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No Love

25 Ene

El bar estaba lleno hasta la bandera. Un tropel de mujeres que estaban de despedida lo había acabado de abarrotar. Adrián salió a tomar el aire. No estaba tan borracho como la mayoría de la gente que había dentro y sentía demasiado agobio. En la calle en el mes de mayo se está muy bien, pensaba mientras se apoyaba en la pared del bar y miraba a la gente y respiraba tranquilo el aire fresco. Todavía estaban entrando chicas de la despedida al bar.

Con un falo no pequeño en la cabeza, concretamente en su gorro, salió la novia sola a fumar. Una pausa para separarse de todas las mujeres que ya estaban adentro, eso parecía requerir. Se acercó a Adrián y le ofreció un cigarrillo que el rechazo mientras se preguntaba la razón de ponerse pollas en la cabeza. Le parecía incluso obsceno. 

– ¿Qué tal? ¿Cómo va la despedida?

– Bien… – Respondió entre dientes mientras encendía el cigarro.

– Sois muchas… ¡Habéis llenado el bar!

Se conocían del barrio y Adrián había trabajado alguna vez con el chaval que se iba a casar con ella.

– Si, es una despedida de mucha gente…

– Oye no sabía que te casabas con el Gallego. ¡Enhorabuena!

– Si… Eso parece. – Dijo con un puto entre desdén e indiferencia.

– ¡Qué bien! ¡Me alegro mucho!

Después de las palabras de Adrián hubo un silencio incómodo. Ella dio una calada profunda y larga a su cigarro y expulsó el humo despacio.

– Me voy a casar, pero no estoy enamorada. – Sin pestañear. 

De nuevo el silencio. Adrián no sabía cómo mejorar el mutismo y siguió unos segundos más callado. Se había quedado perplejo ante esas palabras. Ella ni siquiera lo pronunció en tono melancólico, más bien, en un tono que sonaba a rutina. Parecía tener bastante claro lo que estaba diciendo. Aún así no podía dejar de mirar el gorro-polla que llevaba en la cabeza. Ahora le resultaba aún más sórdido.

– Pero… ¿Por qué te casas?

– Bueno, es así. La gente se casa, es lo que hay que hacer en la vida. – Respuesta automática, casi recitada de memoria. 

– Ya, pero… Si no estás enamorada, es fácil que no salga bien ¿No? – Hablaba Adrían reflexivo, casi para sí mismo.

– Bueno… Si tiene que acabar, pues acabará. – Seguía hablando de la misma manera. Tranquila y con todo aquello bien asumido.

De repente salieron dos chicas a buscar a la novia para que entrase al bar. Dos minutos más tarde, Adrián estaba caminando calle abajo dirección a su casa con una sensación extraña. Que dos reyes se casaran para mantener un imperio hace siglos, es un argumento de peso. Incluso que lo hagan familias de gente rica… por según qué intereses, podría tener cierto sentido. Es algo vacío, pero tiene explicación. Pero… ¿Dos pringaos? ¡Qué personas más tristes! Todo eso pensaba mientras llegaba al portal de su casa. De repente vino a su cabeza una imagen. Esos pobres animalitos, que ellos mismos se dirigen de manera ordenada y sumisa al matadero, convencidos de lo que están haciendo.

 
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Publicado por en 25 enero, 2021 en Amor, Narrativo, Vivencias

 

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