarle. El músico los hizo dejándose llevar por una inercia que daba miedo. Después se lo agradeció desde su ausencia vital. Tal vez había retrasado un poco otro intento de suicidio. ¿En el fondo era lo mejor? Cuando tu suerte se determina así y ya no tienes más cartas que jugar, poner final es el único descanso. Hay ciertos peones en el ajedrez de la vida que ya se saben aniquilados antes de poder hacer nada.

El no lo vería, ya que ese medio día volvía a España. Necesitaba desaparecer al menos unos meses de aquella realidad para poder volver como voluntario. La arcada llegaba esta vez muy honda. La implicación estaba teniendo un coste que empezaba a inhabilitarle para seguir ayudando en unas condiciones razonables.

Mientras entraba al baño, el cual había sido el suyo durante meses, se preguntaba cuáles eran los azares de la vida que hacían que mientras algunos seres despreciables viviesen entre lujos, muriendo de viejos en la cama y con una estatua en la plaza de su ciudad, otros muchos morían pronto, mal y en silencio. Posiblemente no eran azares pensó para sí. Por eso debía marcharse durante un tiempo. Para poder volver a creer en algo y poder continuar más adelante. A esas alturas aquel lugar le había despojado de cualquier fe en el ser humano.

 
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Publicado por en 17 mayo, 2019 en Narrativo, Politica, Vivencias

 

Viajar solo

La primera vez que viajé solo lo hice porque celebraba algo: me acababan de echar de un trabajo. Era el mes de Mayo. Después de unos días desubicado, sin tenerlo muy claro, compré un vuelo barato de ida y vuelta a Marrakech. Aún recuerdo la sensación de susto en Barajas antes de entrar al avión y los primeros momentos por allí. Incluso me preguntaba ¿Quién me manda meterme en esto con lo tranquilo que estaría en mi casa? Una semana más tarde la pregunta había cambiado: ¿Por qué no lo hice antes?.

Ahora es una cosa la cual procuro que no pase demasiado tiempo sin hacer. También lo hago con gente, por supuesto, pero el viaje es diferente cuando uno va acompañado. Ojo, no digo mejor o peor, pero sí distinto. Viajar con familia, pareja o amigos es divertidisimo y obviamente lo hago también siempre que puedo.

Hay personas que no lo entienden muy bien. Me han llegado a preguntar si es que no tenía con quien irme y claro ahí te ries, dándote cuenta que no entienden el significado de un viaje solo. Porque realmente si buscas soledad, algo necesario para todos, la encuentras, pero en los hostel, airbnb,  en ciertos hospedajes o actividades, no sueles estar sólo si no quieres, más bien al revés.

Hay gente que tiene ese lugar que sueña con visitar pero por una razón u otra no encontró con quien hacerlo y lo fue posponiendo. Yo les acabo preguntando si no se animaron a hacerlo por ellos mismos, sin depender de nadie. Al fin y al cabo si quieres hacer algo de verdad, quizá encontraras compañeros por el camino que también lo hagan con la misma pasión. Ahí quedan pensativos pero sobre todo dubitativos.

Conozco a poca gente que se haya animado y al volver cuente una experiencia especialmente negativa o traumática. Los que no lo hicieron, creo que es por miedo, porque a la mayor parte le suele atrae la idea en principio. Lo que pasa que si no somos capaces de arrancar y darle espacio y oportunidad a la experiencia, jamás se disipará ese miedo que es realmente inútil y absurdo. Además, cuando lo haces te das cuenta del millón de cosas que te estabas perdiendo.

Cada uno tiene sus miedos o razones y nadie está obligado a hacer algo que no quiere. Se puede llegar a pensar que nos puede pasar algo malo o peligroso, que nos costará entendernos o manejarnos, que comeremos o cenaremos solos, que nos aburriremos o que nos costará demasiado conocer gente. ¡Qué va! Nada es tan terrible. Hay peligros o riesgos en todo, pero no deben aumentan por estar solo, al menos exponencialmente. Es más, la gente cuando vas solo, tiende a ayudarte más, lo puedo prometer. En cualquier caso, uno debe saber y documentarse sobre donde va adecuadamente y tomar las precauciones que estime. Pero para dar el paso, lo mejor es comprar un vuelo e irse sin pensarlo tanto, al menos por pocos unos días. No hace falta que sea lejos.

Viviras una de las experiencias más bonitas que uno puede tener en la vida, conocerás gente increíble, harás en cada momento lo que te apetezca, se generarán oportunidades para conocerte más a ti mismo y volverás de cada viaje un poco distinto. Sacaras la mejor versión de ti para encajar en las situaciones y con las personas y eso te hará sentir mejor persona, porque… ¡Lo estas siendo! Siempre pienso que a un viaje largo, que emprendes solo, se va una persona y vuelve otra. No es que cambies radicalmente, ni tampoco tu esencia, pero vuelves con aprendizajes que en cierta manera te transforman. Es decir, te marcan. Creo que nos hacen mejores, más tolerantes y respetuosos con la gente distinta y también con nosotros mismos. Viajar es el remedio mejor para la estrechez de mente, los prejuicios y la intolerancia. Viajar sana el cerebro y te permite entender las vidas y la vida.

Lo normal antes de irse solo, y yo llevo tiempo haciéndolo, son los nervios. En los primeros viajes más ligados al desconocimiento, ¿Cómo me irá?. Con el tiempo y la experiencia, los días previos uno tiene unos nervios como cuando es un crío y llega un momento muy esperado, como los reyes magos. ¡Esa emoción de antes del viaje es tan buena y energética!

El viaje además empieza antes de la fecha. Justo cuando compras el pasaje. Cuando comienzas a organizarlo y prepararlo, los días que te quedaras en uno u otro sitio y las actividades que pretendes llevar a cabo. Preparar el viaje y empezar a trazarlo, como un proyecto personal que tu haces a tu medida, solamente para ti. Por eso la preparación debe ser tan importante y mimada como el viaje. Luego puedes modificarlo… ¡No tienes que consultarle a nadie! Puedes quedarte en un lugar por más tiempo porque te gusto o irte antes.

El primero que hice lejos y largo por mi propia cuenta me llevó casi medio año de preparación. Eran 21 días en Cuba. Me empape de los lugares, de los hospedajes, de las actividades, los medios de transporte, de la historia. Por momentos parecía que había leído más sobre historia de aquella isla que de mi propio país. Después agradecí mucho todo eso por dos razones principalmente. Una porque cuando vas a un lugar y la gente se da cuenta de que te preocupaste por conocer su historia y su país todo es más fácil. Las conversaciones son más ricas y largas y creo que es la manera más honrada de ganarse el respeto de los locales. La otra es porque, con todo ese conocimiento que adquieres te capacita para amueblar los lugares que recorres. La cultura sirve para eso, pudiendo pasear virtualmente por épocas o momentos pasados.

Todo esto te permite conocer de verdad como es un país o región, cuando conoces a su gente y te sientes tranquilamente a hablar con ellos o a compartir unas cervezas sin que lo hagan porque tu pagas, sino porque realmente estan comodos y les apetece. Eso se nota y marca la diferencia. Para mi una de las mejores cosas es eso, las conversaciones con gente que lleva vidas distintas, que mira el mundo de otra manera y que su realidad tiene poco que ver con la mía. Para eso no hace falta irse muy lejos la verdad. Hace falta acercarse a la gente, ya sea local o viajeros como tú, con la suficiente humildad y respeto.

Conocer la historia del país es genial, pero algo que te ayudará también mucho si no compartes lengua es aprender al menos algunas palabras. Que vean que te esfuerzas, con eso es suficiente. Aunque hagas el ridículo o te cueste entenderlo pero veras que finalmente te acabas apañando pese a las diferencias culturales y además es muy divertido hablar en un idioma que no controlas del todo o que sabes cuatro palabras. ¿Te imaginas enamorarte en otro idioma?

Otra cosa increíble es como uno aprovecha el tiempo a su antojo. En un día intenso viajando por ahí, te pasan tantas cosas como en dos semanas de la vida cotidiana. ¡El tiempo es tan relativo! Da igual la hora que sea, puedes irte, venir, comer, relajarte, leer, bailar… lo que quieras, en el sitio que quieras y en el momento que te salga de las narices. Darse eso a uno mismo viajando solo, es un placer enorme y es también aprender y apreciar el quererse. Recuerdo vuelos internos u otros tipos de transporte donde aprovechaba para dormir, porque no encontraba hueco en otros momentos. La sensación de ser un nómada es muy divertida. De repente estás tomando cerveza por la noche con tus amigos de hostel y sabes que en un rato cogeras un vuelo sin ir a dormir para amanecer en otra ciudad.

Olvidar el móvil por unos días es genial. O al menos mientras que no estés en un hotel conectado a una red Wi-Fi. Eso te servirá para conectar más con el lugar  y la gente que visitas. Cualquier sitio o situación es buena para hacer nuevas amistades. Estamos atontados con el teléfono, yo el primero. ¿Ratos muertos o de relax? Qué mejor que la guia del lugar, un libro o escuchar música. El móvil nos roba vida, y en un viaje es intolerable que nos robe demasiada.

Son dos viajes. Digamos que se hacen dos viajes, uno por el destino que visitas y el otro por uno mismo. Un viaje interior, que no es menos importante que el primero. Ese es el viaje que te cambia. Se gana en perspectiva, debido a la distancia y te ayuda a relativizar todo. Ese ahí donde tu solo, al ponerte a caminar fuera de tu zona de control o confort aumentas tu autoconocimiento y tus útiles vitales. Donde sanamente enfrentas tus fantasmas y abrazas a tus bondades y virtudes y las desarrollas un poquito más cada vez. Ganas en confianza para el próximo viaje o reto y descubres herramientas que ni sospechabas tener, pero te hicieron falta en algún momento y como estabas solo, las tuviste que poner en práctica por necesidad vital. La necesidad es la antesala del cambio.

En este segundo viaje, hay algo que es especialmente hermoso y te llena, o al menos a mi. Conocer cierto tipo de gente con la que compartes unos días o experiencias y se crea un vínculo especial. No siempre sucede, pero cuando ocurre, es pura magia. Viajando todo se vive más intensamente y solo, aún más. Es muy instructivo ver cómo se lo montan algunos sin tener mucho dinero. Personas que están meses de pais en pais. ¡Qúe vidas más increíbles lleva la gente! Poder beber de las hazañas de todos estos viajeros es un auténtico privilegio que por nada hay que perderse. Así entendí que hay tantas maneras de vivir, ¡Que me gustaría poder vivirlas todas!. De repente te das cuenta que tu círculo de amigos a aumentado y que ahora los tienes dispersos por el globo entero. Y que igual te deben una visita a su ciudad, o tu les debes una visita en la tuya. Entonces entras en ese círculo tan bonito, donde no hay destino, sino camino. Por que lo importante, en el viaje y en la vida, es el camino, todo cuanto te encuentras, proyectas y desarrollas en el.

Por todo esto y mil cosas más viajo solo, y sobre todo le recomiendo a todo el mundo que lo haga, al menos una vez en la vida. Invertir en viajar es lo que te hará sentir realmente rico y vivo. Nos ayuda a conocernos y hacernos, a madurar, a disfrutar de nosotros y de los demás con mayor equilibrio. Un paseo, un buen vino, un buen libro, un abrazo, una puesta de sol, una buena conversación, exprimir cada noche y cada día, hablar con desconocidos, comer cosas que no conocías, tomar caminos distintos, perderte y encontrarte, bailar, hablar en otras lenguas o hacer el ridículo y reirte de ti mismo, un reencuentro o una despedida… por estas cosas la vida tiene mucho más sentido. Sentir en todo tu ser la libertad de elegir, de ser el protagonista de tu camino no tiene precio. El mundo se hace más pequeño. La libertad de atreverte a pensar tu vida y como quieres llevarla inspirado en las mil vidas distintas que descubres. Agarrar eso es casi tocar la plenitud. Es tocar la gloria. Perder certezas y ganar en seguridad. Una vez que lo sientas, no podrás parar. Todo esto y mucho más, es viajar solo para mí. ¿Y para ti, o aún no lo sabes?

 
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Publicado por en 18 marzo, 2019 en Viaje, Vivencias

 

No hay mejor espejo que el amigo viejo

Se asomó de nuevo para mirar el tumulto de gente que se agolpaba frente al control de seguridad. Esta vez le vio, con su abrigo rojo. Se notaba nerviosa, más de tres meses sin verse no era poco tiempo. Los latidos se aceleraban. Volvió a asomarse y sus miradas se cruzaron por primera vez. Aún había bastante gente por delante de él y aquella espera se estaba haciendo eterna. Quería tenerlo cerca de ella ya. No podía esperar más, pero el tiempo avanzaba despacio. Decidió caminar unos metros por la terminal y volver al a puerta de salida para rebajar su acelerado corazón. Lo repitió tres veces. Volvió a asomarse y ahí estaba, a punto de salir. Un par de minutos más tarde se estaban abrazando fuerte mientras sonreían. Aquello la trasportó a sus mil recuerdos juntos. Aquel abrazo, aquel olor, la llevaban directa al centro de su ser. Al terminar el largo abrazo se miraron y ella le confesó exactamente lo que le acababa de venir a la cabeza. “Tengo la sensación increíble de que no ha pasado ni un minuto desde que nos vimos por última vez. Como si no nos hubiéramos separado, siempre estas en mi porque eres una parte de mi”.

 
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Publicado por en 9 marzo, 2019 en Narrativo, Vivencias

 

Camino a la estación

El semáforo se cerró para los peatones en el momento que llegaba al paso de cebra. Después de caminar toda la avenida, dejando a su espalda el centro de la capital, notaba las piernas cansadas. En un rato comenzaría a anochecer en la ciudad, pero para cuando la luz del sol desapareciese totalmente estaría alejándose de allí a toda velocidad. Al otro lado de la carretera la Estación Belorussky. Una pareja se paró a su izquierda, después un señor de mediana edad y otras dos chicas jóvenes. Todos absortos y absorbidos de cuerpo y alma por el móvil, a excepción del señor que estaba con unos cascos puestos escuchando música o la radio, quién sabe. Solventando las exigencias de esos aparatos que a menudo nos piden más que nos dan, era perfectamente factible observarlo sin que se diesen cuenta. Parecían no estar ahí. Entonces llegó andando despacio y con mucho trabajo una señora mayor. Totalmente vestida de negro desde los pies, incluido el pañuelo que le cubría la cabeza, portaba una especie de bulto andrajoso de tela hecho a mano y lleno de remiendos con lo que parecían ser sus pertenencias. Era muy mayor, pero pese a su cuerpo curvado y su cara arrugada era capaz de sostenerse y sostener su equipaje. La mirada parecía perdida en la nada. Como los demás, paró en el paso de peatones a esperar. No podía dejar de mirarla.

De repente pasaron dos coches de alta gama acelerando de forma ruidosa que lo despistaron de su observación. Dos críos de mierda, concluyó con desprecio en su autodiálogo. Volvió la cara hacia la señora, que parecía no haberse inmutado. Invisible a todo cuanto estaba a su alrededor. Igual que los que estaban con los móviles, pero evidentemente por motivos muy diferentes. Sintiendo desesperanza y tristeza por aquella mujer. Preguntarle si necesitaba ayuda con sus posesiones parecía ser una buena idea. En cuanto se abriera el semáforo lo haría. Empezaron entonces a abalanzarse decenas de preguntas sobre aquella persona anciana a la que no podía quitar el ojo de encima. Las preguntas se podrían resumir quizá en una o dos. ¿Qué pensaría ella de este mundo donde entre otras estupideces y excentricidades estaban esos chicos que ni siquiera la miraban o la ofrecían su ayuda, o de los que se paseaban la ciudad arriba y abajo con su coche millonario haciendo ruido y su sonrisa prepotentemente estúpida, después de una vida de lucha por sobrevivir, por el pan y la ropa, las guerras y el colapso de lo que fue su país durante setenta años? ¿Cuánto había cambiado ya no el país, sino el significado de la vida? El semáforo se abrió y en ese momento entendió lo evidente. La realidad de la vida siempre se impone, esas son las reglas: siempre hay unas reglas. No podía. No podía dirigirse a ella porque seguramente aquella viejecita solo hablaría ruso y él apenas sabía decir hola y dar las gracias en aquella lengua. Y porque toda cobertura que pudiera hacerle con la bolsa para cruzar la carretera sería costosa y demasiado rara para ella sin un idioma común. Empezaron cruzando casi a la misma velocidad, pero al encarar el último y no corto tramo que quedaba hasta entrar a la estación, ella fue quedando atrás. Jamás pensó que con esa sensación de abandono se marcharía de Moscú en aquella visita que duró un largo pero intenso día.

 
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Publicado por en 18 febrero, 2019 en Narrativo, Viaje, Vivencias

 

Cara al público

Al final de la calle más larga de Madrid esta una tienda de comida para llevar que visito al menos una vez a la semana. Los productos que utilizan son buenos y la comida es casera de verdad y normalmente hecha en el mismo día. Tienen una gran oferta y además menú diario a un precio muy competitivo. Buenos profesionales y gente agradable.

Hace un par de días a la hora de comer pasé por allí para llevarme lo mío. El sitio es bueno y aunque el servicio sea rápido te puede tocar esperar, pero no mucho más de cinco minutos. Pedí mi turno y me puse a esperar mientras observaba al personal. Se aprende mucho observando a la gente si se afina bien. El grueso de los clientes solemos ser gente que trabajamos cerca y también se ven muchos jubilados asiduos que por su condición de viejos, en el buen sentido del término, saben que la calidad precio es difícil de superar en otro lugar.

Hay gente que es demasiado puntillosa y pienso que está relativamente bien ser hasta cierto punto minucioso. Lo que es jodido es ser imbécil, aunque es más jodido aguantar a un imbécil. A menudo es violento el escuchar a uno. Pidiendo había un señor mayor que le podría calcular setenta años o quizá algo más. Era demasiado desagradable en el que y en el cómo hablaba. A medida que iba pidiendo le iba comentando a uno de los chicos que le atendía los fallos de los platos del día anterior etc. Mientras tanto el chico le despachaba con una sonrisa amabilísima.

Al final le pregunta sobre el postre y el señor le indica lo que quiere a la vez que le dice “el arroz con leche necesita mejorar”. Puedo asegurar que esta riquísimamente casero. Sobre lo que pensé en ese momento guardo silencio. Sobre todo, ya que no solo que por ese precio y ese producto es difícil encontrar algo mejor, sino que te permites el lujo de exigir, que lo hagan cien por cien a tu gusto, como si tú te lo cocinaras en tu casa. Y no solo esto, sino que, a todo esto, súmale malas formas y una manera especialmente despectiva de hablarle. Me hubiera costado mucho ser aquel dependiente en ese momento, pero me quito el sombrero después de lo que vi.

Sin retirar ni un segundo la sonrisa de su cara y hablando de manera cuidadosa, le pregunto por qué, he intentó y consiguió que toda esa mierda en cuanto a forma y a fondo que tenía el cliente, terminara siendo un alago para que ellos pudieran mejorar su comida. Así se lo presento al viejo al cual llego a darle las gracias antes de despedirse, tildándolo de cliente ejemplar. Esa dignidad y destreza para manejar la situación la he visto pocas veces. Ese tipo fue demasiado desagradable. En mi cabeza en ese momento ya habría aparecido cualquier fusil de asalto.

Puedo entender que hasta cierto punto el que paga manda. Puedo entender que cuides tu negocio, es decir, a la gente que se deja el dinero allí incluso cuando tienes un mal día. Pero es duro a veces, que aparte de puta te toque poner la cama de una manera tan descarada. He trabajado bastante tiempo de cara al público hace años y tiene muchas cosas muy buenas, pero otras que cuestan un poco más. A día de hoy me tocaría recuperar esa paciencia enorme que se necesita para batallar esas situaciones. Es de elogiar una actitud y una paciencia tal, ademas porque es la opción más inteligente.

Se dice que si quieres hacerte una idea de cómo es alguien de manera rápida, debes fijarte en cómo trata a un camarero. Creo que es cierto la gran mayoría de las veces. En una entrevista, Leo Harlem decía que todo el mundo debería trabajar cara al público mínimo durante un año de su vida. Creo que también tenía razón. Todos seriamos más respetuosos con la gente que se gana la vida atendiendo a un público que puede o no, ser maravilloso.

Por cierto, el sitio se llama “La casona selecta” en Canillejas.

 
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Publicado por en 24 mayo, 2018 en Vivencias

 

Es el mercado amigo

No es mala idea empezar por el corolario del video de Ignatius de la Vida Moderna del que quiero comentar un par de cosas: “Las drogas te vuelven loco, pero no te hacen un hijo de puta”. Todo empieza por la famosa frase de Rodrigo Rato; “Es el mercado amigo”. Doctor en economía, director de FMI, presidente de Bankia y Caja Madrid, ministro de economía y hacienda… Y su reflexión tras ser preguntado por la gestión de Bankia, por los delitos fiscales, tarjetas black etc. es, ni más ni menos… “Es el mercado amigo, esto no es un saqueo”. Brillante. Normal que su vida haya dado pie a una obra de teatro.

Sorprende el descaro con el que se quita todo tipo de responsabilidad con una sola frase, sin despeinarse y de una manera tan miserable. Alguien que, como dice Ignatius, se supone que tuvo que ser responsable de todos los cargos mencionados antes. Pero la clave no es lo que dice, sino el mensaje entre líneas que apareja. Siguiendo la analogía del video, se nos presenta “el mercado” como un ente abstracto y sin gobierno. Como si se tratara de un fenómeno atmosférico que no se puede controlar y manejar o como una suerte de dios utilizando el mismo esquema que hace siglos. Como dice Ignatius se da la paradoja de que nos comportamos contra algo matemático y racional, como si de dioses se tratase. Creo que ese es el triunfo de los liberales que defienden el mercado, pero no la libertad: está claro que alguien sin dinero no es libre en el mercado.

Aceptar el ente llamado mercado como algo así, nos desempodera totalmente. De la misma manera que llegaban tempestades por el enfado de los dioses, ahora llegan crisis por el enfado de los mercados. Recordemos que se ha llegado a tildar a los mercados como sensibles etc., de igual manera que si tuviesen sentimientos… ¡Los mercados! Como dice Ignatius, nos doblegaremos al dios mercado o lo que es lo mismo al dios dinero. Ya que finalmente es el mercado como respuesta a todo por encima de equidad, justicia o democracia.

Dicho lo anterior, la pregunta, al menos para mí es obvia ¿Los que están al mando nos sirven para algo? Independientemente de sus ideas políticas. Es decir, tenemos un sistema hecho por nosotros; matemático, técnico y cartesiano: donde todo se calcula y se formula. Un sistema creado por humanos para humanos y no por ningún tipo de dios, que debería ser una herramienta a nuestro servicio, pero resulta que debemos ser respetuosos a sus caprichos y atenderle, pese a que sea contrario a las necesidades de una mayoría, cuando esto ocurre, para salvaguardarlo. Si la respuesta es el mercado, no entiendo para qué sirve alguien al mando.

La segunda pregunta, vuelve a ser obvia, ¿Es el sistema una herramienta para que nos sea útil a una gran mayoría desde una visión del globo entero, incluyendo asuntos como el cambio climático, o es el sistema un ente al que le debemos sumisión? ¿Y esto, qué sentido tiene? En cualquier caso, la reflexión que se debe plantear es la siguiente: Si tenemos algo, cualquier herramienta que nos ha ayudado durante un tiempo determinado, pero por la naturaleza de la vida y los cambios que se dan, ahora no nos sirve y, es más, nos entorpece, ¿Porque no modificarla? ¿Porque no poner en tela de juicio algunas cuestiones? Todo siempre es mejorable o muy mejorable. No estoy hablando de tirarla u olvidarse de ella. En este sentido creo que debemos ser más prácticos. Nadie tendría ningún artilugio en sus manos que le limite y le coarte.

Por otra parte, otro planteamiento que se da en el vídeo, es que finalmente nosotros somos un elemento más de la rueda mercado. Ya es el punto final de la deshumanización por parte del mercado y del sistema. Ya que el sistema no es que no sea una herramienta a nuestro servicio. Es peor, el sistema nos absorbe como un elemento más de su engranaje para su desarrollo supeditándonos a él. Ya que nos convierte, en productos creados para consumir, en el mejor de los casos. Es el mercado amigo… que le vamos a hacer.

Jamás en la historia humana hubo tantos suicidios. Además, esta tasa es a menudo más alta en los países más felices. Quizá medir felicidad por las tasas de consumo no era buena idea. Cuando se utiliza el término desarrollo, solamente pensamos en desarrollo tecnológico, técnico y económico, pero si no conlleva desarrollo humano y personal no vale para nada. Nos hace peores. No es esta en nuestra naturaleza ya que vinimos a la vida a ser felices y no a consumir.

En cualquier caso, cuando una especie atenta tanto contra su propia vida, significa que algo no está bien. Habría que preguntarse eso también. Algo está fallando. Ninguna especie más que la nuestra atenta contra su propia vida en el planeta tierra.

Finalmente creo que José Saramago tenía razón cuando dijo: “La alternativa al neoliberalismo se llama conciencia”. En el video que me hizo reflexionar sobre esto y que dejo a continuación, Ignatius lo desarrolla en clave de humor.

 
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Publicado por en 2 abril, 2018 en Abstracto, Politica, Vivencias

 

Miedo y asco

He procurado igual que en todas las demás muertes que suceden a diario, sean de niños o no, no prestarle mayor tiempo que el necesario. Más que nada porque en ese caso no haríamos otra cosa. No tengo hijos, pero puedo entender el significado de ser padre o madre. De ver nacer una vida de tus entrañas, de cuidarla y mimarla. De alimentarla y protegerla mientras crece. Y se me hace terrible y ácido imaginar el trance de tener que verlo muerto unos años después.

No tuve información del asunto hasta que saltó la noticia de la muerte del niño y las redes sociales se saturaron, los telediarios lo mismo y los periódicos digitales llenaban sus portales aunque hicieras scroll, con el mismo tema. Se puede entender, obvio. Hay algo que me da especialmente miedo, y es la reacción virulenta de la gente en redes sociales. Como la gente pasea su odio, su bajeza y mil mierdas más sin descaro. A veces a modo de terapia y otras a modo de altavoz. Da cuenta del nivel moral de muchos usuarios que son, detrás de la tecla, o se supone, personas.

La parte del asco, viene como siempre de los oportunistas. De aquellos que no se cortan lo más mínimo en utilizar el momento de calentón del personal para sacar algún tipo de rédito. Esto da cuenta del nivel moral, de nuevo. Por desgracia para nosotros, la sangre, la miseria, la carne, la rapiña y el sensacionalismo han sido bien acogidas por el conjunto. Eso hace que lo más miserable salga a relucir desde los matinales de televisión hasta las intervenciones y votaciones en la cámara de ciertos políticos o personajes mediáticos. Incluso la madre del chico ha señalado a un periodista y su patético oportunismo de una manera educada y elegante además: “Se está presentando como amigo nuestro cuando no lo es. Tengo el derecho a decir que no me gusta”. En cuanto a políticos, no hace falta nombrar a ninguno, se definen perfectamente cambiando de postura o discurso a medida que los acontecimientos se suceden.

Como dije arriba, no he seguido el caso desde el principio. Hay a veces, que por circunstancias que uno puede entender como un caso así llama particularmente la atención y por las redes sociales se expande como la pólvora. Se convierte así en la noticia durante unas semanas. Puedo entender esto perfectamente. Pero a veces urge recordar que en España desde 2012 han muerto más de 100 niños por homicidio. Si nos alejamos un poquito más, en Siria, en lo que va de 2018 han muerto más de 1.000 niños. Por desgracia para todos nosotros, en esta basura de mundo, que hacemos entre todos, se matan y violan criaturas cada día. Si por cada uno de los chicos muertos, ya no en Siria, sino en España, nos arrolla esta ola de odio y basura, la convivencia no es posible. No se puede entrar en un espiral de rencor en ningún caso. Y lo digo entendiendo que hay casos que por determinados elementos llegan más que otros y ocupan emocionalmente el colectivo.

No soy jurista ni pretendo sentar cátedra. Pero si hay algo claro: legislar en caliente es lo menos efectivo posible. Cualquier jurista lo sabe, ya que se hace desde la emocionalidad y no desde la racionalidad. Por un lado porque no se le puede aplicar una ley con efecto retroactivo; lo impide la constitución y el código civil. Por otro porque es irracional legislar desde la emocionalidad colectiva de un suceso como el de una muerte, desde la revancha y desde el odio. No se puede legislar desde la rabia y la mala sangre, debe hacerse siempre desde el estudio y la eficacia de las leyes a implementar. De la mano de profesionales y expertos en la materia, que conocen los problemas y llevan tiempo trabajando en ello. Por desgracia, nada va a restituir a los padres la muerte de un hijo.

Por último, hay algo que sí que creo que debemos reflexionar. Sobre nosotros mismos. No es buena idea dejarnos llevar por sentimientos de odio y cólera y así dar rienda suelta todo tipo de saña. Jamás esto apareja nada bueno. Tampoco lo hace la sangre y la carnaza. El hecho de que alguien este emocionalmente alterado, o colectivamente alterado, no nos legitima para pasear y exaltar odio y menos para defender una postura u otra e intentar justificarla en un momento así. Es obvio que todos estamos en contra de este tipo de cosas. No se entiende como alguien puede hacer daño a una criatura indefensa, pero dejarnos llevar por la visceralidad y la rabia no nos lleva a ninguna aventura buena, sino lo contrario. El hacernos cargo de nuestros sentimientos de ira es importante. De manera interna y externa, ya que nos puede llevar a lugares oscuros y a sembrar un ambiente inhabitable que no ayuda ni resuelve el problema. Creo que es de demasiada bajeza moral justificar la mierda que sale de una boca o de un teclado con tu ira personal.

Me quedo con la reflexión de la madre: “Que nadie hable más de Ana Julia. Que no aparezca en ningún sitio y que nadie retuitee cosas de rabia porque ese no era mi hijo y esa no soy. Que pague lo que tenga que pagar, pero que lo que quede de este caso sea la fe y las buenas acciones que han salido por todos lados y han sacado lo más bonito de la gente. No puede quedar todo en la cara de esta mujer y en palabras de rabia. No quiero que todo termine con la rabia que esta mujer ha sembrado.”

 
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Publicado por en 15 marzo, 2018 en Politica, Vivencias